Del diario vivir

Esa cosa que llaman “suegra” (1 de 2)

Por Lipe Collado

Las cucarachas, los huevos de gallina, los limones agrios, la palabra suegra y el personaje Suegra son universales. Adonde quiera que usted vaya –he viajado la mitad del mundo, aproximadamente- verá cucarachas, comerá huevos de gallina y exprimirá –y verá exprimir- limones agrios y suegras… porque ellas sirven y dan para todo.

Aunque su imagen ha sido desfigurada por decires –“¡Dichoso Adán que no tuvo Suegra!”-, chistes –el vino más malo es “Vino la Suegra anoche”-, canciones –“cuando se muera mi suegra/la enterraré bocabajo/para si se quiere salir/ se meta más para abajo”. Tatico Enrique-, existe el papel sociocultural positivo de Suegra, cuyo hilo inicial se remontaría al matriarcado y al patriarcado, que se ha entronizado en las sociedades de territorios pequeño y medio y que se diluye –casi hasta desaparecer-en las sociedades de territorio amplio y/o continental.

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Unas son calificadas por el yerno o la nuera como una “segunda Madre”, otras en cambio como “un incordio”

La suegra –la mala y la buena- forma parte del aparataje simbólico de la familia, estructurada o no; y la cultura del suegrato corresponde a una categoría adosada en el país al diarismo matrimonial –o de unión de parejas de hombre y mujer.

En mi ensayo La Suegra en la Sociedad –Cómo sobrevivir a la suegra y a la hija también- llego a la conclusión de que ejerce un papel social eficiente al actuar de acuerdo a las pautas culturales tradicionales con simbolismos de participaciones extremas, por cuanto la suegra es madre, abuela, esposa o viuda, hermana, tía…y generalmente menopáusica o cansada de años.

Desde luego, todas las suegras no son "pim pum" iguales aunque haya una estandarización de su cultura. Su papel, igual que todos los papeles sociales, es elástico como la vida misma con márgenes de variaciones significativas aunque aparezcan contabilizados mentalmente iguales absolutos.

Mi estudio sobre el papel de la suegra en la sociedad me lo inspiró  mi suegra María Zeneida Santana Sosa, “Doña Niña” –tipo “Suegra Sargento”, de esas que no creen “ni en la una y una”-, a la que admiré sobremanera por su entereza y don de gente, con todo y que libramos pulsos, y a quien llevé a vivir con nosotros –desde luego, ella en un anexo de la casa, independiente, por aquello de que “Suegra es alguien que está cerca, cuando debería estar muy lejos”.

Dentro de las funciones de los papeles polidireccionales de la suegra que más admiran los yernos y nueras  están la de su “abuelato”, la de “guardería infantil” regular o de emergencia, la de “guachimana” y de “jueza” entre veces… protectora, “consejera”, madre postiza, etc.; en fin, cumple un papel axial o de eje importante en familias dominicanas.

Por su utilidad funcional la suegra ha perfilado una personalidad social sólida en el país y suele ser aceptada implícitamente, a pesar de su vituperación múltiple de parte de yernos y nueras malhumorados con ellas.

En términos generales las suegras son buenas o malas, hijas de la Virgen de La Altagracia, o hijas de la Gran (…), según sean como personas. Unas son calificadas por el yerno o la nuera como una “segunda Madre”, otras en cambio como “un incordio”.

Y alguien dirá con justa razón que el único error de Noé fue haber metido -“de chiva”- una suegra en su arca, y otro llorará su muerte con una sensación de horfandad espiritual.

…Pero quien yo sé que las está pasando “rubias” –tiene suegra rubia- es mi primo Andrés –“Andrés, el tíguere decente”, para más señas-, a quien no le han valido ardides para “conquistar” a su suegra. La última vez que hablamos por teléfono –intervenido, como es lógico, ya que no soy ni narco ni mafioso- me dijo que ahora entendía al filósofo Terencio cuando, exasperado, dijo:

-Tengo un lobo por las orejas; no sé cómo librarme de él, ni cómo retenerlo.

 

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