Alfonso Reyes salió para Nueva York el día 12 de enero de 1939. Luego de las felicidades que le envía a Pedro Henríquez Ureña le manda su dirección en Nueva York : Consulado General de México en Nueva York, 70 Pine St. También le envía su dirección en México: Córdoba 95.

El 21 de febrero le escribe otra carta desde México informándole sobre cómo fue su travesía:

“Llegué a Nueva York, donde ya me esperaba Manuela, el día 24 del mes pasado, el mismo día en que nació en México mi primera nieta. Permanecí allí unos cuantos días haciendo compras para mi casita, y luego nos fuimos a Washington para hablar con Castillo Nájera, visitar amigos, tomar contacto con los primeros chismorreos mexicanos, con la Unión Pan-Americana y con el Instituto Americano de Derecho Internacional”. (Ver, op. cit. p.409).

AR le cuenta a PHU su travesía por los Estados Unidos y las peripecias que le sirvieron antes de llegar a México D.F.:

“Durante el viaje al Sur, nos detuvimos 24 horas en Austin, para corresponder a una vieja y reiterada invitación de la ciudad de Texas y visitar la biblioteca Genaro García y ver los manuscritos de Icazbalceta que aquella universidad ha adquirido. Ahora quisieran comprar los libros históricos de Genaro Estrada, pero fueron antes adquiridos por nuestra Secretaría de Hacienda, por diligencia de Eduardo Villaseñor. La viuda de Genero Estrada, que acaba de casarse con José Moreno Villa, ha conservado los libros literarios y artísticos. En Nueva York vi a Onís y procuré en vano a Jorge Guillén (Ibídem. pp. 459-460).

Alfonso le informa a Pedro sus encuentros literarios con personalidades del mundo artístico y cultural del New York y Washington:

“En Washington vi a Fernando de los Ríos, a Adolfo Salazar que pronto vendrá a México, y sólo puede comunicarme por teléfono con Pedro Salinas que también volverá a México dentro de unos meses. En la Embajada Española conocí a la hermanita de García Lorca”. (Ibíd).

Pero la crónica no se detiene y Reyes le agrega a su información lo que hay en México en tal sentido:

En México están Díez-Canedo, Lafora, Gaos, Juan de la Encina, Agustín Millares, y otros amigos españoles. Se ha fundado la Casa de España, que está administrando Daniel Cosío. Se trata de organizar conferencias, cursos y publicaciones, pero como de costumbre hay poco dinero. La atención general del país está ya acaparada por el problema de las futuras elecciones presidenciales, septiembre de 1940”. (Ibídem.).

En cuanto a los asuntos editoriales, Alfonso le pinta a Pedro un panorama con variantes en este año 1939: “La Editorial de Victoria Ocampo me ha reiterado su invitación para que dirija platónicamente y desde lejos, una colección latino-americana. Yo creo sinceramente que lo que quieren estos buenos amigos míos es ayudarme un poco, pero no veo el modo de corresponder desde lejos honradamente. Además, las informaciones que tú me has dado me tienen muy indeciso”. (Ibídem.).

El momento latinoamericano en cuanto a edición y a editoriales se presenta difícil no solo en Argentina, sino también en México. AR le cuenta a PHU cómo están también las cosas allí:

“En México, las posibilidades editoriales siguen siendo escasas. Es posible, sin embargo, que arregle yo la publicación de obras completas de Alarcón, como homenaje a su centenario. Esto te lo comunico reservadamente. Para hacer este trabajo, tengo conmigo las copias fotostáticas de las primeras ediciones. Te ruego que me digas cuál sería tu consejo sobre la modernización completa o parcial de la ortografía. Me urge mucho saberlo. Yo pienso que en esa época la lengua está fijada del todo, y que no tiene gran importancia conservar las viejas grafías. Pero tú me dirás lo que te parece”. (Ibídem. Loc. Cit.)

Luego del inciso en torno a la crisis editorial en Argentina y México, AR vuelve a la etapa de su regreso a México:

“Manuela hizo su viaje a Nueva York pasando por Cuba, donde vio a Juan Ramón y a Zenobia, a José María Chacón, etc. En la Habana está Karl Vossler, a quien trato de traer a México. Los trabajos que me agobiaron y no sólo me ocuparon durante los últimos meses en Brasil, me obligaron a suspender mis colaboraciones en La Prensa de Buenos Aires, pero pienso reanudarlas”. (Ibíd.)

Reyes pasa un balance de su regreso a México y su abandono el servicio diplomático por decisiones del gobierno mexicano:

“Ya habrás visto que se cubrieron las plazas diplomáticas de este año, sin contar conmigo, de suerte que me figuro que podré consagrarme aquí a otras labores. Aun no sé nada definitivamente, porque todavía no me recibe el Presidente, que me mandó a llamar. Entre tanto están ya acabando mi casita, especialmente construida para instalar definitivamente mi biblioteca y mis papeles, al lado de la casita de mi hijo, en el barrio Hipódromo-Chapultepec. Será una casa modestísima, donde más bien pasaré yo a la categoría de huésped de mis libros. Canedo y Toussaint la han apellidado La Capilla Alfonsina”. (Ver, p. 461).

El final de esta carta es un llamado a PHU a mantener la colaboración, la relación de amistad, no solo en cuanto a él, sino también con los demás amigos de la Argentina:

“Esfuérzate, te lo ruego, por mandarme noticias que mantengan la relación de nuestros trabajos; encárgame lo que quieras. Esto lo digo para ti, para Amado, Romero y los amigos que tú sabes. No tengo tiempo de escribirle a cada uno” (Ibídem.).

Después de casi un mes, AR le envía otra carta a PHU desde su hogar mexicano, preguntándole por el concurso literario sobre Rodó, sobre el ofrecimiento de la Universidad de Texas y otros asuntos importantes:

¿Qué hiciste con el concurso sobre Rodó, de W. Renien?. ¿Leíste los trabajos? ¿Cuáles fueron tus calificaciones? ¿Qué te pareció?. La verdad es que no deja de ser un testimonio de una época. Acaban de llegarme, retrasmitidos de mil direcciones. Veo que son 13 y no 8 los que él nos somete. Aún hay tiempo de que me des tus indicaciones por aéreo, si me escribes al instante”. (Ibíd).

En la misma concepción de la literatura y de las relaciones intelectuales y profesionales, Reyes le comunica a Henríquez Ureña la propuesta que se le ha hecho desde la Universidad de Texas:

“La Universidad de Texas me ofreció una cátedra bien remunerada y la dirección de un Instituto Latino-americano que se va a crear con el mucho dinero que les sobra, con nombramiento para toda la vida, jubilación y todo. A pesar de que aquí se anuncian sobresaltos político-electorales, no quise aceptar”. (Ver pp.461-462).

¿Cuáles son las razones que aduce AR para no aceptar una oferta de esta naturaleza?. La explicación no se hace esperar:

“No quiero desterrarme, volverme pocho, y sin un instrumento más de absorción de los elementos latino- americano por aquella gente. No quise volver la espalda a mi destino mexicano y a mi nombre. Una cosa es andar en el servicio exterior de México (del que por ahora me retiro), y otra sería aceptar una desvinculación por cuenta ajena. He preferido quedarme aquí, recristalizar aquí, y el Presidente me ha ofrecido una situación modesta pero hermosa: la Presidencia del Patronato de la Casa de España, a la que voy a procurar dar verdadera vida, conservándole su carácter de centro universitario y de investigación científica, y derivando hacia Educación Pública a los maestros secundarios y personas de menor categoría que hay que asilar, pero que la desvirtuarían. (Ibídem. Loc. cit.).

Toda la explicación que le ha dado AR a PHU está ligada a su nueva vida cultural y la lucha por una institución cultural fuerte. De ahí que Reyes espere la opinión o aprobación de Henríquez Ureña:

“¿Apruebas lo que he hecho? Aquí es puesto de combate y lucha, pero no me absorberá mucho tiempo. La mochería nacional está envalentonada con el funesto ejemplo de la nauseabunda Europa. No importa. Quiero vivir mi lucha. Algún día debía yo concentrarme en lo mío”. (Ver, Ibídem.).