Las horas de escritura invertidas por Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, supone un trabajo epistolar que, como ya hemos destacado, conforma una obra y un marco doble de autoría.  Tal y como pone en evidencia el editor y erudito José Luis Martínez en Alfonso Reyes-Pedro Henríquez Ureña.  Correspondencia 1907-1941, Fondo de Cultura Económica, México, 1988 (2004):

“Henríquez Ureña era más escribidor que Reyes.  En este lapso, escribió con imperturbable caligrafía que nunca parece apresurada, 60 cartas, en 358 páginas, en la transcripción; mientras que Reyes escribió 53 cartas en 235 páginas con una grafía que gustaba de los enlaces entre palabras y de las abreviaturas, como para alcanzar con la escritura su pensamiento.  Un breve número de cartas la escribieron en máquina.” (Op. cit. p.38, Introducción, 1907-1914).

La aseveración del historiador, editor y escritor mexicano cobra valor al verificar en los originales que:

“Las cartas más extensas suelen ser de Henríquez Ureña, quien llegó a escribir más de 30 páginas en el original, por ejemplo en la carta 46; y Reyes llegó a 24 páginas en su carta 91.  Esto supone muchas horas de escritura. Debe considerarse que escribían además muchas cartas, aparte de su propios trabajos literarios, y que no contaban con secretarias ni existían aun las beneméritas copiadoras.” (Vid. pp. 38-39)

Es importante señalar en la misma línea apreciativa y curiosa de José Luis Martínez que estos intelectuales se “carteaban” con familiares, amigos, escritores y otros interlocutores.  Lo que quiere decir que el tiempo dedicado a las cartas, al trabajo educativo, editorial y a las reuniones institucionales y culturales, lo perdía la propia obra literaria.  Reyes y Henríquez Ureña mantuvieron por años comunicación epistolar con muchas figuras de las letras hispanoamericanas; todo lo cual implica una dedicación en tiempo y espacio.

Pero la correspondencia diplomática y literaria de Reyes con escritores e intelectuales fue más vasta que la de Henríquez Ureña.  (Véase las notas 1, 2 y 3 de la Introducción (pp. 9-10, op. cit.)

Como lo ha explicado en detalle José Luis Martínez, es lógico que faltan muchas cartas debido a los accidentes que se producen en un momento dado de la comunicación epistolar (pérdidas circunstanciales, extravíos del correo, mudanzas, cambios de direcciones, cambios de estadías en países, dificultades de transcripción de los manuscritos originales y otros fenómenos).

De ahí que el Epistolario íntimo no esté completo, pero que sobre todo no esté publicado con las debidas notas explicativas ni los reparos editoriales propios de ese tipo de edición.  El editor mexicano parece reprocharle a los encargados de edición del Epistolario, el olvido de lo convenido cuando se proyectó la publicación para el Fondo de Cultura Económica de México.  Señala José Luis Martínez que:

“No fue parte pequeña en esta temeraria determinación el orgullo nacional. Cuando convinimos los planes de intercambio, hablamos de “ediciones simultáneas” y el señor De Lara daba por descontado que la del FCE sería la internacional y más elaborada, y la que apareciera primero.  Sin embargo, no fue así.  Con pies de imprenta de 1981 y 1983, en la editorial de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, de Santo Domingo, R. D., han aparecido ya los tres tomos del Epistolario íntimo, de Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, con la totalidad de esta correspondencia, que infortunadamente muy pocos habrán logrado conocer, fuera del ámbito antillano.” (Ver, p. 34)

Martínez, sin embargo, precisa el valor de la edición dominicana del Epistolario íntimo; pero señala límites y sombras de la edición dominicana:

“Esta edición representa un esfuerzo importante realizado en un tiempo breve.  Sin embargo, creo que sigue siendo necesario, con más reposo y dedicación, intentar otra edición que procure dar todo su valor a la excelencia del testimonio de nuestros escritores eminentes.   La edición dominicana es una selección que a menudo omite los pasajes eruditos o difíciles y aun cartas enteras; la transcripción es a veces apresurada y el aparato de notas mínimo.  A pesar de estas limitaciones, se hizo la edición dominicana, y México debía aún este reconocimiento a Alfonso Reyes y a Pedro Henríquez Ureña en el Centenario de su nacimiento.” (Ibídem.)

Las observaciones críticas que le hace el bibliógrafo, historiador y editor mexicano al Epistolario íntimo tiende  a la mejora del mismo, sobre todo si existe el espíritu crítico para completar ciertos problemas y límites de tal publicación.  Una reedición del Epistolario íntimo debe tener en cuenta los señalamientos que le hace el intelectual mexicano a la edición dominicana publicada por la UNPHU.

Hemos visto cómo los valores estéticos, críticos, literarios, documentales, estilísticos e informativos del Epistolario… conforman un Corpus-fuente y una materia testimonial de gran alcance cultural, literario e histórico.   El tratamiento de la información por parte de los dos protagonistas del mismo, induce a la investigación de asuntos, problemas editoriales, literarios y hasta diplomáticos de Hispanoamérica y sus naciones.

En efecto, sobresale una práctica tendente a construir y reconocer núcleos de la tradición y la ruptura en el mundo cultural de toda la América continental.

Todos los pasajes memoriales del tercer Tomo del Epistolario… tienden a la reafirmación de motivos, prácticas humanísticas, editoriales, educativas e institucionales.  Sabemos, por la rica obra de Alfonso Reyes respaldada por PHU lo que este le debe a la guía espiritual, literaria y formadora del dominicano.

La obra de Reyes está  ligada a las ideas humanísticas del primer Henríquez Ureña y sobre todo a las  orientaciones estético-literarias que asumieron en la etapa de 1907-1940.  La amistad que por mucho tiempo sobrevivió a las mudanzas o desplazamientos a ciudades, países, continentes, cosechó frutos importantes y un alumnado que continuó la creación literaria, la teoría y la crítica literarias asumidas mediante el estímulo de la experiencia literaria que le era común a la mayéutica y la dialéctica de ambos maestros de las letras hispánicas.

Los diversos epistolarios escritos por PHU y AR con diferentes amigos y personalidades de las letras iberoamericanas, continúan en iguales y diferentes vertientes de lo literario y cultural.  El hábito de escribir de estas dos personalidades nos indica la aplicación a un tiempo y un espacio de la producción literaria. Tanto el primero como el segundo, pasaron casi toda su vida escribiendo cartas sin respetar padecimientos ni enfermedades.

Sería imposible establecer un Corpus completo del conjunto epistolar inmenso de estos dos autores. Lo cierto es que una investigación puntual de las cartas recibidas y enviadas por ambos a destinatarios ligados a diversas circunstancias o distancias geográficas sería un aporte estimable para el conocimiento de América y su literatura.  El análisis de contexto de un corpus significativo, pero incompleto, induce a la investigación y a la información literaria y cultural perteneciente a décadas que conforman la producción literaria en su diversidad.