Opinión

En el borde del precipicio, “y e pa’ lante que vamo”

Por Gustavo Ariza Matos

La naturaleza amable y perseverante de los dominicanos me ha llenado siempre de orgullo y admiración. Cuando queremos algo, hacemos lo imposible para lograrlo. Esta fuerza, esencia de nuestra dominicanidad,  lamentablemente la hemos ido perdiendo.

Cuando los trinitarios fundaron esta gran nación, nuestra pelea por la libertad fue exitosa. Después de ese histórico Febrero, esa libertad, producto de sangre y sudor, se ha visto amenazada numerosas veces.  Los dominicanos, sin embargo, nos hemos mantenido victoriosos.

Hoy día, esta libertad que tanto trabajo nos costó conseguir,  que con tanto ardor hemos defendido, nuevamente se ve amenazada. Y hoy digo “soy dominicano” sin el orgullo de antaño.  Esta vez, y lo repito con dolor en el alma, nuestra libertad es puesta en riesgo por aquellos que están supuestos a luchar por ella: nuestros líderes.  Triste realidad.

Me atrevo a decir con certeza que la gran mayoría de nuestros políticos hoy practica la corrupción.  El más reciente y grave crimen de estos “ladrones con corbata” es la controversial reforma fiscal. Después de gastar por años el dinero que nosotros, los “inversionistas” de esta empresa, pagamos para contar con una sociedad civilizada y progresista, hoy quieren hacernos pagar la fiesta en la que ellos bailaron y a la que a no fuimos invitados.

No se sabe a ciencias ciertas adonde fue a parar este dinero, un fondo millonario que  nuestros “líderes” gozaron en forma de viajes, simposios, carros, apartamentos y mil lujos más. Repito: yo no gocé en esa fiesta. No bebí, no comí. Sin embargo la factura, como a ustedes, dominicanos y dominicanas, me toca pagar.

El Banco Central anuncia un crecimiento mayor año tras año y nuestro pequeño país tiene la segunda economía más grande del Caribe pero, tristemente, más del 25% de la población dominicana despierta con el estómago vacío y viviendo en los niveles más bajos e indignos de la pobreza.

Entonces pregunto ahora, ¿Cómo puede ser que a un pueblo hambriento se le robe su futuro y la nación muera lentamente en silencio? ¿Cómo puede ser que nuestros líderes, en quienes depositamos nuestra confianza y nuestro bienestar, abusen del poder y queden libres con las atrocidades que han cometido y siguen cometiendo? ¿Cómo puede ser que se haya vuelto normal para nosotros ver madres caminando por las calles con tanta carga de dolor y tristeza en sus miradas? Tanto nivel de insensibilidad no soy capaz de comprender.

Somos la segunda economía más grande del Caribe (una bullita, por favor) pero también somos la nación más corrupta.  ¿Es esto libertad? Ciudadanos sin educación, sin salud, sin transporte público. Ciudadanos desamparados, porque el gobierno quita mucho y cuando da es de a poco.

No hay recursos, dicen. Y la sangre me hierve.  El problema no es la falta de recursos. El problema es la mala administración de estos recursos. Por eso, que el gobierno ahora reciba mayores ingresos no nos ayuda en nada. Al contrario: ahora es que vamos a estar jodidos.  Y mientras tanto, los titulares de los noticiarios se llenan de asesinatos, violaciones y robos.

Aunque los que forman parte de nuestro gobierno cargan con un gran saco de culpa, sería estúpido decir que solo ellos son los malos de la película. Nosotros cargamos parte de la culpa también. Quien calla en presencia de injusticias de este calibre es casi tan culpable como el que las comete.

Como dice la famosa politóloga Rosario Espinal: “Somos Pariguayos gobernados por Sabelotodo”. Ella lo puso suave. Yo diría que somos unos verdaderos pendejos.

Los líderes de una nación tienen tanto poder como sus ciudadanos le permiten. Nosotros abrimos la boca para quejarnos, pero no movemos el cuerpo para actuar. Tanto es así que la frase “el jodio gobierno” me suena cada vez más a cliché.

Entonces, dominicanos y dominicanas, ¿qué vamos a hacer para cambiar esto? Sencillo. Dejar a un lado nuestro silencio.  No permitir más irrespeto a nuestra Constitución. No bajar la guardia por el simple hecho de que nos hayan aprobado el tan anhelado 4% para la educación.  Seguir vigilantes. Cómo se invierte ese 4% es la tarea ahora. Tenemos una economía mucho más vigorosa que la de Haití  pero estamos seis puestos por debajo de ellos en educación (de 144 países somos el último).

Como dijo el diputado José Paliza: “no puede haber una reforma fiscal sin antes haber una reforma moral”. Tenemos, todos, que demandar y exigir justicia. Hay una frase que nos va como anillo al dedo: “el que no quiere a su Patria, no quiere a su madre”, y yo creo firmemente que es nuestra obligación como dominicanos dar la pelea.

¿Nos están tratando como indios?  De acuerdo, somos indios. Pero que no se quejen cuando les lleguen las flechas. Que si caemos, caeremos peleando.

A nuestros líderes hay que recordarles y demandarles que su rol es servir, no servirse. Y mostrar cero tolerancia a la corrupción.  No podemos dejar que secuestren nuestra bandera.

“Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente, y servil.”

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