Sabemos  sobre nuestras fiestas  de  diciembre, las  que envolvemos con tanta pasión, que tienen su origen en  la antigua costumbre   romana de celebrar el nacimiento anual del dios sol.Aunque,  ¿quién sabe si  la cena de navidad  que adoptaron los cristianos proviene  de aquella  tradición judía por  la conmemoración de la salida de Egipto que marca el nacimiento del aquel pueblo?

Lo que sí es cierto es que  la noche buena la disfrutan  agnósticos y  demás para encontrarse con diversas formas de cordialidad  por el  ambiente que propicia la misma  naturaleza  en esa época  de placenteros  cambios de clima.

Solemos comer en grupos con invitados a  la casa y  algunos convertimos la  ingesta  en excusa para tener motivo de conversación que estrecha los lazos afectivos entre los comensales.

Esa fue la experiencia que tuvimos los  que pertenecemos a  una vieja congregación en una de estas agradables noches que envuelve el ánimo de la época. Es el  grupo que   desde hace muchos años  conforma el taller de arte  que llamamos Cuquito Peña,  porque fue iniciado  en el estudio  del autor de este escrito.

"Es que  no te has convencido que esta calle ha envejecido. Ya no hay  niños"

Los que  nos reunimos fuimos invitados por Rita Durán que es miembro estimado de aquella vieja cofradía.  Recibimos la invitación para cenar en  su  casa que  es la  de su marido el Maestro  Jesús Tellerías,  quien es sociólogo y pasado director de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Como toda comida de esta índole, en que los de la casa han invitado a sus amigos, esta fue tan placentera por las exquisiteces y  también fue excusa tanto  para la avenencia  como por el cambalache de impresiones y comentarios.

Aunque sabemos que este  grupo nuestro ya ha envejecido, la evidencia es que uno  de sus integrantes emblemáticos, el Arquitecto Esteves Weber, falleció hace algunos años. Algunos de los participantes que fueron mis alumnos en una que otra universidad privada o la del Estado, o en  escuelas de arte,  son ya profesores de las mismas.

En los años noventa  se nos ocurrió la exposición de los ejercicios que solíamos hacer para presentarlos a un público escogido entre  parientes y amigos cercanos de los participantes.  Recordamos en casa del Dr. Tellerias  la exposición pública  que realizamos en un desaparecido Hostal de la calle Las Damas.

La época nos sirve para la reunión de quienes  se aprecian con el fin de mostrarse en ese modo afectivo y sentirse bien, sin ningún otro motivo.

Días más tarde de aquella  cena en casa de Tellerias,  visitaba yo la casa de  mi hija y  le oí decir cuando  le hablaba a su marido sobre la vieja calle en que ellos viven. "Es que  no te has convencido que esta calle ha envejecido. Ya no hay  niños".