Muchos amigos embajadores, académicos e internacionalistas, son partidarios de que la República Dominicana tenga más “concurrencias” y menos Misiones permanentes en nuestro Servicio Exterior, no obstante, yo creo todo lo contrario.
Si asumimos lo que dijo el presidente Danilo Medina en su discurso de toma de posesión con respecto a la Política Exterior y su ejecución, de que habrá “racionalización del servicio exterior dominicano”, y que se apoyará en “recursos humanos que habrán de convertirse en agentes de oportunidades”, que en vez de ser una carga para el Estado, procurarán recursos, inversiones, oportunidades de negocios, intercambios científicos y culturales, lo que tenemos que hacer no es cerrar Misiones Diplomáticas y Consulares permanentes, sino abrir más.
¿Por qué? Se preguntará usted, ¿no se supone que racionalidad significa tener menos gastos en Misiones permanentes? No, es mi respuesta. Porque a la racionalidad a la que a mi entender, se refiere el Presidente, es a la de evitar exceso de personal, que no trabaja, que es una traba para los que sí trabajan en nuestro Servicio Exterior. Una Misión Diplomática y/o Consular que puede funcionar con 3 o 5 personas idóneas, honestas, capacitadas, que entiendan la responsabilidad que tienen, que conozcan lo que se establece en los artículos 3 y 5 de las convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares respectivamente, no tiene por qué tener 10, 20 o 40 miembros, que sí son una carga para el Estado y peor aún, una vergüenza, porque usan el tráfico de influencia, las inmunidades para hacer negocios personales con el nombre del Estado.
Gana más la República Dominicana, teniendo una Misión Diplomática y/o Consular abierta, permanente, que funcione en base a la racionalidad, la ética, cuyo personal se escoja de acuerdo a la meritocracia, no como ha sido en gran parte hasta ahora, que mal funcionan con un personal que en cantidad y calidad, no es consecuente con una Política Exterior, que sea la proyección del “Interés Nacional”.
Con los casi 5 mil millones que en el presupuesto para este año fiscal 2012 se asignaron al Ministerio de Relaciones Exteriores, más los beneficios que podrían reportar algunos consulados bien administrados, es más que suficiente para que haya una presencia global de la República Dominicana, para proyectarnos como “Marca País” y para, en la medida de nuestras posibilidades, jugar un papel más importante en el escenario político global.
Mi recomendación, es que por lo menos en Asia-Pacífico, nuestro país abra embajadas permanentes en Australia, Indonesia, Vietnam, Filipinas, Singapur, Tailandia, Malasia, Turquía, pero sobre todo, en el Líbano.
El Líbano, es un país ubicado en Asia occidental, Medio Oriente, con una rica cultura, una historia de aportes significativos a la humanidad, no obstante, lo más importante, y por lo que creemos debimos haber tenido hace mucho tiempo una Misión Diplomática y/o Consular permanente, es por la relación que en la práctica existe entre nuestros pueblos.
La migración libanesa comenzó a llegar a la República Dominicana a finales del siglo XIX y es hoy, la migración árabe mayoritaria en nuestro país. De acuerdo a Elvis Alam, que es Asociado del Lebanese Emigration Research Center (LERC), miembro de la World Maronite Union y presidente del Club Libanés-Sirio-Palestino, “la presencia de nacionales libaneses y de dominicanos de esa descendencia hoy día se estima en más de cien mil”, y agrega que “existen más de cinco mil dominicanos y de origen dominicano en el Líbano”.
Pero lo libaneses en la República Dominicana no sólo representan cantidad, sino calidad. Apellido como Abud, Achecar, Acra, Abraham, Abinader, Asmar, Azar, Acta, Alam, Alma, Attias, Arbaje, Antún, Abdalah, Baba, Badía, Bassa, Bichara, Canaán, Caram, Chahín, Chaljub, Cury, Dargam, Dájer, Dip, Elmúdesi, Esmurdoc, Ega, Elías, Fadul, Feris, Hasbún, Harb, Haché, Hazoury, Hazim, Helú, Herrera, Howley, Ibrahim, Isa, Isaac, Jacobo, Jorge, Kasse, Kourieh, Kury, Mahuad, Majluta, Mafout, Malek, Musa, Mustafá, Melgen, Morales, Najri, Nahum, Nicolás, Raful, Ramia, Risi, Risek, Rizik, Salomón, Sahdalá, Sued, Subero, Scheker, Tactuk, Tonos, Wessin, Yapur, Yaryura, Yarull, Yeara, Yermenos, Yunén, Zaiter y Zaglul, por sólo mencionar algunos, son libaneses que se han destacado en la República Dominicana, en la política, los negocios, la medicina, los deportes.
Todos tienen su ascendencia allá en el Líbano y la mayoría mantiene el lazo. No obstante, un libanés que quiera viajar a la República Dominicana, si no tiene visa de los EEUU, necesita visa dominicana, la cual se hace difícil conseguir, peor aún, un dominicano allá no tiene facilidades ni para renovar sus documentos, como el pasaporte. Con estos asuntos resueltos, estamos seguros que la presencia libanesa y dominico-libanes, como inversores, empresarios y turistas, aumentará significativamente en nuestro país.
Aunque no se le ha prestado la debida atención, porque ni siquiera una feria empresarial, turística o de negocios, ha tenido la República Dominicana en el Líbano, es uno de nuestros principales socios comerciales en el Oriente Medio, con un gran potencial.
El Embajador dominicano en Qatar, Hugo Guiliani Cury, es Concurrente en el Líbano desde junio de 2009, lo cual es un avance, no obstante, la República Dominicana gana más abriendo una Misión Diplomática permanente allá, con un personal razonable en cantidad y calidad, que asuma además los asuntos consulares. En la misma comunidad dominicana de ascendencia libanesa, existen cientos de hombres y mujeres con méritos sobrados para asumir esa responsabilidad.
Le aseguro Presidente Danilo Medina, que con esta iniciativa, usted estará reconociendo el aporte de una comunidad tan importante y meritoria como la libanesa en nuestro país, pero además estará dando pasos concretos hacia una Política Exterior a tono con el nuevo orden mundial y con sus prioridades nacionales.