La desaparición del liderazgo tradicional que había hegemonizado la vida política por más de medio siglo, suponía una gran tragedia para la sociedad dominicana. Los grupos económicos, religiosos y, uno que otro sector político no lograban asimilar y conciliar el sueño ante la posibilidad de asistir a una coyuntura político-electoral sin Juan Bosch, Peña Gómez, Jacobo Majluta y Balaguer, los presagios sobre su desaparición traían consigo la terrible angustia, el anuncio y la fatídica escatología de un gran tormentoso vacío de poder.
La vida política dominicana era impensable y no se concebía sin Bosch, Peña Gómez, Majluta y Balaguer. Los analistas políticos dominicanos movidos más por el deseo subjetivista que la razón eficiente, establecían que en el país no se había forjado un liderazgo con la suficiente madurez, autoridad y dimensión como para remplazarlos y, su hora era fatal y próxima. La visión personalista y Caudillista de los antecesores, según ellos, no había facilitado la transición y el surgimiento de un liderazgo joven y renovado que hiciera contraste con la vieja, anquilosada y desfasada visión, era la tesis de los hijos de Marta Harnecker y los movimientos sociales, para referirse a los que ellos denominaban envejecidos y ancianos lideres; juicios estos, que nunca tuvieron validez y aplicación política y social para el maestro de la democracia dominicana Juan Bosch, la historia y el tiempo lo han probado.
Este próximo 20 de mayo, el país asiste a la tercera convocatoria electoral con la ausencia absoluta del liderazgo tradicional. En 1996 solo estuvo Peña Gómez símbolo de la nobleza política, todos los demás ausentes. En el 2000 solo se presentó el más nefasto del liderazgo tradicional y de trágica recordación, Balaguer. A partir del 2004 los actores han sido totalmente diferentes y, emergen nuevos jefes políticos de las estructuras heredadas de Juan Bosch, Peña Gómez, Majluta y Balaguer.
La desaparición de estos cuatro líderes suponía con ello la muerte de un modelo y estilo de hacer política apoyado a juicio de estos analistas del patio en el clientelismo, transfuguismo y un caudillismo autoritario. El “joven” liderazgo naciente anunciaba la apertura hacia la modernidad, el consenso y respeto a la libertad de nuevas corrientes de pensamientos de orientación liberal cuyos fundamentos éticos serían la competencia y la meritocracia. Pero, el joven renovado liderazgo en proceso de envejecimiento ya, ha decidido y hecho opción por seguir cabalgando en las mismas monturas y con mayor degradación moral que la que ellos atribuían a sus antecesores: más clientelismo, corrupción desbordada, un espantoso transfuguismo y un caudillismo que ralla en tiranía orgánico partidaria. Tiranía orgánica en la que se advierte a quien ose cuestionar y criticar estos vicios políticos, sobre todo el neo caudillismo liberal, ser víctimas de la Guillotina parlamentaria, en la que se recurre al centralismo democrático para justificar la expulsión sin miramiento u ostracismo partidario de por vida .
En la concepción del neo caudillismo y, de esta manifestación de nuevo y joven liderazgo no existe el Partido como tal. Para estos nuevos jefes el funcionamiento partidario es un obstáculo, el revivir doctrinas resulta ser un problema y reclamar ideologías es una pérdida de tiempo que hace disfuncional el negocio; razones estas por la que se cierran los locales partidarios y se establecen en su lugar Casas Presidenciales con ventanillas únicas para garantizar la operación del mercado electoral.
A estos nuevos lugares, casas presidenciales, ya no acuden militantes y dirigentes, como indicaba la disciplina , con diferencias o puntos de vistas encontrados; sino, comerciantes con cargas de ofertas y exigencias, ¿“del yo te doy, y tú, qué me das”?, en estas casas o centros de amarres, se hacen rebajas, se sube el precio y se adelantan pagos para la cosecha de votos y dignidades del mercado electoral del próximo certamen del 20 de mayo del 2012. El mayor consorcio o cartera financiera del negocio político lo constituye la forma de operar de la propia Junta Central Electoral, la misma solo se limita repartir financiamientos y arbitrar su rentabilidad, y beneficios.
Si el desafío es construir la democracia; así, no se construye “la democracia real” de Pericles y Grecia, de Roma y Marco Tulio, de Thomas Jefferson y América, de Juan Pablo Duarte, Gregorio Luperón, Juan Bosch, Peña Gómez y Quisqueya.