Educación y Democracia

El voto preferencial: la fiebre no está en la sábana (dos de dos)

Por Francisco Alvarez Valdez

En el artículo anterior analizamos tres de los pecados capitales que se le adjudican al voto preferencial  (propicia el clientelismo, favorece al que tiene dinero y genera un lucha encarnizada entre miembros de un mismo partido), y en esta segunda y última entrega haremos lo  propio con otros dos.

4. El voto preferencia perjudica a la mujer pues no es posible aplicar la cuota femenina.

El sistema de cuota es una acción afirmativa a favor de la mujer que deberá continuar presente hasta que las indiscutibles barreras que le afectan desaparezcan. Las reglas vigentes sobre la cuota femenina deben revisarse para lograr mayor efectividad, pues en las elecciones previas al voto preferencial, las del 1998, solo se logró una participación femenina de 16.1% en la Cámara de Diputados. En las siguientes dos elecciones, ya con el sistema del voto preferencial, el porcentaje se mantuvo igual en las de 2002 y subió a 19.7% en las elecciones de 2006.

¿Qué ocurría antes del voto preferencial? Los líderes de los partidos utilizaban el dedo para colocar a sus favoritos en los primeros lugares de las listas de candidatos a diputados en  la boletas de votación en boletas cerradas y bloqueadas, de tal forma que solo los que estaban en los primeros lugares tenían posibilidad de salir. ¿Y adivinen qué? En esos primeros lugares de las listas la gran mayoría eran hombres. Por eso, antes de las cuotas y del voto preferencial, el porcentaje de participación de la mujer era todavía más bajo (12.5% en las elecciones de 1994).

La solución no es eliminar el voto preferencial sino mejorar el sistema de cuota de tal manera que se garantice que existirá una cuota mínima no solo de candidatas sino también de diputadas y regidoras electas. Podrán alegar que se podría discriminar entonces a los hombres que saquen más votos para poder dar cabida a las mujeres. Pues bien, en eso consiste precisamente la acción afirmativa, que también se conoce como discriminación positiva, mecanismo que acaba de ser declarado conforme a la Constitución por el Tribunal Constitucional (ver sentencia  TC/0159/13) al señalar que “la cuota mínima de candidatura femenina constituye una acción positiva orientada a promover el aumento de una participación real y efectiva del género femenino en los cargos de elección popular”.

La cuota femenina es el reconocimiento de que no existen las condiciones para que la mujer pueda competir en igualdad frente a los hombres en una sociedad como la nuestra, esencialmente machista. En consecuencia, debería darse otro paso y legislarse para que sean escogidas las mujeres más votadas en un número mínimo que permita completar una cuota de mujeres electas y no como ocurre actualmente, que la ley dispone la cuota pero solo para las candidaturas y no para las posiciones de elección, como debería ser si se quiere que el sistema de cuota sea verdaderamente efectivo en el propósito que persigue.

5. Se fomenta el caudillismo y la acción individual.

Se alega que el voto preferencial fomenta el individualismo, el personalismo y por tanto favorece el sistema caudillista, pues el candidato muestra a los electores su programa y no el de su partido, promueve su propia imagen y no la de su partido.

La realidad es que un candidato a diputado o a regidor debe promover dos programas: el que interesa directamente a la circunscripción que pretende representar en la Cámara de Diputados o en la Sala Capitular, y el de su partido en temas de interés general. Es muy difícil que el programa de gobierno de un partido incluya aspectos que solo pueden interesar a una pequeña comunidad. Eso corresponde a los candidatos locales, no nacionales.  Y es correcto que así sea pues las necesidades de cada comunidad pueden ser diferentes unas de otras.

A los partidos y a sus candidatos les toca ponerse de acuerdo para evitar que la campaña de un candidato pueda dañar la campaña general de un partido y tiene que existir un régimen de consecuencias cuando un candidato viola las disposiciones aprobadas por un partido. Cualquier acto de indisciplina debe ser de la responsabilidad del candidato y de su partido, pero sería muy injusto echarle la culpa a los electores sobre la base de que eso es lo que ellos quieres escuchar.

Lo que se busca es acercar los candidatos a sus electores, que los puedan conocer cabalmente, que puedan determinar si pueden confiar en ellos. No se trata de confiar en lo que haya decidido el partido, porque entonces volvemos a lo mismo: no se tiene en cuenta a quienes no somos miembros de los partidos y votamos en cada elección por aquellos que más nos convencen.

Cuando se aprobó el voto preferencial por resolución No. 5 del año 2001, se limitó su aplicación a la elección de los diputados, con la intención de extenderla después a los regidores. Se reclamaba entonces que también se eliminara el arrastre que se produce del senador, para permitir que el elector pudiera votar, si así lo decide,  por el senador de un partido y por el diputado de otro. ¡Estábamos soñando! Tanta libertad no era posible.

La realidad es que existen  varios aspectos que deben mejorarse en la reglamentación del voto preferencial y lo que existía se veía como el inicio del camino. Pero la forma en que se hace política en nuestro país se ha interpuesto en el desarrollo del voto preferencial sencillamente porque darle más libertad a los electores implica un sacrificio de parte de nuestros líderes pues se reducen sus poderes, sobre todo aquellos que se ejercen con el dedo.

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