Opinión

El último tango en parís

Por Enmanuel Peña

Ciertamente para el cine es necesario un ejército, Welles aunque simple no estaba equivocado. Aburrido pero cierto. Otras artes significativamente más complejas no dependen tanto de la conjunción de elementos y de la tecnología (nótese lo alejado de la etimología) pero aun así es arte digno de estudio. El director no es dios, el guionista no es el evangelista, el director de fotografía no es artista, pero la obra es el todo.

Hermanos míos hay impuros que hablan del “universo interno” una blasfemia sin lugar a dudas: el universo no es contenible, pese a lo que diga la mecánica cuántica. Aclarado ese punto, siglos atrás, puede estudiarse la obra más allá de nuestra propia y miserable realidad.

La película en cuestión es por obligación un hito para generaciones pasadas y cineastas actuales (que sino que le pregunten a Tarantino) y no por sesgos estúpidos de “todo tiempo pasado fue mejor” sino por razones técnicas medibles y comparables en cualquier época. Hay que notar que no es una obra maestra, no todas sus partes son admirables; el guion, por ejemplo, está bien, bien y punto. Bueno, debe estar claro que no todo hito debe ser una obra maestra, aunque debiera.

Lo que sí es destacable y a su vez es la razón de este ensayo es el lenguaje cinematográfico, un concepto completamente abstracto que mucho tiene que ver con la dirección fotográfica que en este particular caso sí es un artista o cuando menos un maestro de la composición (cosa poco usual en nuestros días).

Cuando la vi, hace ya un buen tiempo alguien muy cercano (y harta de mis constantes comentarios) me pregunto  “¿y hasta eso uno puede predecir (quién va a hablar), en el cine?” Sip uno puede predecir eso si está atento. Las señales en el cine, como en todo organismo vivo, son sutiles pero exactas. El lenguaje cinematográfico es, como lo dicho anteriormente, un asunto abstracto pero no tanto por su complejidad sino más bien por la falta de ganas de darle una definición precisa al termino, pero no deben avergonzarse de esto los críticos de cine porque incluso en la literatura paso mucho tiempo sin definirse ciertos conceptos claves, como lo es todavía el concepto poesía…

En la película en cuestión colmada de escenas verticales uno tiene tres posibles eventos: 1ro el punto de interés fotográfico siempre estará en la esquina superior derecha de la pantalla (numero áureo). 2do de no ser la 1ra se efectuará una dualidad taoísta donde se oponen (hombre y mujer) dos personajes centrales, al menos en ese momento. 3ro la acción en segundo plano absorbe la atracción visual y el dialogo en primer plano.

Vuelvan a verla, amigos míos, a muchos escritores les falta recordar “tonterías” como el lenguaje cinematográfico y a muchos cineastas les falta entender que la literatura no usa elementos cinematográficos sino lo contrario.

 

 

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