El año 1986 marca el regreso al gobierno del ala conservadora del trujillismo político. Pero antes de abordar los acontecimientos posteriores a esa fecha, y para comprender mejor los mismos, se debe estudiar un grupo que, liderado por Juan Bosch, surge en 1973 y se desarrolla paralelamente a las actividades de los partidos tradicionales del sistema, PRSC, PRD y otros.
Bajo el argumento de que el PRD había agotado la función histórica que motivó su creación y era, por tanto, incapaz de conducir al país hacia la democracia, Bosch se desliga de ese partido y se dedica a construir lo que hasta hoy se conoce como Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Concebido como una organización de "cuadros políticos" regidos por la disciplina "leninista" de obediencia al "centralismo democrático" (eufemismo por "hacer lo que diga el líder”), el PLD agrupa a miembros de la Congregación para la Defensa de la Fe Boschista e incorpora a una hornada de jóvenes figuras que arriban al mismo con una agenda política propia (sus hechos posteriores lo demuestran) y dispuestos a emplear cualquier medio para lograr sus objetivos estratégicos.
Las posiciones elitistas (cuando no totalmente claudicantes) asumidas por Bosch y el PLD acerca de las tácticas de lucha para enfrentar el trujillismo balaguerista y los resultados de los fraudes electorales de 1978, 1990 y 1994, crean y profundizan la separación de este partido y las masas populares -separación que alcanza su punto más cercano de convergencia, por razones coyunturales, en 1990- y desnudan la catadura neo-trujillista de sus cuadros dirigentes.
Pero he aquí que, otra vez, el pueblo se niega a aceptar, pacíficamente, la nueva burla a su voluntad y se desata una crisis política que pone al país al borde de otra guerra civil
Es bueno reafirmar en este punto nuestra creencia de que, independientemente de lo que sostienen los apologistas boschistas, la salida de éste del PRD se debió, en esencia, al rasgo de su personalidad que era incapaz de cohabitar con personas que irradiaran luz propia o que cuestionaran cualquier planteamiento que emanara de su infalible testa.
Las luchas internas del PRD y el creciente disgusto del pueblo con las políticas económicas y represivas del balaguerato, hacen que el PLD arribe a las elecciones del 1990 como favorito para imponerse en las mismas (las que, en efecto, ganó), pero el tirano responde con otro de sus asquerosos fraudes y Bosch acepta los hechos consumados, a pesar de los reclamos populares que exigen una actitud radical en defensa de la voluntad popular.
Nótese aquí que, dejando de lado a viejos, fogueados y capacitados militantes y dirigentes del PLD, la persona que Bosch elige para acompañarlo como candidato a la Vice, en la boleta PLDista de 1990, es un joven llamado José Francisco Hernández, cuya mayor cualificación para acceder a ese puesto es que no le "hace sombra" al máximo líder.
Ya para 1991 se hace evidente, para Bosch, que, nueva vez, la dinámica de los acontecimientos internos de su partido (el PLD, en esta ocasión) cuestionan su estilo caudillismo que retranca la ascendencia de la corriente que, afanando entre las sombras, había empezado a coludir con los trujillistas de vieja estirpe, lo que lleva a Bosch a abjurar de ese partido arguyendo que:
"Renuncio al PLD para que este siga desarrollándose en la línea que quiera adoptar, porque el PLD está formado por gente de la pequeña y baja burguesía dominicana, que han provocado una corriente oportunista que solo está interesada en escalar cargos públicos y obtener dinero" (periódico El Sol, 03/16/91).
Pero ya era tarde para ablandar habichuelas. Es esta misma corriente la que, aprovechando la progresiva pérdida de facultades físicas y mentales sufrida por Bosch, consecuencia de padecer arterioesclerosis y el mal de Alzheimer, logra (utilizando toda clase de tretas y mañoserías) hacerlo regresar al redil y utilizarlo como estandarte de una política populista y pseudodemocrática de boca, pues la figura de Bosch era la única que garantizaba a esta corriente su permanencia en el apretado juego político de la época y posibilidades de hacer realidad su estrategia de asaltar la conducción del Estado.
El año 1994 trae a un PRD unido, y robustecido por la candidatura de su carismático líder José Fco. Pena Gómez, para enfrentar los afanes continuistas del dictador Balaguer.
El PLD es relegado, al haber perdido el favor que el pueblo temporalmente, le dispensó, a un lejano puesto en sus posibilidades electorales.
Pena Gómez arrasa en las elecciones y el viejo dictador recurre, por enésima vez, al fraude electoral y a la represión brutal. Pero he aquí que, otra vez, el pueblo se niega a aceptar, pacíficamente, la nueva burla a su voluntad y se desata una crisis política que pone al país al borde de otra guerra civil.
La dictadura cede a las presiones populares y de la opinión publica internacional, imposibilitada de encontrar explicaciones viables al burdo fraude ejecutado, y propone un pacto que acorta el mandato de Balaguer a dos años, para luego ceder el gobierno al PRD. Peña Gómez rechaza esta propuesta y exige la celebración de nuevas elecciones en noviembre de ese mismo año, pero es de nuevo burlado por los trujillistas, quienes firman un acuerdo con el PRD y publican otro, totalmente distinto, que establece, entre otras cosas, el fatídico 50 +1 y se aprueba celebrar las elecciones en el 1996.
(Continuaremos)