Contra la Corriente

El trujillismo en acción

Por José Alberto Ortíz

El 12 de diciembre del año 2012, publiqué un artículo en este medio, titulado “Un plan para restaurar el trujillismo” (https://acento.com.do/2012/opinion/207209-un-plan-para-restaurar-el-trujillismo/).

En dicho trabajo, presenté la tesis de que una serie de acontecimientos en torno a la familia Trujillo apuntaban un plan diseñado a restaurar la figura del ajusticiado tirano, con el fin último de convertir a Ramfis Domínguez Trujillo, hijo de Angelita Trujillo y nieto del dictador, en opción política para el futuro.

Los hechos expuestos en el artículo de marras son los siguientes: 1. La entrega del Premio Nacional de Novela a Aída Trujillo, hija de Ramfis Trujillo, en el año 2008; 2. La puesta en circulación en el año 2009 de un libelo, al cual Angelita Trujillo se atrevió a calificar como sus “Memorias”; 3. El anuncio en el año 2010 por parte de Ramfis Domínguez Trujillo de la instalación de una fundación, dedicada a promover el legado del dictador; 4. En el mismo 2010, el propio Ramfis Domínguez Trujillo, a través del ex diputado del PRD Leivin Guerrero, introdujo un proyecto de ley destinado a construir un museo en San Cristóbal dedicado a promover la obra del sátrapa y 5. En el año 2012, Ramfis Domínguez vuelve a la carga, reuniendo a un grupo de nostálgicos de la Era infame en un restaurant de Santo Domingo, con motivo de una celebración pública del cumpleaños de “El Jefe”.

Cinco años después, el nieto de Trujillo vuelve a la carga. Anuncia en Estados Unidos la creación de un partido, llamado Esperanza Democrática. A dicha actividad nadie le prestó atención. Sin embargo, pocos meses más tarde, viaja a la República Dominicana y un partido avalado por la Junta Central Electoral, el Partido Demócrata Institucional (PDI), liderado por el ex diputado Ismael Reyes, en un acto público, le anuncia al país la disposición de proclamar al nieto del tirano candidato presidencial para las elecciones del año 2020.

¿Le ha pedido él perdón al país por los crímenes de su abuelo, de sus tíos y hasta de su propia madre, sindicada por historiadores como autora intelectual de la muerte de Pilar Báez?

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Sondeos privados a los cuales hemos tenido acceso muestran que Domínguez Trujillo es conocido por un 67% de los dominicanos. Esas cifras son relevantes, si tomamos en cuenta que el Partido Revolucionario Moderno (PRM), el segundo partido más votado en las elecciones de 2016, no es conocido en la totalidad del territorio nacional por ser una formación política reciente.

Pero lo que más asombra es que si las elecciones se celebraran hoy, Domínguez Trujillo cuenta con una intención de voto cercana al 5%, porcentaje jamás obtenido por aspirante emergente alguno en la historia electoral dominicana.

La realidad es que este cuadro apena. Domínguez Trujillo pide que no se le juzgue por los crímenes de su abuelo. Pero,¿cómo puede pedirle eso al país cuando en el año 2010 él pretendió registrar una entidad sin fines de lucro dedicada a promover el legado del tirano? ¿Le ha pedido él perdón al país por los crímenes de su abuelo, de sus tíos y hasta de su propia madre, sindicada por historiadores como autora intelectual de la muerte de Pilar Báez?

Apena más que un descendiente de Trujillo sea más conocido en el país que la descendencia de las hermanas Mirabal, víctimas del tirano. Esto se evidencia en que en las elecciones pasadas, MinoúTavárez Mirabal, hija de Minerva Mirabal y dueña de una trayectoria política que la ha llevado a ser vice-ministra y diputada en varios períodos, lanzó una candidatura presidencial que no alcanzó el 1% de la votación, negándosele representación congresual y apenas logrando una alcaldía.

Esto significa que no hemos educado a las nuevas generaciones en el rechazo a una época oscura de la historia dominicana y que, similar a como ocurrió en la Alemania de 1933, una parte del pueblo está dispuesta a sacrificar una porción de su libertad con tal que se le provea una ficticia tranquilidad. Hitler se presentó como la solución al caos en que los partidos tradicionales habían sumido a Alemania. Fue aclamado por una mayoría y nadie en el mundo, salvo Winston Churchill en Inglaterra, visualizó que se avecinaba una guerra mundial de más de veinte millones de muertos y un holocausto de seis millones de judíos en los campos de concentración.

Si aspiramos a preservar nuestra nación y nuestra identidad, la respuesta es volver a los ideales trinitarios y no a los trujillistas. Son dos cosas muy diferentes

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