La columna Estriada

El traslado que resultó un fracaso

Por Emilio José Brea García

La historia que siempre nos han contado y que hemos creído sin chistar, indica que fue Nicolás de Ovando, el fray de armas tomar el que sin tener nociones de urbanismo ni siquiera dentro de lo más elemental, fue la persona que se abrogó las iniciativas de “trasladar” el asentamiento fundacional del histórico Santo Domingo (cuando era una villa en gestación), y que estuvo ubicado en la margen oriental del río Ozama, para emplazarlo en la margen occidental, y desarrollar desde allí lo que ahora es la capital dominicana. Dicen que con ello enfrentó una ocupación de espacios privatizados y que tenía vocación pública (las edificaciones construidas por el sector de poder dominante en el borde del río, contiguo a la fortaleza Ozama, desmienten estas argucias)

El asentamiento fundacional estuvo ubicado “río arriba”, donde ahora están los silos para el almacenaje de harina de los “Molinos Dominicanos”. Relativo eso de río arriba, puesto que no hay gran distancia entre la desembocadura y ese lugar, pero ciertamente la fundación no estaba frente al mar abierto. Había miedos y dudas atendibles en ese entonces. Aparte del tema climático, estaba el tema de las siempre posibles invasiones provenientes desde el mar, que era la ruta expedita para ellas.

Pero los españoles, absurdamente, ni siquiera pretendieron defender el río, mucho menos la ciudad, y la dejaron desprovista de defensas por sus flancos débiles, vale decir, desde el mar y el río, y desde las llanuras circundantes. Así Santo Domingo creció asustada por casi 300 años, entre débiles parapetos, muros, murallas, fortines, baluartes ocasionales (fortines con cañones) y asomos de avanzadas armadas de potenciales invasores de distintas nacionalidades e intenciones.

Muy pocos invasores llegaron para quedarse, pero sí lo hicieron para saquear temporalmente. Y sin embargo, con todas y esas experiencias, cuando por fin decidieron hacerse resistentes desde la fortaleza Ozama, los españoles no pensaron en fortalecer la zona de Sans Soucí y la punta torrecilla, consolidando un sistema defensivo robusto que disuadiera cualquier intento de desembarco por el Ozama. Si lo pudieron hacer en San Juan Bautista de Puerto Rico (con El Morro) y en San Cristóbal de La Habana (con La Cabaña), ¿Por qué no pudieron hacerlo en Santo Domingo?

Establecer una avanzada, anticipando geográficamente el sitio de la plaza de Santo Domingo, mediante un bastión defensivo abaluartado en Punta Torrecilla, hubiera dado un sentido distinto al crecimiento de la Villa en gestación, orientado su crecimiento hacia el este y la ciudad hubiera sido diferente… Pero ellos, en aquellos momentos, no podían pensar en esas cosas…

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