El que técnicos de la multinacional brasileña Norberto Odebrecht y del gobierno de Corea del Sur estén pretendiendo librar otra batalla más al intentar mejorar el desorden urbano que genera el movimiento vehicular en la capital dominicana, evidencia la debilidad institucional de la parasitaria nomina gubernamental que por simple responsabilidad, se supone debe haber visto, sentido e intentado antes (en los últimos 30 años), hacer lo mismo sin las fanfarrias de ahora, porque para eso han sido electas o designadas en sus cargos. Pero no.
Una propuesta recibida como buena y válida por parte de los técnicos del ADN que les oferta la empresa brasileña a la ciudad (parecería que desinteresadamente), y un préstamo más que ha suscrito AMET con el gobierno oriental por 36 millones de dólares, se unen para plantear las “soluciones” al acuciante problema que ya desborda la sensatez ciudadana.
Pero sin embargo, mientras la Odebrecht planeta “medidas de superficie” (prohibición de giros a la izquierda, cambios del sentido vial y ensanchamientos de vías, por ejemplo), olvida que parte de los problemas actuales los han creado los trabajos de esta empresa que aliada con el Ministerio de Obras Públicas y sin asesoría de urbanistas, solo de ingenieros constructores, han pasado por encima del gobierno de la ciudad, que es la Alcaldía, para hacer y deshacer en medio de la ciudad, con un concepto errado de vías troncales que ahora tienen elevados y pasos soterrados, creando forzosamente, corredores internos que lo único que hacen es trasladar los problemas mientras han carreterizado el centro urbano de la capital dominicana.
El préstamo financiado por Corea, dotaría de semáforos inteligentes, cámaras, radares de velocidad y un centro de control del tráfico y sería pagadero a 40 años a una tasa de interés de 0.02%. “La implementación estaría a cargo de técnicos coreanos que evaluarían los puntos donde será colocada la tecnología que ayudará a fiscalizar las imprudencias de los conductores y la situación del tráfico”. Magnifico. Tomamos un préstamo millonario en dólares para que vengan técnicos del extranjero a hacer el trabajo que pudieron hacer los de aquí cobrando en pesos.
Entonces debemos suponer que estos técnicos coreanos y aquellos otros, los brasileños, se pondrán de acuerdo para que los trabajos entre ambos no se solapen ni obstaculicen, para que discurran de común acuerdo y ojala que sea con los técnicos dominicanos de por medio, haciendo el arbitraje antropológico necesario, puesto que como se ha leído, el problema no es solo de tecnicismos, sino de mentalidad incivilizada (“… fiscalizar las imprudencias…”) que es la que gravita entre quienes conducen por las calles y avenidas de Santo Domingo.
En consecuencia ojala que entre el dinero del préstamo y las argucias de los técnicos, se saque algo para educar, civilizar, domesticar, y controlar a los conductores y conductoras, a quienes conducen carros públicos, privados y oficiales, sean estos hombres o mujeres, para ver si de una vez por todas las aceras se respetan, las luces de los semáforos también, el sentido de rodamiento vehicular no se viola con tanta tranquilidad hasta dentro de la propia Policía Nacional que los ve en medio de las violaciones, y no hace nada porque ellos mismos están habituados a violarlas…
Los semáforos inteligentes sin gente inteligentes no sirven para nada. La inteligencia del semáforo estriba en ir señalando el tiempo que va transcurriendo con señalización digital y eso va creando ansiedad en la gente que conduce. Es increíble pero cierto. La ciudad necesita de una terapia de siquiatría urbana para sus habitantes que han ido enloqueciendo, porque se siente atropellados por los vehículos grandes, acosados por las tantas yipetas y por los autos de lujo, lo que muy rarísimamente se puede ver en los países del área del Caribe a excepción de Puerto Rico.
Esto del Nueva York chiquito le ha hecho un daño terrible a la ciudad. Lástima que lo que expresara César Iván Feris Iglesias hace apenas tres años (como primer invitado a. evento mensual de las 12 trayectorias, de la Fundación Palm), cayera en el vacío. Lo que necesitábamos es un Santo Domingo grande y sin embargo, lo han ido empequeñeciendo puesto que una ciudad no se hace grande a base de problematizarse, de congestionarse, de aglutinarse en desorden, sino al planificarse, al organizarse, al adecentarse, al civilizarse, al comportarse sus gentes correctamente, al colectivizarse una cultural social del adecuado ejercicio de la ciudadanía donde los deberes sean prioritarios a los derechos, pero no como andamos, como chivos sin ley, engreídos, arrogantes, prepotentes, indecentemente, escenificando en las calles el drama desgarrador de una sociedad cretinizada, porque así nos entrenan y ensayamos desde los hogares, en las escuelas y universidades y hasta en los centros de trabajo y esparcimientos…