El guión
La Escaleta, es “la búsqueda de los escalones que el protagonista tiene que subir para llegar al final de la historia”. En inglés outline. Por analogía, concentra dos conceptos básicos de un guión: primero, la historia no es un mero vagabundeo del protagonista, es un recorrido que hace con dificultad, como subir una escalera; y segundo, que la historia sigue siempre in crescendo – los obstáculos y los problemas deben ser cada vez más difíciles de superar.
Cada peldaño es un punto de inflexión que paulatinamente trae transformación creíble y argumentada. Para que un personaje eclosione o que las circunstancias eclosionen a su alrededor debe mostrar esa metamorfosis a partir de cambios en el ánimo y/o actitud. En esta película hay “cambios”, pero estos están fundamentados en una exposición de anécdotas desconectadas de una escena a la siguiente, no hay un gancho de una escena que continúe en la siguiente, que es lo que va componiendo el arco dramático. Hay algo que se cuenta, pero que apenas pasa información, datos, sin crear empatía ni por la historia ni por el personaje.
Produce sí fastidio, porque quien acude a verla se topa con lo mismo que ve en las telenovelas: personajes que se encuentran en cualquier lugar y sueltan una “discusión”, por ejemplo. Cuando el guionista se abandona a ese facilismo, entra en acción la antropofagia que va matando cualquier atisbo de creatividad. Surge el guión barato, artificial, chapucero. Es una metáfora de cómo no debe trabajarse un guión sobre un personaje o hecho reales. Desde el punto artístico, falla.
Y si vamos a hechos históricos y las consecuencias sociológicas que llevaron al magnicidio, se hunde miserablemente, pues también la visión se reduce a una exposición mirando solo aspectos anecdóticos de tipo políticos, militares y económicos, no hay una concreción ideológica del guionista, pero mucho menos una expresión de la cuestión cultural en la Era de Trujillo. Al inicio ya se muestra en los lettering ese olvido a pota de la cuestión cultural, y digo a pota porque me parece que un analfabetismo cultural de ese nivel en los creadores de la película sería ya bastante bochornoso. No hay guión cinematográfico, no hay drama, ni suspenso, ni historia… de historia solo en la del cine dominicano.
La dirección
La estrategia de dirección que se eligió es la llamada de “continuidad intensificada” que es lo que se acostumbra hoy en el cine comercial. En esa, se identifican 4 tácticas: 1) montaje rápido; 2) extremos bipolares de distancia focal; 3) prevalencia de planos próximos con encuadres cerrados en escenas de muchos diálogos; y 4) movimientos indiscriminados de la cámara. El director tal parece que lo aprendió en un manual, pero se olvidó de aplicar el 2, el 3 y el 4.
Cuando alguien dice “me gustó la película” es porque el montaje le absorbió. Ese tipo de montajes es usado en los filmes de acción, y en ese sentido es apropiado que se diga que es un filme de ‘acción”, aunque “menos que mediocre” como me dijera un connotado maestro del cine que la vio, de visita en el país. Esas tácticas son muy usadas porque esconden deficiencias de directores que no saben cómo montar escenas de acción, y ese fue el caso del momento en que Trujillo es emboscado. Ese episodio del 30 de mayo de 1961 es único en el mundo. Ocurrió así a sugerencias de los ingenieros civiles Huáscar Tejeda y Roberto Pastoriza, cinéfilos empedernidos de filmes de gangsters que veían en 16 mm una y otra vez, también eran experimentados cazadores, por eso estaban ahí, en el grupo de combate.
La elección de esa estrategia es desacertada por dos razones. La primera es que se trata de una tragedia histórica muy conocida, y es de personas. Segundo, que en el cine de acción prevalece la “animación” de objetos que hacen de sujetos de la historia en lugar de seres humanos: transformers, súper héroes, carros chocones, naves espaciales, etc. Tengo la impresión de que el guionista quiso contar esa historia del glorioso teniente Amado García Guerrero, oficial escolta del generalísimo… pero el excéntrico que dirigió, quiso contar una historia de acción y arrastró a todo el mundo en ese incidente desagradable y bochornoso en lo histórico y en lo estético. Ese insólito director (que debió hacer al menos 1 semestre en la Escuela de Cine de la UASD, para pulirse un poquito), eligió un elenco mexicano, de hablar mexicano, 2 actores que no saben dar 1 pasito de merengue y a un actor a quien los zapatos del héroe militar le quedaron bailando.