Como bien sabemos, la incidencia del sol en nuestras vidas va mas allá del calor y de la luz que nos proporciona durante el día. Esa energía solar que identificamos fácilmente con la claridad que nos despierta cada mañana tiene que ver con casi todo proceso de vida que se desarrolla en nuestro planeta; desde la fotosíntesis en la clorofila de las plantas verdes, hasta los movimientos del viento ocasionados por las diferencias de presión y el calentamiento de las masas de aire.

Se estima que cada hora llega a la superficie de la tierra procedente del sol, el equivalente aproximado a un trillón de kilovatios, cantidad que es miles de veces mayor al consumo mundial de energía y que todavía no hemos sido capaces de aprovechar al máximo.

A esta potencia del sol – por llamarla de alguna manera- y que un día puede llegarnos como tormenta solar, pero que siempre nos llega como radiación, le sacamos partido básicamente de dos maneras: para calentar agua y para generar electricidad.

Los calentadores termosolares ya tienen un recorrido considerable en el mercado dominicano. Desde hace años podemos ver en muchas de nuestras casas esos artilugios, nada agradables a la vista, que sirven para que podamos consumir agua caliente aún en días moderadamente nublados. Por suerte la tecnología avanza y con menos espacio ocupado en la cubierta, mayor eficiencia y elegantes diseños vamos consiguiendo mejores resultados.

Menos extendido está lo de la generación de energía eléctrica por captación solar. Lo primero es que en este tema se tendrían que hacer dos capítulos que serían: la generación masiva por parte del estado o alguna compañía privada para su posterior comercialización, y la generación particular para el auto-abastecimiento o venta a la red general.

Al día de hoy en República Dominicana, sin un marco regulador claro y definido totalmente, se hablaría solamente de auto-abastecimiento; pero aún este tema no pasaría de ser algo anecdótico, implementado por alguna compañía telefónica o quizás algún parque de zona franca. Lamentablemente no tenemos esa cultura aún impregnada en la piel como tenemos impregnados los rayos del sol, y no la conocemos, porque casi nadie nos ha dicho que podría resultar interesante más allá de un simple parche para una situación de inestabilidad energética de medio siglo.

Entonces ¿por qué en un país castigado por cortes en el servicio eléctrico no se generaliza la generación solar de energía? Es una pregunta con varias posibles respuestas, algunas de ellas relacionadas con los factores de costo, tecnología, rendimiento, que para otros países más desarrollados todavía representan un desafío.

Desde luego la generación fotovoltaica – que es como se llama- no es la única solución a la generación alternativa de electricidad doméstica, pero de las energías renovables es de las más desarrolladas y de mejor aplicación. Por otro lado, la fotovoltaica tiene mejor integración en el entorno urbano y en el organismo arquitectónico, siendo la piel del edificio (siempre de cara al sur),  el mejor de los soportes posibles y el motivo o pretexto para diseños realmente innovadores y eficientes.

El aprovechamiento solar es solo un ejemplo, una de varias opciones sostenibles que tenemos para escoger; pero el desafío es uno solo, y consiste en dotarnos de la energía que nos falta para vivir sin bajar nuestros niveles de comodidad y sin lesionar nuestro medio.

El camino es largo, y en este trayecto debemos adoptar nuevos hábitos de uso y  consumo que supongan un verdadero cambio de paradigma. El momento es ahora y la oportunidad es buena;  podemos hacerlo mejor. El conjunto de la sociedad debe abrazar el concepto de la sostenibilidad como única alternativa posible; es un concepto limpio,  saludable, económicamente rentable y perdurable.

Reflexionar al respecto, con la luz del sol de frente, sería un ejercicio útil;  hacer el cambio y aprovechar la energía que nos brinda, sería más útil todavía.