Distinguido Caballero de la Atalaya del Escrutinio,

Por su conducto me permito hacer de conocimiento público un revelador hallazgo de la ciencia contemporánea, así como una propuesta de alto significado para el futuro de la nación.

Hace ya unas ocho décadas que el genio del Dr. Francisco Moscoso Puello nos regaló a los dominicanos y a la comunidad científica mundial su penetrante disquisición sobre el heredado pavor de los dominicanos a los perros, reproducido en el capítulo 27 de sus Cartas a Evelina, obra que entusiastamente recomiendo como libro de consulta obligada a todo patriota criollo. Hasta el día de hoy sus preclaras aseveraciones se mantienen como verdades incontestables.*

Como discípulo esforzado del insigne médico y escritor petromacorisano (sin jamás pretender igualar su genialidad), me he propuesto escudriñar – en ese mismo tenor científico – otra de las idiosincrasias que caracterizan a un grupo importante de la estirpe endémica de la isla, y que un querido tío que es muy ocurrente ha bautizado con el sugerente mote de “síndrome del Quepis”, por razones que en breve se harán evidentes.

El Dr. José Antonio Martínez Rojas, en un artículo titulado “Quepis, galones y barras”, publicado en el diario HOY el 22 de abril 2006, ha descrito el peculiar uso del quepis por los militares de nuestro país- a contrapelo de la usanza en otras latitudes.** Pero tanto él como los demás estudiosos de nuestras idiosincrasias han dejado sin explicar el efecto del quepis sobre los funcionarios, ex funcionarios y los políticos que aspiran a cargos oficiales. Me refiero a esa propensión del civil que habita la República Dominicana a inflarse- y prácticamente entrar en un trance o “montarse”- cuando uno o más quepis (preferiblemente rameado(s), o mejor aún estrellado(s)) se cuadra(n) en atención, suena(n) las botas, y le hace(n) el saludo protocolar. Los gustos materiales se adquieren con tarjeta de crédito, pero la soberbia que inspira la compañía constante y genuflexa de los quepis rameados y estrellados, no tiene precio.

El estado anímico de euforia que induce el saludo del quepis sobre el común de los dominicanos es digno de ponderación. Los síntomas de adicción parecen ser más fuertes que las demás compulsiones conocidas y compartidas por el resto de la humanidad, incluidos los juegos de azar y el alcohol, que de hecho son muy fuertes en los quisqueyanos. Igual que en los casos de la propensión al abuso del alcohol y los juegos de azar, el síndrome Quepis es una aflicción que afecta con más frecuencia y mayor virulencia a los hombres que a las mujeres, por lo menos así ha sido en el pasado. Parece que ninguna droga es tan poderosa como la que se produce en el subconsciente masculino dominicano cuando tiene uno o más quepis a su servicio y disposición, y ni qué decir si es acompañado de escolta motorizada con franqueador(es)*** para paralizar el tráfico a su solo pedir de boca. Esta última combinación produce un éxtasis que no se olvida jamás. Todos los que han experimentado ese estado anímico se aferran a la “jicotea” y sueñan con volver al carguito a cualquier costo, aun a expensas de su propia salud y de la armonía familiar.

Pero no piense que el síndrome se limita a los carguitos más encumbrados. El delirio es común y el síndrome es bastante extendido. De hecho, debo admitir que en ocasiones he sentido la adrenalina subir cuando, caminando en el parque, un quepis de bajo rango me ha saludado (ciertamente por error) con el apelativo de “comando”. Pero como muestra fehaciente considere esta perla contemporánea: un funcionario menor, sobrino de un ministro de Estado, aún no ha conseguido su propia escolta (quizás porque su carguito actual es en “los países”, donde esa no es la costumbre, pero de seguro eso viene en camino, es un escollo temporal); y entonces- en lo que el hacha va y viene- él se procura su propio quepis y placa oficial, para ir practicando la disciplina por sus propios medios. Las prebendas materiales- sueldo, apartamento y placa oficial para la yipeta- son insuficientes para satisfacer su ego. Necesita del delirio que produce el quepis.

Para que no se me acuse de plagio, que ese mal parece ser contagioso, volvamos al padrino de este descubrimiento, el muy querido Tío Manuel. Él pudo identificar y bautizar el síndrome Quepis sin ser científico ni teórico, porque ha padecido los síntomas en carne propia. Por las convulsas circunstancias del momento histórico, después de la caída de Rafael Leónidas Trujillo (que no del trujillato), Tío Manuel fue catapultado a la vida pública sin haber estado en sus planes de vida. Pero una vez sentido el efecto Quepis, él fue el primero capaz de diagnosticar los síntomas en su propio ser, sin poder deshacerse del síndrome, pues en repetidas ocasiones ha sido seducido por la atracción fatal que produce la presencia cercana y continua de los quepis. Y así lo advierte a los familiares que le reclamamos dejar esa adicción y dedicarse a su adorada familia, y a sus muchos otros quehaceres y actividades productivas.

Mi tesis es que el síndrome Quepis es un fenómeno quizás no tan antiguo, pero definitivamente más fuerte y pernicioso que el temor a los perros, diagnosticado hace unos ochenta años por el médico compueblano. He estudiado numerosos casos de figuras cimeras de nuestro pasado consumidas por el afán de continuar o recuperar con artimañas el acompañamiento constante de los quepis, aunque sin poder determinar el origen en el tiempo de esta aflicción peculiarmente dominicana. En la historia hemos encontrado documentado solo el caso de un ciudadano, que habiendo disfrutado de las mieles del carguito, jamás sintió la atracción adictiva del Poder y “aflojó la jicotea” para siempre, como diría Juan Antonio Alix. Como sabemos, la excepción hace la regla, y el ejemplo de Ulises Francisco Espaillat nos confirma la generalidad del fenómeno. Aunque Tío Manuel es escéptico, y dice que quizás fue porque el ex presidente solo vivió dos años después de regresar a Santiago a ocuparse de su botica y jardín, y por eso no tuvo tiempo de sentir la picazón del síndrome Quepis, que podía haber quedado aletargado en su generosa alma esperando despertar en cualquier momento, pero la muerte le sobrevino a tiempo para salvarlo del síndrome.

El caso es que mientras los dominicanos sigamos padeciendo de este terrible síndrome del Quepis- que considero más peligroso que el pavor a los perros- no nos podremos considerar un pueblo civilizado. Es un síndrome, indiscutiblemente, heredado. El síndrome de Quepis es un indicio de que en nuestra sociedad aún prevalecen las taras.

Por tanto, mi propuesta concreta es que el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESyT) financie el proyecto de investigación anexo, para desarrollar a partir del ADN del ciudadano Pepe Mujica (que de seguro se prestará como entusiasta voluntario) una vacuna que evite la propagación de este mal a futuras generaciones. También anexo un proyecto de ley para ser sometido al Congreso Nacional, haciendo obligatorio a todos los aspirantes a cargos electivos así como a todo funcionario de gobierno, vacunarse contra el síndrome de Quepis antes de ocupar un cargo en la nómina del Estado. A usted, estimado caballero, le encargo lograr que los congresistas apoyen esta importante iniciativa tan pronto tengamos la indicada vacuna, a sabiendas de que ésa sin dudas es la tarea más difícil por delante, y se debe ir trabajando en su consecución desde ahora.

Y es que libertarnos del síndrome de Quepis sería una obra de alto patriotismo. ¿No lo cree usted así, caballero?“.

(firmado) Jhonatan Veloce

Anexos: citados.-

*Aunque no concuerdo plenamente con los conceptos esbozados por Jhonatan Veloce en su carta, sí valoro al igual que él, al Dr. Francisco Moscoso Puello por sus indiscutibles aportes a la sociedad dominicana. Por si acaso el amable lector no tiene fresco en la memoria el aludido escrito- perdurable joya de la literatura criolla sobre el domini canes- puede utilizar los siguientes enlaces para consultar la carta sin desplazarse de su asiento (Nota de JTT):

El temor antológico de los dominicanos a los perros | Blog…

http://inabima.gob.do/descargas/biblioteca/Autores%20Dominicanos/Francisco%20Moscoso%20Puello/Francisco%20Moscoso%20Puello%20-%20Cartas%20a%20Evelina.pdf

** Ver http://hoy.com.do/quepis-galones-y-barras/ (Nota de JTT)

***Ver artículo del Lic. Frederich E. Bergés de 20 de junio 2011(Nota de JTT)   http://eldia.com.do/el-odioso-franqueador/