La llegada de Celso Marranzini a la CDEEE creó buenas expectativas, comenzando porque se trataba de un empresario que había defendido la privatización durante muchos años. Igualmente, recibió un apoyo absoluto del CONEP que duró hasta el último día de su gestión.
Sus primeras acciones fueron orientadas a sanear la institución, generando ahorros importantes ya que su antecesor convirtió a la CDEEE en una caja chica para financiar a los candidatos del PLD a cualquier cargo electivo y sufragar el clientelismo a todos los niveles.
Pero después de sanear parcialmente a la CDEEE, porque quedó mucho por hacer en esa materia, la situación siguió empeorando en términos financieros y los problemas en el suministro de energía continuaron sin resolverse.
Para emporar las cosas, Marrancini se olvido de la privatización y hasta comenzó a defender la estatización, lo que condenó de inmediato su gestión a otro fracaso de los tantos que han ocurrido en los últimos 50 años.
Su política de suministrar 24 horas de luz a muchos barrios de la capital y del interior del país, que nunca fue real, se vendía como uno de los sus grandes logros, sin darse cuenta que estaba endeudando a la CDEEE a un nivel jamás visto en la historia de la institución.
Para pagar esa deuda el Congreso aprobó hace dos meses una emisión de bonos internos por US$500 millones, que hasta el propio Marrancini trató de colocar sin éxito.
Ahora resulta que el nuevo incumbente de la CDEEE revela que la deuda con los generadores y otros suplidores dejada por la anterior administración ronda los US$1,200 millones, mientras todo el país sufre intensas y largas horas de apagones, incluyendo aquellas zonas donde descansa el grueso de la facturación. Eso agravará el problema financiero de la CDEEE y los usuarios regulares tendrán que pagar esos errores con tremendos ajustes a la tarifa.
También Marrancini se contaminó con la política clientelista del gobierno al que le servía, defendiendo la congelación de la tarifa eléctrica, mientras seguía suministrando luz que se financiaba con deudas sobre deudas. Eso disparó el subsidio eléctrico en el 2010 y el 2011 llegando a cifras espeluznantes y más que duplicando la meta acordada con el FMI. Fue ahí donde el gobierno se comprometió a un ajuste de la tarifa antes de finalizar el 2011.
Sin embargo, eso nunca sucedió y utilizaron ese argumento demagógico para romper el acuerdo Stand By y hacer un despelote con el dinero público a fin de ganar las elecciones presidenciales en mayo pasado. Las cifras están ahí y no mienten.
Por el lado de la oferta, prácticamente no se hizo nada para aumentar el parque energético del país, aunque se mejoró un poco el uso alternativo de otras fuentes de energía, algo que se vienen haciendo desde mucho antes de la gestión de Marrancini. En fin, todo fue un sueño y seguimos atrapados en el mismo laberinto de la ineficiencia, los apagones, el robo de energía y la anarquía en el sistema eléctrico nacional.
Se perdió una oportunidad de oro para cambiar las cosas porque privatizar el sector eléctrico es el único camino que existe para que algún día el problema se solucione. Muchos argumentaran que eso ya se hizo y fue un fracaso, lo que es cierto. Pero hay muchas otras formas de privatizar sin necesidad de entregarle a una sola empresa el 80% de la distribución, como pasó con Unión Fenosa.
Ese experimento fallido, que apenas duró 5 años, no debe hacernos olvidar que el Estado tiene 6 décadas administrando el sistema eléctrico y las cosas siguen empeorando. Hay muchas formas de privatizar sin caer de nuevo en los mismos errores del pasado y eso lo pudo haber intentado un hombre de empresa mejor que nadie.