Esto creo, esto pienso

El principio de autoridad y la reforma arriba, evitan la revolución abajo

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Porque… “El silencio de un estúpido parece ser sabiduría”.

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“Todos los partidos políticos, al fin, mueren tragándose sus propias mentiras”. (J. Arbuthnot)

El entorno se ha vuelto pesado, el aire irrespirable y aun no estamos en campaña. Vaya usted a ver que los muñecos, corifeos y alcahuetes han comenzado a aspirar, con la malsana y oculta intención de distraer la atención sobre el por qué de su accionar. Vamos a decir, de sus supuestas ambiciones políticas, todo esto, para prepararle el show al que ha de venir, a quien en verdad aspirara y llegara, mientras ellos se sacrifican por “patria” y en vez de la Presidencia, aceptaran humildemente un ministerio. La verdad es que son tiernos e inteligentes, desprendidos mientras todos los demás somos lo contrario.

Así es la cosa, que ni es nueva y mucho menos innovadora. Ya lo decía uno de los genios del mal –porque ya hoy son incontables–, que el vulgo se deja siempre coger por las apariencias y en el mundo, no hay sino vulgo. Aparentar desprendimiento con renuncias a aspiraciones que solo encubre el mal y el engaño.

Mientras, para la gran mayoría de los demás, entiéndase los pendejos, lo importante es la farándula, la chercha y las discusiones estériles, mientras los políticos se sirven con las cucharas más grandes del caldero de sancocho, que para ellos significa esto que llaman dizque nación.

Pero, qué esperar de un pueblo pendejo, donde sus “representantes” se asignan más dinero para clientelismo y chulerías personales que le elevan su ego, que al propio Poder Judicial… ¿qué se puede esperar? Mientras tanto, sus condiciones irrefutables de bonhomía y manos alegres y suaves para dar lo que no es de ellos, aumenta como pompa de jabón, que por igual, a la menor sacudida del viento desaparecen. ¡No j…s!

Aun así,  a ciertos y determinados “líderes” políticos, hay que recordarles de cuando en vez, lo dicho por Epicteto, de que solo eres un pobre alma que sostiene un cadáver. Porque es patético escuchar al hombre de la calle cuando expresa que para celebrarle el cumpleaños a un político, sería mejor esperar su muerte, para celebrarlo todo. Mientras otros han sostenido que tirar basura al mar se llama polución, pero, si son políticos, se llama solución.

Y es que la prepotencia y la soberbia no les permiten escuchar y mucho menos ver lo que no les conviene, siquiera la encuesta –como ellos son tan dados hablar de esta–, del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, donde de 148 países, nuestros políticos en cuanto a confianza, aparecen en el lugar 143. ¡M….! Eso, no lo ven ni les importa un comino, porque conocen el proceder de este pueblo pendejo y apático.

Estos engreídos se creen todopoderosos, inmunes e impunes, hasta para truncar la carrera profesional de un militar, violando las leyes que ellos precisamente hacen o peor aún, por capricho y altanería. Alguien dijo, refiriéndose a las personas, que algunos nacen grandes; otros logran la grandeza y otros son confiables para otorgarles grandezas pero, la inmensa mayoría de estos negociantes y aprovechados metidos a la política, simplemente, no poseen ninguna de estas condiciones para real y efectivamente ser grandes, a menos, que esa grandeza sea medida por la cantidad de dinero.

Y, aunque ya lo hemos manifestado de diferentes modos y maneras, como son intelectuales, instruidos, leídos y cínicos sobre todo –la gran mayoría– quizás por eso si le pongan atención a lo expresado por el político español Antonio Maura y Montaner, el cual sostenía, desde hace tanto como los inicios del siglo pasado, su intención de acabar con la corrupción, atacando el caciquismo –que ha hecho metástasis en nuestro país– y ahora también al clientelismo que se le ha unido, y asegurando que la revolución desde arriba era la mejor solución para evitar el desarrollo de un proceso revolucionario abajo. Háganle caso, porque de así continuar, dudo que el “sal pa’fuera” este muy lejos. Dejen las teorías pendejas y engañosas y establezcan las reformas basadas en una moralidad radical y que sean llevadas a cabo, manteniendo innegociable, el principio de autoridad. Así lo estableció y así es que debe de ser. Porque no sé quién los autorizó para cobrarle al pueblo por ejercer las funciones que se supone lleven a cabo, en barriles unos, no sé si en medida inglesa o estadounidense y los otros en cofres, no sé tampoco si de piratas o qué. ¡Sí, señor!

E-mail:rafaelpiloto1@hotmail.com

Twitter:@rafaelpiloto01

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