Como todos sabemos el Premio Nóbel se otorga cada año a personas que hayan realizado trascendentes investigaciones, que hayan hecho descubrimientos prominentes, que hayan llevado a cabo acciones de impacto muy positivo en beneficio de la humanidad o que hayan hecho una contribución notable a la sociedad en el año inmediatamente anterior. Los premios se instauraron por disposición del inventor de la dinamita, Alfred Nóbel.
Llama la atención que este año, hace pocos días, en medicina, el premio ha sido concedido a dos científicos, un japonés (Yamanaka) y un británico (Gurdon), por sus descubrimientos sobre la Reprogramación Celular. Estos dos investigadores han logrado convertir en el laboratorio, células de la piel, por ejemplo, en neuronas.
Cada célula nuestra contiene la misma información genética, pero presenta variación de formas, organización y función. De ahí la diferencia entre una célula nerviosa, una célula sanguínea y una célula muscular, por ejemplo. Cada célula tiene una función específica. Esto quiere decir que cada célula tiene su tarea y programa propios. Esta programación hasta la fecha no se podía alterar. Ahora bien, por el descubrimiento de estos científicos ya es posible reprogramar las células en un laboratorio. Esto quiere decir que se puede borrar y reescribir el programa de una célula. Por ejemplo, ahora es posible borrar el programa de células musculares y crear un tipo de célula con las características de las embrionarias, por lo que pueden multiplicarse en el laboratorio, de forma ilimitada; que pueden ser reprogramadas para que se conviertan en el tipo de célula que se necesita para regenerar un órgano o un determinado tejido.
Con este descubrimiento ya el dilema ético de la manipulación en el laboratorio de células embrionarias, no tendrá que ser enfrentado. El gran hallazgo de estos dos científicos ha sido encontrar en cada célula lo que ellos llaman “un coctel mágico de cuatro genes” que introducidos en cualquier otra célula, tiene el poder de desprogramarla y convertirla en una célula pseudoembrionaria. Reiteramos, gracias a este descubrimiento, células maduras pueden reprogramarse y convertirse en células inmaduras capaces a su vez, de convertirse en todos los tejidos del cuerpo humano.
En conclusión, el gran hallazgo de este descubrimiento es que ya no será necesario recurrir a células madre de origen embrionario, siendo posible crear de una célula adulta, cualquier tipo de célula. Antes esto tan solo se podía lograr de una célula embrionaria.
A estos científicos se les entregará junto a su galardón un premio de ocho millones de coronas suecas (cerca de 930.000 euros), que en pesos dominicanos es aproximadamente 47 millones 197 mil 500, el próximo 10 de diciembre.
Este es un gran avance de la medicina. Afirman los mismos científicos que todavía este gran hallazgo es un reto para el logro de curaciones en pacientes con problemas que la medicina tradicional no ha podido solucionar.
Para nosotros los dominicanos es un reto que con el aval de este gran descubrimiento que ha merecido el Premio Nóbel de la medicina, no comiencen profesionales dominicanos o vengan de otro país a hacer experimentos o aplicaciones sin que los mismos estén sustentados en una investigación seria llevada a cabo en la República Dominicana y que haya sido aprobada por el Consejo Nacional de Bioética en Salud (CONABIOS).
Para nadie es un secreto que el gran boom de la medicina son las células madre y que en ellas están cifradas grandes esperanzas para la cura de enfermedades que la medicina tradicional no ha podido lograr, pero hay que estar vigilantes para evitar que inexpertos y buscadores de fortunas rápidas, sin el aval de un protocolo de investigación ya culminado y aprobado, comiencen a hacer aplicaciones y terapias a dominicanos o extranjeros, en nuestro territorio, que no se sabe las consecuencias que pudieran derivarse de estas aplicaciones.
La consigna es ni detener el avance científico, ni permitir que con fines mercuriales se hagan procedimientos basados en terapias cuya inocuidad no ha sido comprobada.