Corría hacia su final el siglo XIX cuando José Ramón López publico su ensayo sobre “La Alimentación y las Razas”. Federico García Godoy, Federico Henríquez y Carvajal, Américo Lugo, entre otros, apuntalaron esta perspectiva pesimista.
Un tanto frustrados en sus expectativas de que el pensamiento liberal conllevara a una profunda transformación del país, esta corriente de intelectuales de la época, atribuyó a nuestra composición étnica y a las carencias alimentarias de nuestra gente, una cierta predestinación al fracaso y al atraso, negadora de la “modernidad” y el “progreso”, aspiraciones consideradas entonces universales. Al decir de Brea, desde entonces se desarrolló y se hizo predominante la idea de que “esta raza de ayunadores” no estaría en capacidad para vivir en una sociedad organizada y afrontaría serias dificultades para plasmar la conciencia nacional y acceder a la civilización. Tesis que ha servido de soporte teórico para justificar el poder de las elites y cierta tendencia a sobrevalorar lo extranjero al tiempo de desvalorizar lo criollo.
Trujillo encontró anclaje intelectual en estas ideas desarrolladas por Manuel Arturo Peña Batlle y otros intelectuales. Muchos sostienen que el pesimismo dominicano persiste como corriente de base en el pensamiento de muchos de nuestros intelectuales contemporáneos.
Parecería común al pesimismo ilustrado dominicano, la tendencia a atribuir a la población y sus características el fracaso del pensamiento, que para cada momento fue considerado más avanzado y progresista, en llevarnos a construir una sociedad moderna y organizada. Pocas veces hemos encontrado una valoración crítica sobre los límites de esa especie de voluntarismo que quiere anteponerse a los procesos sociales, al margen de la dinámica misma de la construcción del poder y de la correlación de fuerzas políticas. En consecuencia, se destila una cierta desconfianza, cuando no negación total, de las posibilidades de construcción social liberadora. Lo político aparece subordinado a un voluntarismo intelectual, una especie de fe en las ideas que se considera correctas, un tanto a lo Schopenhauer y Nietzsche.
Mientras muchos trabajábamos con Danilo la construcción de propuestas programáticas viables, que abrieran el camino a la transición hacia un nuevo modelo de desarrollomas incluyente y equitativo, la desconfianza se convirtió en dudas sobre el compromiso de Danilo con tales ideas
En la actual coyuntura electoral estas ideas parecen remerger en la forma de denegación de las posibilidades de imaginar y trabajar para la construcción del futuro. Como tendencia a anclarse en una cierta interpretación del pasado, actuando en forma reactiva, más que propositiva. No parece valorarse la dinámica social y el papel de lo político, en las instituciones existentes, tanto partidarias como movimientos sociales.
Un excelente ejemplo es el comportamiento de algunos intelectuales ante Danilo Medina, que parecería mas derivada de abordajes metafísicos que de una perspectiva dialéctica y menos aun de la dialógica.
Hace mas de dos años, conversaba con algunos de estos amigos intelectuales y entonces les preocupaba que si bien Danilo parecía la única posibilidad, decían, de derrotar el “proyecto continuista” de Leonel Fernández, resultaba inconcebible que se mantuviera en silencio, que no tuviera una presencia cotidiana en la opinión publica confrontando al Presidente. Danilo participaba en cientos de encuentros con diversos sectores ciudadanos en todo el país, recogiendo sus impresiones, sus necesidades, sus ideas. Trabajaba incansablemente activando los Comités de Base e Intermedios del PLD. Este esfuerzo de contacto con la población, se tradujo posteriormente en lo que se ha llamado el poderoso sector externo que respalda su candidatura. Pero los amigos destacaban que así nunca seria candidato.
Posteriormente, cuando Danilo hizo pública su aspiración a la candidatura del PLD, estos amigos me decían que Leonel lo aplastaría, que de ninguna manera permitiría que fuera candidato. Que eran enemigos jurados. Al ganar, con amplísimo margen, las aprensiones mudaron. Ahora esperaban que el presidente Fernández no lo respaldaría, que lo sabotearía y que haría lo imposible por evitar su triunfo en las elecciones nacionales, y que incluso preferiría un triunfo de la oposicion. Estos mismos amigos, ahora se quejan amargamente del respaldo militante que el presidente esta dando a Danilo Medina.
Mientras muchos trabajábamos con Danilo la construcción de propuestas programáticas viables, que abrieran el camino a la transición hacia un nuevo modelo de desarrollomas incluyente y equitativo, la desconfianza se convirtió en dudas sobre el compromiso de Danilo con tales ideas.
Después dijeron que Leonel gobernaría a través de Danilo, y como este ha dicho reiterada y públicamente que gobernará con su propio librito, y llama públicamente a construir grandes alianzas de sectores sociales, culturales, empresariales, políticos, para ejecutar el programa planteado, y cuando las encuestas comienzan a mostrarlo como el mas probable ganador, emerge la tesis de la supuesta “dictadura constitucional” para justificar un llamado a apoyar la candidatura opositora, no porque se la considere mejor, no porque se esté en desacuerdo con el programa planteado por Danilo, sino para “cerrar” el paso a Leonel, quien no es candidato en este proceso y obviamente no podría ser el próximo presidente en ningún caso.
No se trata del pesimismo ilustrado, a lo Savater, sino del pesimismo ilustrado dominicano que desconfía de nuestras capacidades como pueblo y parece sobrevalorar el papel de las ideas sobre la dinámica social. Es el temor a comprometerse con el esfuerzo duro, difícil, de construir viabilidad a un cambio en democracia y paz social. El temor a fracasar. Es una especie de apuesta por lo que Mertonllamó la “profecía auto cumplida” al referirse a la leyenda de Pigmalión.
Necesitamos apostar a avanzar lo más posible en las circunstancias actuales del país y del mundo.Es hora de dejar de refugiarse en el pasado, especie de “back tothefuture” al revés. Si no lo intentamos, nunca sabremos si era posible, y todos habremos perdido la oportunidad de lograrlo. Es hora de respaldar a Danilo, y empujar el cambio seguro.