La clase dirigente dominicana, evidentemente, no ha estado a la altura de esta difícil situación que vive el país y el mundo. Desde que se desató en el país la emergencia de la covid-19, hemos estado viendo todos los días un obsceno y decadente espectáculo con los principales partidos políticos nacionales manejando la coyuntura como plataforma electoral. Así, para muchos de grupos de lo que se trata es de ver quién da más. Porque para gran parte del partidismo nacional, el pueblo sólo importa en la medida de que sirve como medio para alcanzar y legitimar las posiciones de poder. Que es donde se hacen los grandes negociados que alimentan a esa élite político-empresarial.

El PLD gobernante, desde el principio, deliberadamente planteó el escenario de la epidemia como una oportunidad política para revivir su candidato presidencial tras el golpe electoral del pasado 15 de marzo. Entonces iniciaron un abierto y vulgar operativo para presentar a su “súper hombre” recibiendo aviones con equipos médicos, “decretando” medidas y repartiendo sin freno. Para la cúpula gobernante lo urgente de esta situación, esto es, que hay gente muriendo a diario y que la economía de subsistencia de buena parte de la población se desmanteló, es completamente secundario. Lo que les mueve es ver cada coyuntura como una posible plataforma política. Dado que lo central para ellos es seguir en el poder con todo lo que eso implica en términos de garantizar privilegios, control de instituciones y proyectos de acumulación. Es una cúpula realmente enferma; que, creería, ni siquiera puede asumir una visión de la realidad en claves sociales o de humanidad donde puedan ponerse en el lugar de sus gobernados de verdad. Viven en una burbuja de poder absoluto, enormes riqueza y acceso a todo lo que quieren; y, en ese marco, han perdido toda relación con la realidad de ese pueblo abrumadoramente pobre que gobiernan. Que apenas sobrevive con sueldos de miseria y condiciones sociales de inseguridad, poca salubridad y falta de oportunidades.

Pero es tan perversa esta lógica de poder que han montado y administran que, la propia oposición que les puede ganar electoralmente, ha caído en lo mismo. Esa oposición, en lugar de colocarse en otro lado denunciando la obscenidad peledeísta con más vehemencia y al mismo tiempo actuando de otros modos, ha tendido a replicar ese accionar. Es decir, a actuar bajo la misma lógica de ver quién da más y utilizar el contexto como guerra de posiciones partidistas. Así, vemos los mensajes en redes de sus dirigentes diciendo que el PRM dio tantas mascarillas y tantas pruebas; y que el partido construyó tal hospital o aquello. Es el paradigma clientelar donde se legitiman los lideratos no con ideas ni propuestas superadoras, sino que dando. Porque la visión desde donde opera esa práctica, es la que concibe un pueblo vacío al que hay que llenar supliendo carencias. Es una trampa esto. Que, en efecto, sí puede servir para no quedarse atrás ante la maquinaria oficialista cuando falta poco para unas elecciones presidenciales. Pero que no hace sino reproducir un modelo que tiene fuertes raíces históricas, estructurales y culturales. Y que es lo que, si de verdad habrá cambio, se tendrá que cambiar para que haya realmente otro tipo de sociedad.

Y entendemos que es difícil para el PRM. Porque, en efecto, el PLD se lanzó a capitalizar políticamente la epidemia montándose sobre esa cultural clientelar tan asentada y que tiene fuertes bases materiales pues el pueblo en su mayoría es muy pobre. Es un escenario que, desde el cálculo político frío basado en lo real concreto, indicaba que había que actuar también para no dejar vacíos. Frente a un pueblo que legitima a aquel que ante su carencia le da algo. Y justo este momento es de amplias carencias ante las paralizaciones, gente enferma muriendo y pérdida de salarios. No obstante, también esta coyuntura, donde todo el país está atento al mismo tema desde sus casas, es propicia para enviarle mensajes a esa masa en el sentido de que hay otras formas de hacer las cosas. Y de colocar en el escenario debates de altura que incluso ayudan a salvar vidas. Elevando la discusión sobre cómo procesar y afrontar colectivamente esta epidemia para que se salven vidas y el país se pueda levantar cuando esto pase. Por ejemplo, haciendo una discusión de alto nivel respecto de cómo los países avanzados del sudeste asiático superaron la pandemia mediante disciplina social y organización. Y, por otro lado, mostrando errores cometidos por otros países que debemos evitar. Desmontando, así, todos esos fake news, bulos y mitos que los dominicanos ahora viven compartiendo minuto a minuto por sus celulares. Lo cual sólo profundiza los alarmantes niveles de ignorancia y poca disciplina social de nuestra población.   

Todavía, en lo que resta de esta emergencia de la covid-19, se pueden generar otros modos políticos. Y eso debe hacerlo la oposición: tanto la que, según todo indica, ganará la presidencia cuando se puedan celebrar los comicios electorales, como el resto de partidos y organizaciones de la sociedad civil que adversan a la cúpula gobernante. Porque, insistimos, el cambio verdadero es cultural fundamentalmente. Tiene que ver con construir otra cultura política basada en otra relación entre dirigentes y pueblo. Y, por supuesto, otras bases materiales -relaciones de poder- que disminuyan desigualdades y acaben con esa miseria general de la gente común.

La covid-19, dicen intelectuales y expertos de todo el planeta, cambiará sustancialmente el mundo tal como lo conocíamos. Quien escribe suscribe esa noción -y he publicado ya varios análisis internacionales en esa línea- y, en ese sentido, propongo que, así como cambiará al mundo, aprovechemos para cambiar al país. Justamente creando otra cultura política. Hagamos, entre todos los actores sociales, ese cambio real.