El Monumento a la Independencia Financiera, mal llamado de “Obelisco Hembra” en un exceso de imaginación caribeña, se encuentra en discusión con el Despacho de la Primera Dama y  un grupo de regidores PRDistas que, en un hecho novedoso, han salido al rescate de dicho monumento en plena campaña electoral.

El Monumento construido durante la Era de Trujillo para conmemorar una de las pocas acciones que cabe recordar de la dictadura – la restauración de la deuda externa y la recuperación de las Aduanas, mediante pago el 21 de Julio 1947, por parte del régimen.

Sesenta y cinco años después, el monumento pasa a ser una obra de promoción de valores, en manos del despacho de la primera Dama, que lo viene utilizando como se vienen utilizando los espacios públicos del Malecón, por la clase política – que como hemos señalado en nuestro articulo “De Espaldas al Malecón y de frente al mar” del 25 de Diciembre del 2011, en este mismo medio, la clase política se apropia del Malecón cada cuatro años en un acto que no tiene nada que ver con valores.

La actividad de recuperación consistió en pintar de blanco parte del monumento, generando dentro de los partidarios del Proyecto político de la Primera Dama las más originales defensas,  argumentándose que se trata de “una agresión de género”,  como declaró un edil del PLD: “Hubo violencia de género porque la emprendieron contra el Obelisco hembra”[1].

Obviando que entre los regidores se encontraban prestigiosas figuras femeninas, como es la Señora Consuelo Despradel, a quien se le acusa de estar entre los que ordenaron embadurnar[2] el lugar.

Parece ser que la representación física del monumento, dos columnas separadas, coloca la feminidad del mismo en el espacio vacío intermedio entre las columnas, por donde se vislumbra el mar, y a través del cual las mentes de los defensores parecen ver una profunda y gran vagina, llena de agua salada, azul, contaminada por todas las aguas negras de la ciudad.

Habiéndose colocado allí aquellos eslóganes morales del proyecto político, que ha construido la imagen que tenemos hoy de la Primera Dama: “Paz, Fe, Esperanza, Tolerancia, etc.”. Y ha sido justamente en un acto calificado de “intolerante” que los regidores perredeistas, brocha en mano, tratan de devolverle al lugar su función inicial de Monumento de la Independencia Financiera, desconocido por todos.

Cabe señalar que los monumentos públicos en las ciudades tienen como función la  construcción de una memoria urbana, que contribuye a recordar a la ciudadanía presente y futura, situaciones, acciones coyunturales que han permitido la construcción de una nación, de un país. De aquí que no se estile que la clase política, o ciudadano alguno, violente o se apropie de lo que tiene una función específica dentro de la memoria colectiva de los pueblos.

Y cuando esos monumentos están construidos bajo la opresión, como en el caso de las dictaduras, al caer, estos son destruidos para evitar que los símbolos ideológicos se perpetúen en la memoria de los pueblos. En muchas sociedades, se erijan monumentos que suelen ser respetados y preservados por generaciones. Para ilustrar al lector, es como tomar la estatua de la Libertad en New York, donada por los franceses al pueblo Norteamericano, en signo de amistad, y cubrirla  de preservativos rojos y rosados, para realizar una campaña contra el VIH, desde el despacho de la Señora Obama… No creemos que a sus asesores, se les ocurriría tal aventura publicitaria, aunque la causa sea muy justa.

Lo que sucede es que nuestra clase política, desconocedora permanente de cuál es su función, puede incurrir en estos errores, donde se destaca la falta de respeto a los espacios públicos, desde el poder y la autoridad. De aquí que el Bloque de regidores Progresista, al considerar el   embadurnamiento “de la campaña de la Promoción de Valores que de forma institucional colocó el despacho, como un acto vandálico’’[3], lo que hace es justificar que los políticos se   apropien de todo, espacios públicos incluidos. En una suerte de barbarie urbana, a la cual están sometidas las ciudades, especialmente en época electoral.

Rescatar el monumento a la Memoria de la Independencia Económica del país no es un acto vandálico, sino valiente, oportuno, que ha puesto en evidencia que: los monumentos de la Dictadura están presentes; y que cuando paguemos la deuda externa de hoy, haremos un monumento que ocupará todo el territorio, para alertar a las generaciones futuras sobre los riesgos de la deuda externa.

Argumentar que borrar la propaganda del monumento es un acto de “agresión de  género” es la más machista de las justificaciones, ya que el solo hecho de calificar de “Hembra” este monumento, es una agresión a la mujer. Pues partiendo de la figura arquitectónica, se coloca y reduce la mujer, como poseedora de solo dos piernas y una vagina – y las mujeres, en general, somos algo más que una vagina y dos piernas. Pretendíendo utilizar el sentimiento de rechazo que se viene generando en torno a los feminicidios, para darle un matiz de agresión hacia la  imagen mujer – léase candidata femenina, en un pobre y retorcido ejercicio de argumentación, que a la única que puede hacerle daño es a la Primera Dama.

Los que usan los monumentos nacionales y los espacios públicos, para llevar a cabo su despliegue de publicidad política, cualquiera sea la tendencia, deben entender que las ciudades son de la gente que vive en ellas, que nadie tiene derecho a usarlas de manera privilegiada. Los espacios públicos no pertenecen a los gobiernos y sus gobernantes, son del pueblo, que debe aprender a respetarlos y cuidarlos.

Esta es una extraordinaria oportunidad que tiene la Junta Suprema Electoral para legislar sobre el uso de los espacios públicos, por la clase política, en campaña electoral. Pero sobre todo, esta es una gran oportunidad para la Primera Dama y todos los demás políticos de comenzar aplicar los valores morales y el respeto hacia los espacios públicos.

La Primera Dama, en un acto de tolerancia y fe en sus colegas, debería llevar grandes escaleras hasta el monumento e invitar a las diferentes tendencias políticas a terminar la obra que iniciaron los regidores perredeistas, y acabar de pintar el monumento – puede ser de gris, que es un color subjetivo. Y comenzar seguido una campana de respecto y moralidad que puede llamarse: “Respetemos y amemos nuestros monumentos”, “Defendamos lo Público”, “Cuidemos el Malecón”, dándole así una lección a sus detractores.

Por otro lado, los regidores del PLD y del Bloque Progresista también tienen su oportunidad, la de demostrar a la ciudadanía que están preocupados por las ciudades y sus barrios, colaborando en cambiar la conducta de algunos dominicanos de acabar con los espacios  públicos – observando el estado de los parques, los teléfonos públicos, las aceras ocupadas por negocios, las calles repletas de basura, los jardines, los baños públicos, inexistentes. Esta seria una manera de introducir valores y reglas reales sobre el uso de los espacios públicos, entre ellos mismos y la ciudadanía.


[1] Ver Diario Libre, pp. 4. Martes 6 de Marzo del 2012.

[2] Ver declaraciones del Periódico Hoy del 6 de Marzo del 2012, pp. 8ª.

[3] Diario El Dia ,6 de Marzo pp2