Adaptar el pensamiento de los profesionales que quieren trabajar o trabajan en la industria del cine, es primordial ahora. Pero no con el introito para que seamos cineastas o cinéfilos, no, es la formación de individuos que deben trabajar detrás de las cámaras como ejecutivos del cine en producción, en distribución y en exhibición.
Los mercados tienen sus leyes y en nuestro caso esas leyes de la economía deben adaptarse a las necesidades intrínsecas de una industria plenamente nacional que responda a los incentivos que el estado le da.
Con esta industria surgen nuevos modelos de negocios. Muy especialmente la figura del productor que es un elemento raro de encontrar y que es de un valor soberanamente indispensable.
Es casi inexistente porque debe ser una persona al mismo tiempo de una alta sensibilidad artística y con agudeza para distinguir proyectos o temas cardinales, que sepa ver el potencial de un buen guión y reconocer quienes puedan dirigirlo y materializarlo para sacarle el mayor provecho.
Encima se necesita que esa persona sepa ensamblar el negocio de manera que sea factible, lo que obedece siempre a capacidad gerencial y administrativa, juntas. Que sepa conseguir financiamiento con inversionistas comprobados como bienhechores para el negocio del cine, y luego viene la parte más espinosa que es custodiar el normal proceso de filmación, ver que todo este a las mil maravillas con los plazos dados, la calidad, y en último lugar lanzar el producto.
Eso no se encuentra en ninguna escuela de negocios. Hay que adaptar el pensamiento a este que es un diferente modelo de negocios, por cierto con alto grado de vaivén y riesgos debido a que, entre otros factores, supremamente el público dice si el producto es de su agrado y beneficio.
Y de esto último, entre las condiciones que forjan a un buen productor es su percepción para entender convenientemente lo que el público de mañana está buscando, no lo que fue exitoso ayer u hoy. Los gustos suelen cambiar con el chasquido de un dedo.
La lógica de la economía y de los modelos de negocio en el cine debe ser razonada por todos los profesionales que actúan detrás y delante de las cámaras. Razonándola es posible asegurar un buen nivel en cada uno de los procesos para que surja un producto de calidad.
El negocio del cine es tan complejo como la economía misma. Afortunadamente en RD se inició este nuevo modelo de negocios con subsidios públicos al que debe sumarse, para hacerlo sustentable, lo que se conoce como “cuota de pantalla” que no es más que la reserva del mercado para el producto en el que el estado invierte y crea un espacio de empleo y riqueza cultural.