Crónicas ciudadanas

El modelo 'democrático' o la sangre en el reverso...

Por Carlos Francisco Elías

Variaciones sobre el tema del autoritarismo elemental:

  Poder como autoridad:

  La autoridad se funda en el poder físico, económico o social, más que en el poder moral.

  Ordenes sin fundamento:

  Al basarse en el poder, nunca se dan razones de lo que se hace.

  Disenso:

  No se aceptan opiniones ni sugerencias en cuanto a los objetivos, metas y funciones ni se dan explicaciones.

  Silencio y antagonismo: Se acallan las críticas, se ocultan los errores y se fomenta una visión dicotómica de la realidad: "bueno-malo".

El modelo "democrático" o la sangre en el reverso...

Una mirada interesada al libro de Charles Louis de Secondat (Montesquieu), no tendría desperdicio si en su angulación, viaja hasta 1748 y consigue algunas páginas del famoso: “Del Espíritu de la Ley” - De l`esprit des Lois -, que circuló en Ginebra sin nombre y clandestinamente en París, hacia la misma época. Colocado en el Índex de la iglesia católica, el libro en su nueva edición del 1757, tiene 31 cuadernillos.

Montesquieu, fue un pensador complejo de la ilustración. Sus ideas, base de los criterios de las ciencias políticas, conserva una vigencia asombrosa, especialmente en un país  como República Dominicana, donde el espíritu de la ley  es un fantasma de sangre joven y pobre.

Recurrir a las ideas focalizadas en el tiempo de la ilustración  a través de Montesquieu, para recordar el valor de la libertad en el siglo XXI de la República Dominicana, es un intento dramático para llamar la atención sobre la sangre que corre estos días en algunos barrios, con un designio social establecido: pobreza y marginalidad.

Cuando la tortura pública se viste de uniforme

Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de MontesquieuApelando de nuevo al Espíritu de La Ley de Montesquieu, si las propias autoridades hacen trampa con su ley, normatividad aceptada como principio de convivencia urbana, sin importar la clase social, es muy difícil que los gobernados entiendan con claridad el objetivo final de un poder rector, que a fuerza del uso de la violencia extrema, pierde el sentido del pacto social con los ciudadanos y ciudadanas.

Planteado de otro modo, si en un barrio popular el principio y los símbolos de la autoridad son usados para condenar a la población al desenfreno de  esas micro dictaduras urbanas (modelo urbano dominicano antiguo y renovado), ubicadas en determinados perímetros de las ciudades y el espacio rural, el tejido social comunitario, ante una justicia ineficaz,  muere o se disloca en el ejercicio de su vida
cotidiana.

En los últimos años el derecho a la vida, ante la vista de todas y todos, ha pasado a ser un derecho relativo y fugaz. No tiene valor alguno ante matasiete y criminales con saña y odio social, encubiertos por las insignias y los uniformes, la excusa ideal para dar el tiro de gracia a ciudadanos indefensos.

Pruebas al canto: el caso de Samuel Balbuena Velorio, en Hato Mayor el 29 de marzo pasado. Luego de  ser herido por un agente  policial, Velorio es puesto bajo custodia para  impedir que recibiera atenciones médicas de urgencia. (Acaecido en el 2011, con variaciones en el 2013 sin arreglos ni cambios)...

Este caso entre otros, demuestra con claridad como el rol institucional de quienes deben defender derechos, se invierte pasando a ser torturadores con ejercicio público bajo el manto protector de un arma revestida de uniforme.

Rafael Leónidas Truijillo (centro), bendecido por la Iglesia y servido por Joaquín Balaguer (izquierda)Lo grave de lo enunciado no es la excepción, sino el hecho de que situaciones de ese tenor cada vez son más  comunes, convirtiéndose en un eje de la caricatura del estado de derecho.

Nada de eso es nuevo, existe una triste y extraña costumbre, de que las violaciones

a los derechos humanos, a los propios Dominicanos, es el pan de cada día sin que los resultados ante la Justicia nos lleven a buen puerto.

Construimos una democracia de apariencia, de aparentar ser, jugamos en el concierto de las naciones a que tenemos la más vieja  tradición democrática, donde la apuesta sería más la efeméride pura y llana, que la práctica como paradigma, para buscar resultados de beneficio en la conducta ciudadana, que clama en el desierto por un orden mínimo, no de cementerio como se podría vislumbrar.

Marginalidad social, sangre joven y desesperanza

Ulises Hilarión Heureaux Lebert conocido como Lilís (1845 - 1899)La documentación de atrocidades llevadas a cabo en el escenario cotidiano de una barbarie casi demoníaca, se hace posible porque el carácter de escándalo que muchos de estos hechos documentados originan en la sociedad, obligando a medios renuentes de prensa escrita y televisada a tener que hacer público hechos de sangre acaecidos en medio de la incredulidad de quienes observan.

Un análisis ponderado conduce hacia una constante sospechosa digna de ser desentrañada: las víctimas son jóvenes  de proveniencia social marginal, dícese, en una sociedad que ha terminado aceptando el anonimato social como una sensible razón de indiferencia, lo que hace que este factor se convierta en un amplio estímulo para los verdugos.

La repetición de estos hechos de modo constante han convertido esta noticia en la crónica roja anunciada, pero  en este caso no es un fait divers cualquiera, se trata de una acción constante que si bien, debe entenderse que  no se pretende  con ella el exterminio total de los jóvenes marginales (a veces la sensación es de que eso es lo que se intenta), sí se podría calificar de  estrategia sangrienta para restringir derechos y libertades del modo más violento y cruel que se recuerde desde los peores tiempos de Balaguer.

Entre un tiempo y otro, entre los cuerpos mutilados sin destino ni reclamo, una época le envía a  la otra un guiño de ojo, flash temporal y lúgubre, para ver cuál entre las dos, supera la una a la otra. Competencia macabra que se ha convertido en un atributo visual desagradable y triste en la República Dominicana.

Cuando los protocolos criminalísticos no son aplicados con rigor, para que la norma tenga esencia de aplicación, el perpetrante impune tiene la garantía, de que nada se investigará con la profesionalidad que se debe, lo advierte y delinque a gusto y pata suelta.

Mientras los incumbentes, se distinguen por un maldito bla, bla, bla que ya irrita en exceso...

La saña con que estas acciones de vejación ciudadana son llevadas a cabo revelan, con alta curiosidad, una resonancia sicológica y social digna  de ser tomada en cuenta: pareciera que los uniformados, de raigambre  y sangre azul, hubiesen decidido borrar de la faz de la tierra dominicana al joven pobre y marginal, desprovisto de defensa legal-social, en un sistema que no les ofrece alternativas y al mismo tiempo los condena a la miseria más abyecta posible: el régimen de las tarjetas y subsidios, y lo fétido de un espacio urbano sucio, hecho a su medida y exclusión.

Joaquín Antonio Balaguer Ricardo (1 de septiembre de 1906 – 14 de julio de 2002) fue un abogado, escritor y político dominicano. Presidente de la República Dominicana en los periodos 1960-1962, 1966-1978 y 1986-1996.  Sirvió al sangriento dictador Rafael Trujillo entre 1930 y 1961. Sus gobiernos se caracterizaron por los crímenes y persecuciones políticas.Resulta que los originadores de la violencia uniformada no son de sangre de azul (y si lo fueran tampoco tendrían derecho a tales acciones), tienen el mismo origen social de quienes maltratan y reprimen. Pero han buscado una distancia con ese origen social común: la sangre derramada bajo la "legitimidad" de la fuerza y el uniforme en nombre de un sistema desprovisto de humanidad o compasión posible... Donde inventar una tesis fascista sobre la delincuencia, consigue el permiso público para iniciar safaris humanos con resultados de sangre protestada y llorada, at finitum.

Heraldos de la muerte preventiva, con signo social detectado, saña y odio a un conglomerado instrumentado por un sistema viciado y vicioso, más víctima en todos los órdenes de que victimarios, pero colocados como chivos expiatorios como prueba fehaciente de la división social practicada como un evangelio trágico por las autoridades: el Estado no puede solucionarte nada, pero las balas generan el silencio necesario en un ritual de muerte que hace insensible al país.

El espíritu de la ley

El carácter crítico de la obra de Montesquieu, sus demandas ciudadanas, su preocupación normativa, sus ansias de libertad utópica y la necesidad de la convivencia ciudadana, en el siglo XXI de la Republica Dominicana no han sido superados ni por asomo.

Leonel Antonio Fernández Reyna (Santo Domingo; 26 de diciembre,1953 - ) es un abogado, profesor, escritor y político dominicano. Fue Presidente de la República Dominicana durante los períodos 1996-2000 y 2004-2012. Durante sus gobiernos ocurrieron los más graves casos de corrupción de la historia dominicana.En la sociedad dominicana de hoy pareciera que las esencias de un contrato social aceptable no existen, y la respuesta a la anarquía y al vacio de gobierno son  las evocaciones nostálgicas hacia dictaduras o caudillos repentinos. La mejor y más adecuada respuesta será de la ciudadanía en la búsqueda de una nueva interpretación del espíritu de la ley.

La descomposición tiene dos espejos: uno que ilustra nuestra sociedad como un espejismo de bondades sociales, progreso singular  y excelente gobernabilidad; otro, espejo subterráneo con los hechos que reaccionan a esa mentira, por ese carácter bifronte de la realidad. Los cuerpos represivos han sobrepasado sus funciones con desmesura, sin que poder supremo alguno le llame a capítulo dentro del posible espíritu de la ley: por hay una relación dialéctica entre las mentiras de los espejos y la dura realidad...

¿Hasta cuándo soportará el conglomerado social ese hostigamiento de carácter sanguinario y ruin ?...

Un modelo democrático, en términos reales, no sobrevive teniendo de modo paralelo un sistema de muertes sistemáticas administradas en un sector social, generando desasosiego y terror en la sociedad.
Los que  tengan ojos para ver, que vuelvan a Montesquieu, a pesar de los siglos.

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