Aunque la epidemia del Ébola crece como bola de nieve en un invierno cruel, casi todo el mundo está cruzado de brazos esperando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las grandes potencias den el frente ante esta amenaza nada convencional para los humanos en todo el planeta.

Muy pocos países han tomado en serio este desafío descomunal que ya ha matado a cerca de 4,000 personas en África y los infectados sobrepasan las 8,000.

Cuba, pequeño país en territorio pero una potencia en salud y en solidaridad, ha dispuesto enviar a 461 médicos a Sierra Leona, Liberia y Guinea para luchar contra el virus del Ébola, de los que 165 están ya trabajando con los enfermos en su destino.

El Salvador, el más pequeño de los países de Centroamérica, había informado que alistaba a cerca de 100 médicos para acudir como voluntarios a África para ayudar a combatir el Ébola, pero desistió este miércoles debido a que los voluntarios que se ofrecieron no hablan inglés o francés, idiomas que se requieren para comunicarse en el terreno.

Tanto Estados Unidos como Francia y Reino Unido, han dispuesto personal militar, equipos de transporte y dinero para ayudar a los gobiernos a enfrentarse al grave desafío de la expansión del Ébola por África y el resto del mundo.

Los primeros casos de infestación y muerte por Ébola fuera de África se registran en Estados Unidos, donde ya murió Thomas Duncan, en un hospital de Texas, y hay cerca de un centenar de personas bajo vigilancia porque fueron contactos del primer infectado. Igualmente hay varios muertos en Europa que se contagiaron en África y la enfermera Teresa Romero, en Madrid, España, que asistió a uno de los fallecidos y contrajo la enfermedad, está bajo cuidado intensivo.

¿Qué pueden hacer los países pobres de América Latina antes de la llegada inminente del Ébola a su territorio?

No hay otro camino que prepararse para afrontar un desafío descomunal que puede llevarse a una parte importante de la población ante el hecho evidente de la fragilidad del sistema de salud, la falta de educación sanitaria de la población y los hábitos culturales de atención a los enfermos y de sepultar a los familiares fallecidos luego del velatorio.

En el caso de República Dominicana, las más altas autoridades deben entender ahora, antes de llegar la enfermedad al territorio, que esto no es un juego lejano que se puede tratar con demagogia o que puede ocultarse a la población y al mundo como se quiso hacer con la penetración del cólera en el año 2011.

Ahora hay que ganar tiempo en varios frentes: controlando efectivamente la llegada de pasajeros (nacionales o extranjeros) que en sus itinerarios hayan pasado en las últimas tres semanas por África Occidental, Madrid o Texas. No se trata de impedir la entrada, sino asegurarse quién entra después de haber pasado por esos territorios, adónde se aloja, con quiénes viajó y proporcionar chequeo médico diario para detectar cualquier enfermo que llegara en período de incubación del virus.

Por igual, disponer de varios centros de salud aislados para atender posibles enfermos de Ébola en todas las ciudades que tienen aeropuertos internacionales donde entran y salen pasajeros para Estados Unidos y Europa.

La decisión fundamental del gobierno dominicano debe ser abrir una convocatoria de personal de salud voluntario (médicos, enfermeras, laboratoristas y personal de emergencias) para enviarlos a uno o dos países de África actualmente afectados por la enfermedad para prestar solidaridad y aprender a manejar estos casos en caliente, lo que proporcionaría una gran experiencia para en el caso muy probable de que el virus llegue al país, tener personal adiestrado para contenerla.

Hay que reconocer que el gobierno dominicano tiene limitaciones económicas para preparar, enviar y sostener a un equipo interdisciplinario de salud en África, pero estoy seguro que si lo hace los costos serán menores que los que supondrá combatir de forma improvisa el Ébola sin contar con personal entrenado salvando vidas donde ahora se expande la epidemia.

Además de la solidaridad, muy elogiada por la comunidad internacional y comentada por diarios como The Washington Post, la decisión de Cuba es correcta, inteligente y le permitirá ser el país de América que más temprano dispondrá de personal capacitado en el manejo del más grande desafío actual para la supervivencia humana: la expansión del Ébola.

Es lamentable que El Salvador no pueda enviar su contingente a hacer lo mismo, porque los países que no aprendan ahora a combatir el Ébola, después que esté en su territorio, les será mucho más difícil intentar contenerlo sin personal con experiencia.

Los países vulnerables como República Dominicana no pueden desperdiciar la oportunidad de ir a África a aprender a manejar los casos de Ébola porque es impensable que crean que haciendo juegos (simulacros) se prepara personal para una amenaza tan sería.

La peor estrategia contra este tipo de desafío es esperar a que llegue para actuar o ponerse a distribuir cuartillas con consejos en un país donde se ha perdido el sentido de la urbanidad, la decencia y el respeto a los valores humanos.

La posibilidad de estar preparados para afrontar la llegada inminente del Ébola depende de lo que se haga ahora. Después que llegue pasará lo mismo que pasó con la chicungunya que infectó a millones de dominicanos (no hablo solo de los que fueron al hospital y se registraron), lo que provocó un colapso en los centros de salud públicos y privados y el agotamiento de los medicamentos esenciales para hacer frente a los síntomas, tanto en los hospitales y clínicas, como en las farmacias.

Si alguien piensa que existe la posibilidad de que la enfermedad no entre al país, está soñando y puede despertar con la fiebre de ella calcinando su cuerpo… pero ya será tarde.

Vean aquí lo último sobre cómo avanza el Ébola y los medios y métodos para contenerla: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/142794-ebola-mortal-extienderse-mundo