Cualquiera se cansa. Uno se hastía de escribir sobre problemas que podrían tener solución, con un simple esfuerzo del Gobierno y los propios ciudadanos, pero nadie hace caso. Es como si tocáramos una campana para sordos o publicáramos un escrito para carentes de visión.

Confieso que en algunas ocasiones me siento abatido al ver tanto desorden en la República Dominicana, desde que arribamos a un régimen de libertades a partir de 1961, confundido desde entonces con el libertinaje que actualmente nos arropa. Hoy día, pocos respetan las leyes, incluidas algunas autoridades. Hay un desorden generalizado en todas las ciudades, donde la mayoría de los alcaldes solo se preocupan por sus asuntos personales, en lugar de hacerlo por sus respectivas comunidades.

Santo Domingo y Santiago son dos buenos ejemplos. En ambas ciudades, los espacios públicos han sido ocupados por venduteros, a tal punto que los peatones tienen que tirarse a la calle, con riesgo de que los atropelle un vehículo. La basura arropa todos los lugares, incluso aquellos donde siquiera por vergüenza ante los turistas los alcaldes deberían mantener limpios.

Los motoristas, los conductores de carros públicos y privados, los de "guagüitas voladoras" violan las leyes de tránsito impunemente, a pesar de los esfuerzos de la AMET para ponerlos en cintura.

Cuando esto ocurre, la autoridad del tránsito es acusada de abusiva por los llamados "padres de familia", como si los demás no los fueran también.

Los delincuentes, como parte del desorden, logran imponerse mediante componendas con policías corruptos, no obstante la labor de profilaxis, hay que reconocerlo, que ha hecho la actual jefatura de la Policía para adecentar un poco esa institución. Se añade a esto la actuación de jueces que se amparan en un Código Procesal Penal exageradamente garantista, que podría funcionar bien en Estados Unidos, Francia, Suiza y otros países donde se respeta la Ley, no importa quién la viole, pero no en un país atrasado como la República Dominicana.

El desorden imperante ha llegado a tal punto que incluso en instituciones donde se supone impera la "modernidad tecnológica", si usted "no camina" por cualquier motivo "se la ponen en China". En nuestro argot populachero, "caminar" significa dar dinero, hasta para cobrar un cheque en alguna institución del Estado.

Parar ese desorden es el gran reto que tendrá el candidato que resulte electo Presidente en las próximas elecciones, aunque por supuesto existen otros graves problemas que necesitan soluciones, como son el narcotráfico, el crimen organizado, la falta de viviendas populares, el arreglo de calles, carreteras y caminos vecinales; el mejoramiento de los servicios de salud; la profesionalización de la Policía; la modernización de la agricultura; la eficiencia del sistema eléctrico; un mejor aprovechamiento del agua y la debida protección de nuestros recursos naturales, y paro de contar.