Un aspecto destacado en el Quinto Informe de Observación Electoral publicado por Participación Ciudadana la pasada semana es el alto costo de las elecciones dominicanas. Tomando los parámetros internacionales, cualquiera creería que organizar elecciones en la República Dominicana resulta más barato que lo normal en otros países, por dos razones: la ya larga experiencia organizando elecciones de nuestras instituciones, y el hecho de que en RD la Junta Central Electoral no cumple funciones que en otros países absorben una parte importante de los costos, como son las de controlar las campañas. Recuérdese que en democracias más avanzadas, salvo el contenido de los anuncios, los demás aspectos los controla el organismo electoral, incluyendo la duración, los canales y las horas en que se pasan los spots y la cantidad de fotos que se colocan, así como la cuantía y procedencia de los fondos partidarios.

La encuesta mundial sobre el costo del empadronamiento y las elecciones (2008), elaborada por el PNUD y la Fundación Internacional para los Sistemas Electorales (IFES),  hace una clasificación de costo de procesos electorales en función de la situación política e institucional de los países. El costo se mide en términos de gasto realizado por ciudadano inscrito en el padrón o registro electoral.

En aquellos países con democracia estable, en que ya se ha conseguido un importante avance en la organización de los procesos, en que estos marchan de manera más o menos automática, y que ya tienen un registro organizado, normalmente las elecciones tienen un costo relativamente bajo, entre 1 y 3 dólares por votante potencial. Ese sería el caso esperable en la República Dominicana.

Luego están aquellos que tienen un coste intermedio, de entre 4 y 8 dólares, propio de países con poca experiencia de elecciones multipartidistas;  y por último, países en que se parte casi de cero, con un coste alto, por encima de los 8 dólares,  propio de elecciones pos-conflicto, como guerras civiles o finales de dictaduras, y de operaciones de mantenimiento de paz de larga duración.

Pero los datos dominicanos no parecen avalar la idea de costo bajo, a pesar de medio siglo de elecciones y de nueve procesos después de la última gran reforma, incluyendo dobles vueltas y las congresuales y municipales. Para viabilizar la comparación internacional, los datos dominicanos fueron traducidos a dólares, habiéndose gastado US$83.2 millones en el 2011 y US$114.2 millones en el presente año. Es cierto que este alto costo se explica parcialmente por un problema de ilusión monetaria, pues al estar tan sobrevaluado el peso dominicano, prácticamente todo lo que se mide en pesos y después se convierte a dólares, aparenta más dinero de lo que realmente es. Pero esto es una parte pequeña de la explicación.

El monto total presupuestado para las elecciones se dividió entre los 6.5 millones de dominicanos registrados para votar, para dar un costo de 30.4 dólares por votante potencial, de los cuales, 7.4 dólares son las contribuciones a los partidos.

El gráfico siguiente muestra el costo por votante registrado en siete países de América Latina, divididos en dos grupos: señalados en rojo, los que presumiblemente tienen democracias estables por su tradición electoral, cuyo costo es bajo, y en azul los que organizan elecciones como parte de una transición de regímenes menos democráticos.

A manera de referencia, en el gráfico se incluyen también, señalados en verde, cuatro procesos electorales organizados en condiciones difíciles, en países que han atravesado conflictos, como guerras civiles o términos de dictaduras[1]. En esos casos, organizar elecciones resulta muy caro, debido a que hay que partir casi de cero, incluyendo el registro y la educación de los ciudadanos.

Aún estando (o debiendo estar) la República Dominicana en el primer grupo, cuyas elecciones deben resultar más baratas, se aprecia que su costo es mucho más alto que todos los demás. Para hacer la comparación, en la barra que identifica a nuestro país segregamos la parte que se explica por las transferencias presupuestarias a los partidos (porción en amarillo) de lo que es propiamente el costo de administrar las elecciones, debido a que no estamos seguros que la comparación sea justa, si en los demás países no se incluyó.

En países como Chile y Costa Rica, las elecciones cuestan 1.30  y 1.80 dólares respectivamente por elector registrado, en tanto que en Brasil cuestan 2.30 dólares. Otros países de la región tienen costos mayores, como los casos del Salvador (4.10), México (5.90) y Paraguay (3.70).  Pero el costo en República Dominicana resulta un número desproporcionado bajo cualquier criterio de evaluación o de comparación. Aún si se excluye la parte que obedece a la contribución fiscal a las campañas de los partidos, el costo es de 23 dólares por elector registrado. Esto debe mover a reflexión.  Algo debe haberse estado haciendo mal en el país para tener estos costos.

A nuestras instituciones electorales todo les resulta demasiado caro. En un país con la precariedad económica de la República Dominicana, hay que procurar un uso más racional y austero de los recursos administrados por los órganos electorales.


[1] Los datos de los demás países fueron tomados del siguiente documento: A Global Survey on the Cost of Registration and Elections & Electoral Budgeting, por Anne-Sofie Holm, Bruselas, 5 de diciembre 2008