Opinión

El colectivo LGBT gana espacio. El caso del embajador de EE.UU (y II)

Por Ramón Antonio (Negro) Veras

V.- Una familia agrietada, hijos con débil formación y padres temerosos

26.- El país luce hoy postrado ante el crimen organizado, aplanado por la corrupción, hundido por la inmoralidad, desalentado por la politiquería de orilla, en fin, nos estamos moviendo en un medio que languidece física, psíquica y anímicamente. La sociedad dominicana luce preparada para continuar sin obstáculos hacia el fondo, a la profundidad de la infamia, el oprobio, la discriminación y la desvergüenza.

27.- Una sociedad que aloja en su seno los vicios sociales ya señalados, no necesita la presencia del embajador norteamericano y de su esposo, ni de ninguna persona en particular, para ser dañada, porque ella, en esencia, está podrida y lo único que sirve es para ser cambiada por otra en la cual se pueda respirar un aire limpio, no fétido como el que inhalamos ahora.

28.- No se le hace una contribución a la sana edificación del pueblo dominicano, diciéndole que la presencia del embajador norteamericano y su esposo, representa un atentado a los valores fundamentales del pueblo dominicano; precisamente ahora, en estos momentos, cuando el medio social del país exhibe las peores lacras, el más deshonroso comportamiento político y la denigrante actitud de indecencia generalizada.

29.- Mucho antes de llegar al país los esposos James Brewster y Bob Satawake, ya habían desaparecido del medio social dominicano todo lo que significa moral, ética, decencia, honradez, honra, honor, respeto, dignidad y decoro; su lugar está ahora ocupado por inmoralidad, indecencia, deshonor, irrespeto e indignidad, lo que ha hecho posible que se desarrolle en toda su amplitud el fenómeno de la corrupción que ahora arropa a todo el cuerpo social dominicano.

30.- La debilidad del ordenamiento social dominicano se manifiesta con más crudeza en el seno familiar, tomando en consideración el relajamiento en ese órgano fundamental de toda sociedad civilizada. El afán de lucro y la irresponsabilidad de algunos padres es la expresión directa de lo poco que queda de una familia que debe funcionar ajustada a normas de decente convivencia.

Aquellos padres que no cumplen seria y responsablemente con su misión de formar a sus hijas e hijos, son los que andan por ahí temblorosos, muertos de miedo, temblequeantes, con el alma en un hilo, asustados porque creen que sus vástagos al escuchar un piropo lanzado por un gay o una lesbiana, de inmediato van a ceder a sus galanteos

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31.- Los jóvenes con formación familiar frágil, endeble, resultan contaminados hasta por los más tímidos malos ejemplos. Una sociedad purulenta como la dominicana, un virus inofensivo la afecta; la debilidad en la crianza motiva inseguridad de los padres en sus vástagos, porque hijos de padres irresponsables se desarrollan vulnerables; los escolares que provienen de familias de poco carácter, sucumben con facilidad.

32.- El declive de la disciplina en muchos hogares del país, contribuye a que algunos padres se sientan hoy con el temor de que sus descendientes, impresionables, huérfanos de una recia formación por parte sus progenitores, por debilidad caigan en la más tonta inconducta.

Reflexiones finales

a.- Hay que darle riendas sueltas a la lucidez, a la inteligencia para que haga su misión de aclarar, no de oscurecer; debemos contribuir a que triunfe la clarividencia, la perspicacia sobre la torpeza. El lucido brilla, se comporta luminoso, no opaco.

b.- A nuestro pueblo estamos obligados a educarlo, para abrazar las causas que motivan gracia y generosidad, a no ser mezquino y miserable, sino liberal, comprensivo, benevolente y condescendiente; a tener el don de comprender a los demás sin hostilizarlos; la agudeza hay que ponerla en función para no practicar la cerrazón, la irracionalidad por conveniencia o ignorancia.

c.- A los demás hay que aceptarlos como son, aunque no coincidamos   con ellos; admitir a quien difiere de nosotros, no equivale aplaudir su forma de ser. La aprobación no entraña pláceme incondicional ni estimulación a imitar, sino tolerancia en la convivencia civilizada.

d.- No estar de acuerdo con la preferencia sexual de otros, jamás puede guiarnos a condenarlos, desecharlos ni mucho menos despreciarlos. La sensibilidad la ponemos a prueba cuando aceptamos sin prejuicios a los que tienen formas de selección, inclinación de sexo acorde a su predilección, diferentes a las nuestras. El derecho a la propensión, al preferido, al elegido, no debe tener limitación alguna.

e.- El respeto al derecho ajeno no puede ser un concepto vago, un estribillo hijo de las circunstancias, sino algo que predicamos por convicción, que difundimos por el convencimiento que tenemos, la creencia que anidamos, lo que aspiramos debe ser hecho como un ideal.

f.- Debemos pensar en grande, razonar con sentido de persona libre; contribuir a meditar sobre lo que hace al ser humano feliz, y no lo que lo lesiona, lo hace infeliz, como ocurre cuando discriminamos a otro por su preferencia sexual. Sin darle mucha vuelta a la cabeza, sin consultar la almohada, sabemos que es más agradable congratular, contentar y agasajar, que motivar tristeza, pena y aflicción.

g.- Nos elevamos como país civilizado y sensible; nos empinamos sobre los mediocres, y encumbramos nuestra condición de personas amantes y defensoras de la igualdad, si demostramos comprensión ante los que,   haciendo uso   de su libertad, deciden ser LGBT. Dice mucho de quien es solidario por convicción, levantar con sinceridad el derecho a ser libre por entero y hacer causa común con el que es discriminado.

h.- A aquellos que con firmeza deciden salir del armario, hacer público su derecho a la preferencia de ser gays o lesbianas, no podemos verlos con lástima, a menos, ni con conmiseración; debemos aceptarlos con el respeto que merecen, no con la mirada de crueldad y desprecio.

i.- Se degrada a si mismo aquel que procura con su actitud deshonrar, humillar a los   LGBT. La posición discriminatoria es propia de aquellos que creen que con el   trato vejatorio pueden imponer sus designios de menoscabo a la persona de los demás.

j.- Lamentablemente, en nuestro medio hay una minoría muy activa que, históricamente, se ha preocupado por sembrar odio por asuntos étnicos y preferencias sexuales, y para tal fin levantan el asunto del fenómeno migratorio haitiano y contra la libre decisión de gays y lesbianas. Ante semejante posición de prejuicios, los hombres y mujeres que aman la libertad y hacen caso omiso a zarandajas y a cuantas trivialidades buscan perturbar, a aquellos que tienen su cabeza muy bien amueblada, y no pierden fácilmente la chaveta.

k.- Sería sumamente positivo, altamente beneficioso, muy conveniente y provechoso, que aquellos que gastan su tiempo criticando al embajador norteamericano por ser gay, lo emplearan en censurar, condenar, sermonear y de cualquier forma reprobar la política guerrerista, expansionista, intervencionista e imperialista del gobierno que representa.

l.- A los fines de defender la dignidad y soberanía nacional dominicana no hay que estigmatizar, sambenitar ni fastidiar a nadie con epítetos despectivos; argumentos de sobra tenemos para con elegancia, refinamiento y pureza demostrar que merecemos respeto como país independiente y soberano y que, en más de una ocasión, ha puesto de manifiesto su bravura ante la prepotencia imperial.

ll.- Carece de seriedad recurrir al patrioterismo con el fin de hacer sentir mal, reducir a alguien por su preferencia sexual. Las ofensas, los ultrajes discriminatorios quitan fuerza a todo razonamiento, sin   lo legítimo que sea.

m.- Los padres que además de sus labores productivas se ocupan de bien orientar a sus descendientes, se mantienen tranquilos, sin sobresaltos, y poco les importa que los suyos escuchen hablar o vean juntos, a una pareja de homosexuales. Ser LGBT, no se transmite por el aliento, la respiración o la opinión vertida por un gay o lesbiana cualquiera.

n.- Aquellos padres que no cumplen seria y responsablemente con su misión de formar a sus hijas e hijos, son los que andan por ahí temblorosos, muertos de miedo, temblequeantes, con el alma en un hilo, asustados porque creen que sus vástagos al escuchar un piropo lanzado por un gay o una lesbiana, de inmediato van a ceder a sus galanteos.

ñ.- La solidez educativa doméstica resiste todas las tentaciones, inducciones e incitaciones de cualquier naturaleza. El niño o la niña que ha sido correctamente formada por sus progenitores, puede moverse libremente en agua y tierra firme porque, como el acero, nada ni nadie lo dobla

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