Como escritor, Dan Brown tiene la precaución de que el lector de su novela ame, desee lo que lee y participe de su aventura literaria. La lectura de El Código Da Vinci revela en su apertura propiciada por los signos de la diversidad, un universo de creencias y de oposiciones al marco establecido por la cultura católico-cristiana, y por el cristianismo establecido a partir de Flavio Valerio Aurelio Constantino, Constantino el Grande (272-337), como un modo de organizar los signos de una cristiandad atravesada por guerras religiosas y fuerzas espirituales muchas veces encontradas en el ámbito de las teologías heréticas, así como de la doxa o doxas especiales del paganismo y la cristiandad confluyentes en un acto de pensamiento que puede tener consecuencias plausibles o no plausibles, desde el punto de vista filosófico-simbólico y particularmente en el ámbito de las ideas y creencias religiosas.

Lo que se interpreta a partir de la provocación y la incursión del texto en sus diferentes recorridos, no es más que la incidencia-disidencia de protagonistas ortodoxos y heterodoxos ante el hecho simbólico, religioso, político y profético de una espiritualidad que el escritor Dan Brown pone a prueba, mediante un juego de resistencias con cardinales de significación particularizadoras del argumento de la obra. El tratamiento de signos, símbolos e imágenes cristianizadas y des-cristianizadas, hace que se produzcan varios niveles de movilidad literaria.

¿Cómo narra Dan Brown y para qué utiliza los niveles ilocutorios de la narratividad? Para el escritor, narrar o describir significa hacer visibles en el plan textual lo verbal y lo visual. Personaje y acción conforman la intriga o la trama en la estructura de superficie y la estructura de profundidad del texto. Los elementos que progresivamente se insinúan y a la vez extienden la trama de la novela movilizan los puntos críticos que el espectador necesita para llegar al escenario de los posibles mundos y universos temáticos que aseguran la interpretación.

Pero, ¿Cuál es el Código Da Vinci? ¿Qué es lo que Leonardo codifica según Brown? ¿Qué es lo que el lector llevado de la mano del autor logra entender realmente de sus claves narrativas?

Se trata de una crítica a los fundamentos y a las verdades establecidas por un Estado eclesiástico y por una tradición que ha funcionado en la mentalidad o mentalidades cristianas de todo el bajo y alto occidente. Pero además, se trata de abrir compuertas que en la cultura del libro, el manuscrito, las imágenes, los símbolos necesitan una lectura axiológica y post-teologal tendente a explicar y a re-interpretar el estado de la cuestión, a la luz de posicionamientos ortodoxos y heterodoxos.

La temática-sentido y la forma-significado en El Código Da Vinci, resulta compleja por cuanto el autor nos induce al conocimiento de claves secretas que ya se han alejado del “secretismo” como visión aurática y sentiente. Lo que se narra  no es solo el secreto ni la clave, sino también, los efectos de ambos a partir de una sospecha y de una lógica del descrédito de un paradigma. Los abortos ideológicos de El Código Da Vinci se harán más notorios en otra novela de Dan Brown titulada Ángeles y Demonios, anterior a El código da Vinci y donde el autor estremece la estructura vaticana sometiéndola a una aguda y perspicaz crítica tomando como punto de partida la secta de los IIluminati o Iluminados de Baviera, sus atentados y crímenes en aras de una justicia que no adquiere su verdadero respaldo en el contexto del relato novelesco.

De hecho, El Código Da Vinci se sostiene en una relación de actuantes y funciones articuladas en el texto como personajes y actores que van estructurando los niveles constitutivos de la novela, pues, en el caso de la estructura novelesca, las pautas narrativas de superficie colocan al lector como testigo y corresponsable de los acontecimientos que nos facilita Brown y que se enuncian como conjunto, movimiento y conjunción de la forma, el sentido, el signo y sus transformaciones históricas y secretas..

En efecto, historia del arte, historia de los símbolos, historia de las religiones y teología negativa encuentran en el orden novelesco una juntura hermenéutica que ha logrado conformar lo que se ha llamado una comunidad interpretativa de lectores. Todo lo cual plantea la problemática gadameriana del círculo hermenéutico y de la verdad del fundamento como eje de comprensión, tradición de las formas y memoria del texto artístico-cultural.

Aquello que la lectura del texto nos pone como responsabilidad interpretativa conlleva un estudio de las fuentes mistéricas, pero sobre todo, de historia de las sectas, herejías e iniciaciones conformativas de una conciencia ritual y cultural en Oriente y el Occidente mediterráneo.  Criptología, esoterismo, tradición mesiánica, secretismo y naturaleza-forma de la santidad sitúan la fábula novelesca como campos de fuerzas de un discurso que se ha desocultado, o ha sido desocultado por una historia dogmática, psicológica, social y política del cristianismo, que hoy encontramos en textos de muchos especialistas dentro de los cuales también podemos encontrar estudiosos de la tradición, los manuscritos del mar muerto, la tradición de la baja y alta Palestina, la memoria de Israel, el Priorato de Sión, Los Caballeros templarios, El culto a la Diosa, El Hombre de Vitruvio, Vírgenes negras, Dossiers secretos, el Hieros Gamos, Cátedra de Chartres, El Santo Grial y otros que concitan interés y significación en el contexto de interpretación, mensaje y comprensión de los escenarios y tiempos de la novela.