Como cada ser humano, los taxistas están llenos de virtudes y defectos, pero en general es una clase conversadora, dinámica y valiente. Y digo valiente, tomando en consideración el ejercicio de una profesión directamente en las calles, donde el caos vehicular ejerce su fuerza imperante, sin sumar la colaboración de ellos mismos.
Lo realmente interesante de este gremio, es que con ellos se presenta, debido al lapso de tiempo que hay que compartir al usar sus servicios, la singular oportunidad de medir cómo realmente andan las cosas en la ciudad, cuál es sentir general del pueblo. Descubres las peripecias tienen que librar cada día en el barrio y cómo viven o si más bien sobreviven. En ese espacio temporalse crea una especial conjunción, un túnel de comunicación directa con la clase trabajadora. Esta oportunidad, solo la vive aquel que está dispuesto a intercambiar ideas y sobre todo a escuchar.
El Chévere es el apelativo de un jocoso señor de aproximadamente 70 años, cuyo trabajo es ser taxista. Amable, servicial y parlanchín, va desarrollando una conversación amena a lo largo del recorrido, donde poco a poco se empiezan a integrar los temas de la vida diaria, de los obstáculos para conseguir el pan, de la extorsión que existe en todas partes y azota también a su gremio, ante la cual presenta una posición de rechazo total, aunque con cuyo ejercicio pudiese conseguir más oportunidades. Con sus palabras cabalgantes va brindando al pasajero un poco de él…
De repente, recibe una llamada.Al parecer le dan una mala noticia, pues su reacción es de total preocupación. El Chévere cambia al cerrar, su voz toma otro matiz, abandonando la alegría en algún cruce de peatón y cuenta, reafirmando su capacidad de comunicación, que a su hijo lo acaban de apuñalar… “Ay mi Doña, me han robado el ánimo” repetía.
Como al recibir tan desagradable noticia aun estábamos a mitad de camino, contó que tiene cuatro hijos y que por cosas de la vida en este último mes le habían también robado el motor a su hijo mayor, en el mismo barrio donde viven “dos en un mes” (suspira).
La historia del Chévere es solo una. Él fue, en aquel día, el representantede todo el que trabaja y lucha por salir adelante, el reflejo de cada dominicano envejeciente que tiene miedo de andar por sus calles. Él es, en cierto modo, cada uno de nosotros, desesperado, sin respuestas ante las situaciones de agresividad y delincuencia que vivimos hoy, casi a punto de perder de manera permanente, la alegría cotidiana que llegaba acompañada de la dominicanidad.