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El celibato: hipocresía organizada

Los miembros de la Iglesia católica y las demás denominaciones que han adoptado la pederastia y el lesbianismo, al igual que la comunidad LGTBi, están en su derecho, porque eligieron esa opción, pero sin salir del armario que no vengan a pontificar.

Por Diógenes Céspedes

1. Cuando el papa de Roma, su consejo de ancianos (cardenales y obispos y sus batallones de soldados de a pie), curas y monjas abolan el celibato, ese día poseerán la autoridad para hablar y opinar, con conocimiento de causa, acerca de la definición del hogar y la familia, de la vida y su fiereza de contradicciones, del aborto y sus causales, de los derechos fundamentales de la comunidad LGTBi y sus sujetos, porque, llegado ese día, curas y monjas casados o con pareja, como es ley y costumbre en el luteranismo y el calvinismo y sus diferentes denominaciones, con sus ministros matrimoniados, entonces esos batallones de cardenales, obispos, curas y monjas sabrán lo que significa un hogar y una familia; sabrán lo que significa procrear hijos, criarlos, educarlos, levantarse cada dos horas en la alta noche para darles el biberón, cambiarles los pañales mojados de caca y orines, vacunarles en contra de las enfermedades infantiles contagiosas, llevarles a la escuela o el colegio a las 7 de la mañana para que estén puntuales antes del acto de bandera.

2. Sabrán entonces esos batallones de cardenales, obispos, curas y monjas lo que significa llevar a los hijos a fiestas infantiles para la socialización; sabrán lo que significa ir a cada reunión de la asociación de padres y amigos de la escuela o colegio, luego de la fatiga del trabajo; sabrán cuál conducta adoptar cuando unos abusadores les inflijan acoso escolar a sus hijos (bullyng); sabrán lo que significa llevarles a practicar deportes, natación, equitación o enseñarles a montar bicicleta y permanecer sentados en un banco del estadio o la piscina dos horas hasta que termine esa práctica y, finalmente, si hay un solo vehículo en la familia, o si no hay ninguno, llevarles y buscarles a la escuela, colegio o universidad.

3. Cuando esta hipocresía organizada del celibato termine, entonces estos batallones de zánganos que no conocen el trabajo manual y su dureza, al igual que la nobleza, la aristocracia y las oligarquías de los Estados clientelistas y patrimonialistas latinoamericanos a los que sirven y para cuya ayudantía se les castra como a eunucos, entonces dejarán de teorizar e inventar desde el púlpito discursos sobre lo que significa el hogar, la familia y la responsabilidad de cómo educar a los hijos. Y esas palabras al viento de los curas en el púlpito no son más que humo sobre una práctica sin ninguna relación con la vida cotidiana llena de afanes y privaciones para la clase media y los pobres.

4. Entonces, cuando cese esa hipocresía organizada llamada celibato, los batallones de curas y monjas sabrán lo que significa respetar la cola en los supermercados, bancos, oficinas públicas y privadas en las que deberán pagar una coima si no quieren que un pequeño burócrata iracundo y resentido por el bajo sueldo o salario que percibe, le extravíe exprofeso el trámite y sus documentos, si no los tira al cesto de papeles; entonces sabrán lo que significa hacer fila en un consulado para obtener una visa o cola en un consultorio para que un médico le atienda por estricto orden de llegada y donde todos se aglomeran con seguro universal y si quizá el cura y la monja no disponen de vehículo propio, estén obligados a experimentar lo que significa montarse en un carro del concho, una voladora o un autobús de la OMSA o abordar unos de los vagones del metro abarrotados de gente a la hora pico o, como último recurso, subirse  a la cola de un motor, como reza la bachata de Sonia Silvestre, la grande.

5. Ese día podremos debatir, cardenal, obispo, cura o monja, acerca del significado de la fiera vida, de la responsabilidad de los padres de familia y la educación de los hijos; ese día, quizá no muy lejano, tu Iglesia se convierta en una asamblea para beneficio de los pobres de este mundo y ustedes no serán jamás los castrados de su sexualidad para mantener las ideologías precapitalistas de los explotadores de la mano de obra “libre” del planeta y no serán tampoco, quizá, los enemigos del mandato divino de creced y multiplicaos, ni intentarán controlar la sexualidad de hombres y mujeres para servir a la dominación que ejerce el patriarcado en Occidente, para no hablar de las comunidades cristianas del Cercano y el Lejano Oriente.

6. Cuando llegue ese día del fin del celibato como hipocresía organizada, ustedes, cardenales, obispos, curas y monjas, integrantes de los batallones de la dominación ideológica universal de los pobres a través de la mercancía de la inmortalidad del alma como terrorismo de Estado, sabrán distinguir entre la religión (como negocio híper-rentable de los enemigos del trabajo manual), y la divinidad y lo sagrado (1), estas dos últimas, prácticas espirituales y culturales que no necesitan intermediarios y confesores para que los sujetos sean virtuosos.

7. Conclusión 1. Pederastia, lesbianismo, amantes y solicitaciones en el confesionario a mujeres casadas, solteras, viudas, doncellas y divorciadas por parte de papas, cardenales, obispos, curas y monjas ha sido el resultado práctico del celibato desde el primer Concilio de Letrán convocado y presidido por el pontífice Calixto II del 18 de marzo al 11 de abril de 1123 en el que se zanjó la “querella de las investidura”, se condenó la simonía y se prohibió “el matrimonio a los sacerdotes, diáconos, subdiáconos y monjes. También les prohibió mantener concubinas y la permanencia en su casa de cualquier mujer diferente a las admitidas por los antiguos cánones. Los matrimonios en vigor de los clérigos son nulos de pleno derecho, y los que los hubiesen oficiado son declarados pecadores y obligados a confesión”. El segundo Concilio de Letrán celebrado en Roma del 4 al 11 de abril de 1139, convocado y presidido por el papa Inocencio I, ratificó la condena del antipapa Anacleto II y sus actos cismáticos, así como la condena a la simonía, la usura, las falsas penitencias y sacramentos y se decretó que “obispos y eclesiásticos no debían escandalizar por los colores, la forma, o la extravagancia de sus ornamentos, por lo que vestirían de forma modesta”. Y del mismo modo ratificó lo aprobado en el primer Concilio celebrado en Roma con respecto al celibato: “La condena y persecución de los matrimonios y concubinatos de los sacerdotes, diáconos subdiáconos, monjes y monjas.” Ambos concilios se celebraron en la basílica de San Juan de Letrán. De ahí el nombre de los dos cónclaves. (Información recuperada de Wikipedia el 28 de marzo de 2021).

Los miembros de la Iglesia católica y las demás denominaciones que han adoptado la pederastia y el lesbianismo, al igual que la comunidad LGTBi, están en su derecho, porque eligieron esa opción, pero sin salir del armario que no vengan a pontificar en la televisión, la radio y los periódicos en contra del aborto y sus tres causales, porque eso sí que es doble moral e hipocresía organizada por el brazo armado ideológico del Poder y sus instancias.

Nota 1

Henri Meschonnic, en su libro Le sacré, le divin, le religieux. París: Arfuyen, colección La faute à Voltaire, 2016, define y distingue estos tres conceptos: “Defino lo sagrado como el mito de la unión original entre las palabras y las cosas, entre los hombres y los animales (un relato muy bello de Rilke sobre el particular), entre los hombres y la naturaleza. Una unión anterior al lenguaje. El arcaísmo primordial.”  (p. 15). Y define también (p. 17) “lo divino separado de lo sagrado como lo que se produce en el Éxodo (3, 14) cuando Dios, en vez de un sustantivo, responde a la pregunta de Moisés, la pregunta sobre un sustantivo, a través de un verbo. Y esta desaparición del nombre crea de inmediato la teología negativa, fundamentalmente relacionada con esta separación entre lo sagrado y lo divino. A partir de ahí, lo divino es la trascendencia absoluta con relación a lo humano del poder creador de la vida. Lo que aparece también desde el inicio del libro Génesis. Pero la separación clara está en el Éxodo (3, 14). Y prosigue: “Lo religioso no es lo divino. Lo religioso –o la religión– es la socialización, la institucionalización, la apropiación, la captación, la administración de lo divino. El administrador de lo divino. El culto. Lo cultual y lo cultural de lo divino. (p. 21).  Más adelante precisa: “Pero el administrador de lo divino se identifica con lo divino, a fuerza de apropiárselo y de administrarlo. Y como su administración es social, ella es política. Lo religioso es lo teológico-político.” (Ibíd.) Para terminar analizando y criticando lo teológico-político: “Lo teológico político acaba por matar la religión misma, luego de haber liquidado lo divino en sí y en torno suyo (…) La distinción que establezco entre lo divino y lo religió no tiene nada que ver con lo anti-religioso del siglo XVIII.” (P. 25). El Estado dominicano es un Estado teológico-político oligárquico, clientelista y patrimonialista, al igual que los demás Estados latinoamericanos, porque tales Estados, unos más, otros menos, se caracterizan por no haber producido, desde su surgimiento histórico, una separación entre Estado e Iglesia. De ahí que la Iglesia católica y las demás denominaciones, unidas o por separado, les dobleguen el pulso, con su negocio de la religión, a este tipo de Estado oligárquico, incapaz de cambiar modo de producción, es decir, cambiar la caricatura de Estado que somos a un Estado nacional verdadero.

Esta especificidad del Estado teológico-político y oligárquico dominicano explica el silencio y la complicidad de ese mismo Estado con respecto a la pederastia y el lesbianismo de los miembros de la Iglesia católica que cometen abusos en contra de nuestra niñez y todo eso en nombre del Concordato. Sin embargo, quienes más lástima me inspiran son las monjitas, los seminaristas, los monaguillos, los niños del coro, las hijas de María y otras vírgenes y las niñas de colegios católicos, casi siempre víctimas indefensas y vulnerables y carne de cañón para satisfacción de la miseria sexual impuesta por el celibato a los lutemias que ofician en los templos del Señor.

La literatura europea e iberoamericana está llena de obras que ilustran estos abusos de la clerigalla católica, porque denunciarlos públicamente por escrito o verbalmente era delito condenado por la Inquisición y hoy, la Iglesia católica del siglo XXI encubre a sus pederastas y lesbianas y les traslada de una parroquia o convento a otros bien alejados para olvido de la memoria o simplemente guarda silencio y muchos padres de las víctimas son cómplices del encubrimiento y el silencio y la casa de Dios a veces compra con dinero el silencio.

La última obra literaria dominicana que inscribe este tema de abuso sexual contra menores es el cuento “La muerte del padre Jesús María”, inserto en el libro de cuentos de Avelino Stanley titulado El fabricador de presidentes (Santo Domingo: Búho, 2021, pp. 21-40)

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