Por Carmen Tarrab

Academia Norteamericana de la Lengua Española

En el prólogo de esta obra, Gerardo Piña-Rosales– director de la Academia Norteamericana de la Lengua e impulsor de las publicaciones de esta institución– destaca la labor  investigativa del Dr. Marcos Antonio Ramos, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la historia, la política, la literatura y hasta del desarrollo de las diferentes religiones de esta zona del Caribe que incluye a las Antillas y sus regiones circundantes.

Marcos Antonio Ramos, fue profesor en seis instituciones de altos estudios en Estados Unidos, y es de notar, dice Piña-Rosales, que a pesar de ser historiador de las religiones y haber sido hasta su jubilación Profesor Emérito del Florida Center for Theological Studies y Decano de la misma, “haya logrado en sus publicaciones apartarse de todo sectarismo en sus enfoques.”

Este libro –ilustrado con fotografías de Piña-Rosales– ha sido dedicado a la Academia Dominicana de la Lengua, institución que acaba de publicar el Diccionario del español dominicano.

En El Caribe, siempre el Caribe, y otros ensayos antillanos Marcos Antonio Ramos –cubano de nacimiento y residente en los Estados Unidos–, nos guía con lujo de detalles históricos, demográficos y culturales por las islas que constituyen esa región de América, cuna del descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo. Pero el autor no se circunscribe al estudio de las Antillas Mayores y Menores, sino que también, por su proximidad geográfica e histórica, estudia, con rigor y erudición, las regiones de Norte, Centro y Sudamérica que tuvieron un papel importante en los acontecimientos ocurridos desde el descubrimiento.

Después de leer este libro, no le queda al lector la menor duda de la gran importancia que la zona del Caribe ha tenido, desde su descubrimiento por los españoles, en el desarrollo del continente americano y del mundo. Como dice el autor en el último párrafo del en ensayo con que comienza el libro: “La fascinación universal con el Caribe se inicia, pues, desde los mismos días de Cristóbal Colón […] se intensifica con la conquista y colonización en el siglo XVI, continúa con las aventuras de piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros […] y las muchas facetas sociológicas, religiosas, económicas, sociales, políticas y etnológicas obligan a seguir penetrando en ese mundo fascinante, a veces alucinante –como se plasma en la literatura–, de  un Caribe siempre presente.” (16)

El  libro contiene once ensayos donde se estudian diversos aspectos de las diferentes zonas de la región. En “Un episodio Antillano del siglo XVII: El rescate de un obispo” (19)  Ramos nos narra un incidente ocurrido en Cuba en 1604, el cual dio lugar a la creación del poema “Espejo de paciencia”, por Silvestre de Balboa, considerado por algunos estudiosos el primer poema escrito en Cuba (1608).

Le sigue “Un mismo capítulo en la historia de dos países: los cubanos en Santo Domingo (1868-1898)”, donde el autor hace hincapié en el fuerte y entrañable vínculo que une a estas dos naciones desde la época de la colonia. Es interesante constatar cómo familias enteras se mezclaban de tal manera que sus nacionalidades se se confundían.

“Cuba, la isla fascinante, de Juan Bosch” es el título del siguiente ensayo. En él, Marcos Antonio Ramos pone de relieve una vez más ese amor mutuo entre la República Dominicana y Cuba, tomando como punto de partida el libro: “Cuba, la isla fascinante”, del insigne narrador, ensayista e historiador dominicano, Juan Bosch.

“Presencia dominicana en la historia de Cuba (del siglo XVI al XIX)”, cubre de nuevo el tema de la hermandad domínico-cubana, evidente desde la época de la conquista.

En “El conde de Villanueva y el primer ferrocarril de Iberoamérica (1837)”, Ramos nos relata los pormenores del proceso que llevó a la culminación del extraordinario proyecto ferroviario que no solo daría prestigio a Cuba sino a España.

“Apuntes acerca del poblamiento chino en Cuba”, abunda sobre las tres corrientes de inmigración china a la isla antillana: la de los culíes, entre 1847 y 1874, la de los californianos, entre 1865 y 1885, y la tercera, desde 1919 hasta 1925.

Sigue el ensayo “Sobre el poblamiento canario en Cuba”, donde el autor nos muestra cómo después del descubrimiento de América, “los canarios pasaron gradualmente a ser parte de la historia de Cuba”, inmigración esta que comenzó a notarse desde el siglo XVI (113-114).

En, “Puerto Rico, Eugenio María de Hostos y el ideal antillano”, Ramos pone de relieve la estrecha asociación que siempre ha existido entre Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico, “las tres hermanas que de siglos atrás se vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores”, según escribiría José Martí en 1892, y destaca la labor del ilustre intelectual puertorriqueño Eugenio María de Hostos, antillinista  por excelencia.

“Las otras Antillas: Literatura e historiografía”, nos enfrenta a un Caribe culturalmente diferente; un Caribe francés, como en el caso de Haití, Guadalupe, etc.; un Caribe inglés: Jamaica, Granada; un Caribe estadounidense: La Islas Vírgenes; y continúa con los otros territorios “caribeños” de la costa centroamericana, de regiones de México y de la zona norte de la América del Sur, donde está representada también la cultura holandesa (Belice).

Y por último, en el ensayo “Los dominicanos y el español en Quisqueya y Cuba”, Marcos Antonio Ramos toca de nuevo la relación cubano-dominicana, aunque esta vez no lo hace  desde un punto de vista histórico o político, sino desde el idiomático, recalcando el aporte de los filólogos dominicanos a la cultura cubana.

Debemos agradecer a la Academia Norteamericana de la Lengua Española esta oportuna publicación, que, sin duda, se convertirá en punto de referencia para todo aquel que desee adentrarse en esa región fascinante que es el Caribe.

*El Caribe, siempre el Caribe, y otros ensayos antillanos.

Marcos Antonio Ramos.

Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2014

Colección Plural Espejo

ISBN: 978-0-9850961-1-3

168 pp.