Opinión

El caribe: Escenario convulso y paradisíaco para el teatro

Hace falta provocar un diálogo permanente, hace falta generar espacios para gestar  conversaciones sobre lo que aprendemos, lo que enseñamos, desde el oficio del teatro en conexión con nuestra realidad caribeña, tan polifónica y diversa como soterrada y siniestra, muchas veces amenazada desde una visión dominante

Por Claudio Rivera

La siguiente es una mirada sobre la cultura caribeña desde mi experiencia como artista y como pedagogo del teatro. Todo debiera empezar por saber, reconocer y recordar que tuve un tatarabuelo español que se amancebó con mi tatarabuela, una mujer negra descendiente de personas esclavizadas. A partir de este hecho, mi identidad caribeña a veces asoma calmada, a veces convulsa, fuerte y tórrida como un mar caribe cargado de contradicciones, de tensiones entre sectores sociales confrontados por intereses económicos que se traducen en conflictos, donde algunos terminan imponiendo su visión dominante, sus gustos, su estética, su preferencia por vivir de espaldas al mar, mientras que los otros sectores y sus expresiones culturales subsisten desde la resistencia, la marginalidad, incluso desde versiones contemporáneas de lo que se ha reconocido como una cultura cimarrona, de arraigo popular, cargado de cosmogonías, de prácticas espirituales que alimentan el alma en armonía con las fuerzas naturales y sobre naturales.

Recuperación y diálogo

Aspiramos procurar el diálogo incluyente entre todos nuestros ancestros y sus cosmogonías: que la herencia grecolatina, que lo dominico-hispano-norteamericano-chino-ario-turco-libanés pueda incluir en algún momento, lo afro descendiente. Aspiramos que en el escenario de la cultura caribeña, puedan ser opciones con iguales derechos, la fascinación por Zeus y afrodita, las alabanzas en la enramada para Granbuá, la fiesta de atabales en la puerta de la iglesia para San Miguel, la visita a la Mezquita, o los rituales a Yucahú o los cantos en homenaje a Olofi. Y que estas prácticas espirituales puedan ser estudiadas y revisitadas desde la creatividad de nuestros estudiantes en las escuelas de Artes, en las que los conciertos son predominantemente de repertorio clásico, donde las exposiciones de los estudiantes de artes visuales, están dominadas por la influencia de los manga (comics japoneses), donde los diseños de vestuario, aún con materiales reciclados siguen siendo pensados para cuerpos con tallas europeas.

Hace falta reivindicar desde el estudio teatral, esta cultura popular y caribeña de la resistencia en conexión con el lenguaje del teatro, que siempre es de naturaleza politeísta y transgresora.

Que este ejercicio de incorporar una visión caribeña de la cultura, vaya a la par con el aprendizaje eficaz del oficio teatral y las particularidades técnicas de su lenguaje, de manera que nuestros estudiantes y egresados se ganen el respeto y el cariño de su público y que sobre todo sean capaces de crear su propio público para ellos y todo el teatro dominicano.

No se trata sólo de vivir de espaldas al mar, sino que tampoco es aceptable continuar pretendiendo formar teatristas de espaldas a los saberes teatrales de los expertos, los maestros que gozan de prestigio en el territorio nacional. Nos inspira y nos guía la premisa Martiana: hablemos del mundo pero el tronco ha de ser nuestra república.

Indagación en contextos

En nuestros procesos pedagógicos actorales, como estrategia formativa se insiste en la indagación en contextos personales (Historia de vida, referentes y preferencias personales que conectan la sensibilidad con la simbología del texto), contexto teatral y contexto cultural, a transformar en acciones para la creación y acumulación de material escénico. Apostamos a una visión del artista que procura la obligada invención aunada a la investigación, para otorgarle a la creación una base sólida en el manejo del oficio desde las múltiples fuentes culturales que nos conforman.

Constituyen desafíos permanentes para abordar en el aula, el cómo estimular la sensibilidad, la inteligencia, el talento y la capacidad de trabajo creador en la dirección de trasmitir el oficio teatral en coherencia con nuestro contexto y realidad caribeña. Constituye todo un reto el cómo estimular que los estudiantes conciban analogías poderosas para la composición de sus personajes y sus puestas en escena, en diálogo vivo con nuestra realidad, problemáticas sociales y memoria histórica.

Exploración en los rituales para la máscara

La construcción de la presencia escénica implica descolonizarnos de los automatismos cotidianos que se esconden dentro de máscaras sociales engañosas, para desde la libertad, elegir nuevos automatismos escénicos en procura de ser habitados por máscaras liberadoras, auténticas, animadas por esencias arquetípicas.

Nuestras clases tienen un carácter experimental y de dominio técnico sobre los aspectos artesanales de la actuación y la construcción de la presencia escénica. En ese sentido, nuestras clases están sometidas a renovación e indagación constante.

Desde el aula, fomentamos la necesidad de nutrirnos del pensamiento y la visión fundacional y latinoamericanista de Santiago García, quien nos invita a crear obras propias, desde nuestra realidad convulsa, a pensar el teatro desde la escena y crear teorías que nos piensen desde nuestras necesidades y retos.

El maestro Santiago nos invita a rescatar la noción del intérprete del teatro de grupo, que se hace responsable de su discurso cultural en oposición de la noción del intérprete que se limita reproducir textos creados por otros. Dialoguemos con los saberes de las tradiciones teatrales latinoamericanas, la necesidad de pensar con cabeza propia nuestra escena, sus necesidades y desafíos. Santiago nos invita a amalgamar los hilos de la teatralidad llamada universal, con la teatralidad que emana de nuestra cultura popular. Haciendo de la creación colectiva más que un método cerrado, una actitud para dialogar con los saberes y las experiencias vitales de los actores-estudiantes y desde ahí lanzarse a la imprescindible aventura creadora.

Teatro y pensamiento

La escuela de teatro requiere de un urgente diálogo pedagógico y creador entre sus maestros, sus estudiantes y sobre todo con el sector teatral vivo de nuestro país. Un intento significativo lo constituye la revista de pensamiento teatral “LA OTRA PIEDRA”, que se gesta y produce al interior de la escuela de teatro de la Uasd. En este espacio se estimula el diálogo entre el pensamiento teatral fundacional (local) y el pensamiento teatral global, o llamado universal, conectando el pensamiento teatral de Bosch, Hostos, Pedro Henríquez Ureña, con las concepciones de Brecht, Stanislavsky, Eugenio Barba.

En nuestra aula de actuación, los estudiantes deben leer y proponer textos de autoría dominicana y latinoamericana. Deben seleccionar y montar cuentos de nuestro maestro fundacional: don Juan Bosch. Los estudiantes investigan para crear y montar de manera colectiva, su propio texto teatral.

Tomar partido

Realizamos la experiencia pedagógica dentro de una escuela anárquica y caótica, que dentro de sí reproduce las contradicciones de esta sociedad que ha vivido de espaldas al mar y que insiste en su vocación negadora de raíces que conforman la cultura caribeña.

Estudiantes y profesores deben decidir y tomar partido, entre la cultura de masas, que reproduce esquemas de comportamiento y de pensamiento que no cuestionan a los sectores dominantes, o ser reproductores y creadores de una cultura de la resistencia crítica que reivindique los sectores y la cultura populares.

Hace falta provocar un diálogo permanente, hace falta generar espacios para gestar conversaciones sobre lo que aprendemos, lo que enseñamos, desde el oficio del teatro en conexión con nuestra realidad caribeña, tan polifónica y diversa como soterrada y siniestra, muchas veces amenazada desde una visión dominante que responde al desigual orden económico que como sociedad nos determina.

Queda abierta la invitación desde el aula a inspirarnos y reconocernos en los retazos de este mar convulso, en estas sábanas de archipiélagos, forjadas con trozos de memoria. Hay que detener este afán auto negador de ancestros y esencias.

Pendientes de esta faena pedagógica siguen siendo el entrenamiento para una presencia escénica, incorporando estrategias que viabilicen la re significación de rituales y códigos de la cultura popular en resistencia, desde la alegría y el rigor creativo.

Hace falta no solo tomar partido a favor de la cultura popular en resistencia, sino también con el ejercicio consciente y creador de la cultura, rol privilegiado del artista y del intelectual. Producir cultura, sistematizarla, documentarla y generar el diálogo vivo con todos los sectores de la sociedad, en especial con aquellos sectores marginados, los que nunca han visto una obra de teatro, que sorprendentemente, en nuestro país, también incluye a profesionales y gente acomodada.

El teatro tiene la facultad constituirse en síntesis de todas las culturas, en vehículo de la resistencia y a la vez apuesta a la utopía concreta: a un pedazo de media isla, donde todos y todas tengamos los mismos derechos. La cultura caribeña desde una perspectiva de la resistencia de la cultura popular, se genera y manifiesta de manera clandestina dentro de un territorio beligerante, en una zona de riesgo sobre todo político. Desde el teatro queda resistir, pensar, indagar, gozar, crear…

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