Opinión

El capital del cine (1 de 2)

Por Etzel Báez

Además de su impacto artístico y su condición de agente motivador de crítica social, las estructuras organizacionales del cine dominicano, a partir de la Ley de Cine dominicana y la formación de nuevos caminos en avances de su tecnología, ese cine que ha comenzado a nacer sin  estética y/o identidad, está cumpliendo un fuerte rol de entretenimiento y de documentación de la sociedad dominicana actual.

Eso sí, tendrá que sufrir aún innúmeras transformaciones y organizarse de manera que una identidad (que le falta) contribuya a su manutención dentro del sistema capitalista.

No basta con crear empleo o comportarse como una vitrina para el mundo, para hacer visible al país ante el mundo. Muy a pesar de las estructuras que se construyen a base de jerarquías y divisiones del trabajo, muy a pesar de todo eso, en algún momento debe dirigirse hacia su legitimidad artística.

Arte es capital, pero capital no es en modo alguno un arte. Se puede industrializar todo, se puede comercializar todo, sí, pero arte lo es cuando tiene e identifica una acción o conducta cultural, lo que no es el caso dominicano.

Narrativa cinematográfica concatena todas las demás artes, y muy al contrario de todas las demás, es la menos individual y la más artesanal, tratándose como es de una acción colectiva.

Ponderar componentes estéticos y estilísticos que definan al cine dominicano va a depender de un acompañamiento de organización emprendedora como vía para crear parámetros de lo que es arte cinematográfico dominicano en oposición de lo que no lo es.

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