Me comunica en su movimiento comercial, de producción, cambio, distribución y consumo, todo el poder mágico que envuelve su desempeño en la sociedad; ella sin ningún menoscabo hoy simboliza y representa la aspiración sana o insana de conquistar para la vida su esencia de satisfacer y complacer las fundamentales necesidades humanas.

Dije las "fundamentales necesidades" que el hombre precisa como la alimentación, su salud, la vestimenta, el esparcimiento y el cultivo de la educación familiar, comunitaria y profesional. Nadie niega, ni desconoce en la estructuración social, que a eso se le nombra: Mercancía. El Mercado esta lleno de mercancías y servicios, y corren aceleradamente a la velocidad de las luz con sólo pulsar un clic o introducir una contraseña como tarjetahabiente al obtener una mercancía. Ese es el papel de la mercancía, sin entrar en el trasunto de la plusvalía que justifica la naturaleza del propio sistema capitalista, tratado enjundiosamente por Karl Marx en El Capital.

Marx en su primer tomo y apenas iniciando su trabajo describe: "La riqueza de las sociedades en que impera el modo de producción capitalista se presenta como una " inmensa acumulación de mercancías".  Cuestión que aborda en la Crítica de la Economía Política, de 1859 y retomada en El Capital , tomo 1, pag. 11. En estos primeros capítulos se eleva desde la simple célula de una mercancía  a producir en su investigación económica cuando describe genialmente todo el sistema capitalista haciendo una profilaxis del sistema de producción y el concepto de plusvalía, que le da la sustancia a la existencia del sistema para sobrevivir sobre la " expropiación" del trabajo del obrero, que llama a su clase proletario, de su origen lingüístico germánico.

Las obras de Marx se escribieron para desnudar el Sistema Capitalista, tomando su base en los trabajos de David Ricardo y los clásicos de la economía, erigiendo el edificio por medio de fútiles abstracciones para la comprensión y guía de los trabajadores del mundo, a modo de tomar conciencia de la esclavitud a que los sometían, y en esa virtud apoderarse con plena conciencia de su destino transformador, como ente fundamental que impulsa el "motor de la historia": su lucha de clases. Cuestión que con los cambios de la historia social e ideológica de las sociedades modernas , se convirtieron en utopías, mas cuando sus modelos quedaron atrapados en una rígida burocracia y un exacerbado ideologismo que término derrumbándose con el sistema soviético en 1991, a raíz de los acontecimientos de 1989 con la Glassnot. Aunque nadie ha podido negar científicamente los conceptos  y la dialéctica expuestas con tanta profundidad y precisión descritas por Karl Marx en los tres tomos de El Capital, cuya primera edición sale a la luz  en 1867, la segunda edición en 1884 y la tercera en 1894.

Desde luego, la obra produjo una revolución en su tiempo en los principios de la Economía, la política social en favor de los trabajadores, en el aporte ideológico que le proporcionaba y la orientación para su lucha de clases. Sus ideas abrieron  el camino para la debida comprensión del trabajo obrero y el beneficio que ofrecía a la propia sobrevivencia y desarrollo del capitalismo, al que pretendían destruir por otro más igualitario y que fuera capaz de redimir a la clase obrera de su esclavitud del capital, cosa que no se pudo cumplir históricamente, ni encontrar un sistema sustituto socialmente factible, que no fueran transformaciones similares a la socialdemocracia que actualmente practican algunas naciones, generalmente desarrolladas en Escandinavia.

Hemos contemplado finalmente cómo la sociedad moderna ha sido "asaltada" por ese mercado en todos los aspectos y elementos que mueven el sistema capitalista, endiosando la mercancía como único valor de la sociedad que genera riquezas y le ofrece al hombre y a las clases sociales un lugar privilegiado en las funciones y responsabilidades sociales, colocándolo en un sitial de preeminencia que discrimina a los menos poseedores. El valor de los hombres se alcanza por la posesión de patrimonio y mercancías y de ahí se asocia su poder político, como la toma de los diversos estamentos del Estado.

El asalto lo materializa con una ideología, que al parecer " no es ideología", la ideología de la no ideología, como diría mi profesor el mexicano Adolfo Sánchez Vásquez: el Neoliberalismo. Este modo de ver el sistema capitalista echó sus raíces, como víbora que devora las entrañas de todas las Instituciones donde se introduce, tal como lastimosamente contemplan a las Universidades como canteras de producir profesionales únicamente para el Mercado; entonces, las carreras de Mercadeo, Publicidad, Administración, Informática, Comercio Exterior, Negociación Internacional, Bioanálisis, Diseño Gráfico, Ingeniería Electromecánica, Banca Financiera y  otras afines. Quien no se acoja a esas normas y directrices queda fuera de los beneficios que ofrece el sistema y sus respectivas becas. Las Humanidades, la Filosofía, Letras, Biología, Medicina, Ciencias Sociales, no caben en el paquete. Hay que alimentar la filosofía del Neoliberalismo, porque lo que importa es el Mercado, no las ciencias críticas ni "eso que llaman filosofía". Ella desapareció de los currícula de la Educación Media y hubo un intento fallido de la UNESCO para recuperarla, pero se decreto su muerte, bajo el lema: "abajo el pensamiento crítico" y la ilusión de los principios éticos. Es una remozada Edad Media, con su refinada Inquisición, sin tribunales constituidos, con aspectos democráticos, aunque la Universidad que se resista recibe su castigo presupuestario o recorte en el sistema de cooperación.

La misma suerte hubo de pasar con la carrera de Educación en los 80s y 90s, pues la mayoría de las universidades privadas abandonaron sus servicios, toda vez que alegaban no era rentable y fueron eliminadas de su currículum; mientras la Universidad Autónoma sostenía a expensas de su exiguo presupuesto la permanencia de sus aulas abiertas en la formación de este utilísimo profesional de las nuevas generaciones dominicanas. Su filosofía inspiraba a continuar con los principios pedagógicos y éticos que en pretéritos tiempos con ahínco enseñara Eugenio Ma. de Hostos, Pedro Henríquez Ureña, Salomé Ureña,  Zoraida Heredia vda.Suncart, Ivelisse Prats Ramírez, Melba Báez de Erazo y Enerio Rodríguez, entre otros prominentes maestros del parnaso educativo nacional. Luego de aplicar el 4 por ciento al presupuesto nacional a la educación, se abrió el apetito voraz de algunas universidades privadas y resurgió la carrera de educación porque ahora el sistema de cobranzas constituía una rentabilidad sólida; no así la filosofía, que se relega por no favorecer al mercado y su grave sentido crítico-ético, que la convierte en conspiradora del status quo. El Neoliberalismo es un archi-enemigo de la filosofía, porque desentraña sus andanzas ventajosas y anti-moral del egocentrismo y la avaricia que identifica su intrínseca naturaleza financiera.