Es un hecho incontrovertible que el desequilibrio presupuestario con un déficit de aproximadamente 187,000 millones de pesos para finales de este año y la aprobación de una reforma tributaria que provoca ya una escalada de precios para todos los productos, han creado las condiciones objetivas para que despertara un movimiento de protesta cívica que apenas comienza.

Las grandes manifestaciones que se registran en algunas ciudades del país expresan la oposición a la reforma tributaria porque la gente se niega a pagar más impuestos para cubrir un déficit desproporcionado y que el nuevo gobierno silenció hasta el 4 de octubre de 2012 cuando pidió incrementar la presión tributaria.

Algo que indigna a la población es que el déficit se acumuló en un año electoral y para terminar obras que la gente nunca percibió como prioritarias, como el metro, los corredores y los apartamentos de lujo para favorecidos, cuando los hospitales no disponen de fondos suficientes para cumplir sus obligaciones y la educación nunca ha tenido el 3% del Producto Interno Bruto (PIB).

Si el presidente Leonel Fernández hubiese incurrido en un déficit para hacer cumplir el 4% del PIB para la educación preuniversitaria como manda la ley y el país tuviera las aulas, los laboratorios, campos deportivos y espacios culturales que necesita, nadie estuviera aquí protestando en las calles.

Si el déficit fiscal acumulado en 2012 hubiese sido para reconstruir la red de hospitales de Salud Pública que fueron edificados durante la dictadura de Trujillo, dotarlos de camas, equipos, laboratorios, médicos y enfermeras mejor pagados e incentivados, con ambulancias, bancos de sangre, unidades especializadas para maternidad y pediatría para que este país no sea de los que tienen el mayor índice de mortalidad materna e infantil, nadie estuviera protestando.

Si el presidente Fernández hubiese dedicado los fondos que hoy son un déficit para apoyar una revolución en la agropecuaria, partiendo de un importante incentivo a la juventud para la formación de miles de técnicos y profesionales de la agronomía, veterinaria, entomología;  para la reconstrucción de la red de caminos y carreteras en el campo; para líneas de financiamiento blandas para producir más cereales, leguminosas, musáceas, hortícolas, viandas, cría de ganado, aves de corral y peces… la gente comprendiera que gastar más de lo que entra no es correcto, pero al menos con la producción masiva podría pagar más impuestos sin resistencia.

Si el gobierno del PLD se hubiese endeudado y hoy el país no tuviera media población sin agua potable y los apagones fueran cosa del pasado, esos jóvenes que toman las calles –hoy pacíficamente- comprendieran el déficit fiscal.

Pero la gente se indigna cuando ve todo ese dineral esfumado y no hay ningún problema mínimamente solucionado; las personas viven con los mismos ingresos y para colmo desde que entra la mañana, el saludo es un disgusto porque subió el café y el azúcar, mientras el salario está congelado para los que aun no han sido despedidos de sus empleos como están haciendo ya en numerosas empresas para reducir el personal.

La protesta en el escalón actual está sostenida fundamentalmente por jóvenes de clase media, estudiantes o empleados públicos y privados, de procedencia urbana, que tienen una idea clara del deterioro que provocará en sus condiciones de vida pagar más impuestos con salarios congelados, pasajes más caros, alimentos más caros, entre otras limitaciones.

Hasta ahora el tradicional vanguardismo infantil de la izquierda no se ha expresado con sus maximalismos, lo que indica algún grado de madurez postelectoral, que si se mantiene así, puede ser un factor contribuyente a crear un potente polo opositor al gobierno que significará el nacimiento de la oposición que hoy no existe.

II

Cuando los efectos de las nuevas cargas impositivas comiencen a impactar en los barrios marginados, en los empleados y obreros de salario mínimo, en los chiriperos, los desocupados, los agricultores y jornaleros del campo, la protesta puede adquirir formas mucho más masivas, generalizadas y con tendencia a radicalizarse porque la situación material será agobiante y se tornará en un asunto de supervivencia.

Si la protesta urbana que hoy puebla las calles se mantiene hasta el 15 de diciembre –y ha de ser así salvo que ocurra una acción de gobierno muy popular que la debilite- el gobierno puede prepararse porque va a tener un trimestre febrero-marzo-abril preñado de movilizaciones.

Ello debe ser así porque es el tiempo en que el peso de los aumentos de impuestos se revelará efectivamente como lo que es: un golpe mortal a la clase media y a los asalariados, con incremento del desempleo, ralentización de todas las actividades económicas y deterioro progresivo del nivel de vida de millones de dominicanos.

La convergencia de la protesta urbano juvenil con el despertar de los barrios y los campos a inicios del próximo año puede crear una situación que obligue a la sociedad dominicana a abordar los problemas de corrupción-justicia que no han sido tocados, en lo que sin duda será asistida por organismos internacionales y gobiernos que vigilan de cerca cómo esa “cultura de impunidad” ha acabado con las posibilidades de progreso del pueblo dominicano.

Un factor que está contribuyendo a fortalecer las posibilidades de convergencia de un gran movimiento social popular reclamando en las calles, es el comportamiento infeliz del sector que sigue al ex presidente Leonel Fernández, que ha reaccionado con atolondramiento improvisando respuestas que lejos de apaciguar las protestas, las están intensificando.

Lanzar a lúmpenes a atacar a pedradas protestas pacíficas frente a Funglode y desencofrar héroes octogenarios como Delio Gómez Ochoa para llamar “podridos” a los jóvenes que no quieren pagar más impuestos para tapar un hoyo fiscal que no ha resuelto un solo problema del país, es el colmo de la falta de respuesta y una demostración de que si el renaciente movimiento popular lucha con inteligencia, nada lo podrá detener.