El gobierno, a través de su ministro de economía, reconoció hoy que se suspendió el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El gobierno por fin reconoce que no pudo cumplir con los acuerdos con este organismo, que se orientaron a estabilizar la economía, la cual exhibe actualmente desequilibrios importantes tanto en las cuentas internas como externas desde el 2008.
Las organizaciones empresariales respaldaron los acuerdos con el FMI ya que entendían que garantizaban la racionalización de las políticas públicas con las que se esperaba que mejorara la calidad del gasto del gobierno, se limitara el dispendio, que la deuda pública retornara a niveles consistentes con la sostenibilidad de mediano y largo plazos del crecimiento económico.
Los resultados de varios acuerdos con el FMI terminaron empeorando las finanzas públicas, profundizaron el desequilibrio de la cuenta corriente y la promoción del consumo total (privado y del gobierno), limitando el ahorro doméstico, haciéndonos más dependientes del crédito nacional e internacional.
Con esta ruptura el gobierno pierde la poca credibilidad que la gente tuvo en sus políticas económicas. Ahora resulta fácil observar que la construcción de metros, carreteras privadas cuya rentabilidad la financia el erario, elevados, túneles, viviendas para los funcionarios del gobierno, han empobrecido a la población. Además, la mayoría de los dominicanos no tienen acceso a servicios públicos de calidad en el área de salud, educación, agua potable, vivienda, alcantarillado y recogida de basura, entre otros.
Vale la pena recordar que el gobierno nunca cumplió con las promesas de austeridad, que sistemáticamente ha incrementado la deuda pública empeorando la situación de las finanzas públicas, que ha duplicado de la tasa de inflación si se tienen en cuenta los objetivos del FMI, que se ha destruido el sector agropecuario mediante el otorgamiento de licencias para importaciones de bienes primarios. De la misma manera ha aumentado la inseguridad ciudadana, la corrupción gubernamental es generalizada, prolifera el narcotráfico y el poder ejecutivo concentra todos los poderes del Estado, indicando un destino funesto.
Los indicadores de la desesperación de la población son palpables. Los más desfavorecidos de la estabilidad macroeconómica y del crecimiento zarpan con mayor frecuencia de las costas buscando otras oportunidades, dejando una estela de desgracias lamentables.
El crecimiento empobrecedor, Bhagwati (1969) se produce cuando una economía crece tan a prisa y al mismo tiempo se deterioran sus términos de intercambio o pierde mercado externo porque su productividad y competitividad conjuntamente con la brecha de salarios no le permiten mantener o aumentar sus exportaciones.
En efecto, la economía dominicana atraviesa por una etapa durante la cual sus habitantes se han empobrecido; ya que se cumplen los criterios mencionados, los términos de intercambio se deterioran y se ha producido un incremento sostenido del déficit de la balanza comercial que muestra una pérdida de competitividad.
Los términos de intercambio se redujeron en 3.3% entre 2000 y 2010, al pasar de 100 a 96.7; es decir que las exportaciones no son suficientes para cubrir por las importaciones dominicanas. De la misma manera, el déficit de la balanza comercial promedia 13% del PIB en los últimos siete años.
Ante esta situación, la población dominicana tiene pocas y muy difíciles opciones para cambiar el modelo que los empobrece con estabilidad y crecimiento. La concentración de poderes en el poder ejecutivo rompe el diálogo de la sociedad con el gobierno e imposibilita vías democráticas para enfrentar las dificultades sociales que nos abaten.
Frente a la sordera oficial los caminos democráticos se estrechan, abriendo paso al cuestionamiento permanente que inducen a una escalada de exigencias sociales que impondrán la reorientación de las acciones públicas, donde tengan cabida soluciones colectivas de las dificultades nacionales que hoy derrotan a los dominicanos y, sobretodo evitan un ejercicio totalitario del poder.