A partir de las señales de humo hasta la telefonía móvil, las telecomunicaciones han satisfecho la necesidad ontológica del humano comunicarse. En los tiempos modernos, caracterizados por la hiper conectividad, esta necesidad de comunicación tiene aún más relevancia y su imprescindibilidad en el quehacer de las personas resulta incuestionable.

Desde tiempos inmemorables, el objeto de las telecomunicaciones ha sido servir de puente de conexión entre las personas alejadas, específicamente conectar a los desconectados. Sin embargo, con el surgimiento de la “cuarta revolución industrial” (Schwab, 2016), el tradicional rol de los sistemas de comunicación a distancia está por transformarse a un sistema integrado capaz de habilitar la conexión masiva entre las cosas, y no solo de las personas.

La mutación de la causa y finalidad de las telecomunicaciones, en gran medida se debe al surgimiento de la quinta generación de arquitectura de redes móviles que consigo trae la posibilidad de aprovechar con mayor eficiencia el espectro radioeléctrico y la interacción de nuevas tecnologías disruptivas. Esta simbiosis entre el 5G y el Internet de las cosas (En lo adelante, IoT por sus siglas en inglés), será trascendental en la medida que las industrias explorarán nuevos caminos para aumentar la productividad en sus negocios.

El 5G supone un incremento exponencial en el tráfico de datos. Para los usuarios esto no tiene mayores implicaciones, solo un incremento en la velocidad en que los servicios inalámbricos de telecomunicaciones se prestan y reciben. Sin embargo, para las industrias, esta nueva velocidad, significa potencializar la conectividad en sus negocios. A través de la operación de redes móviles privadas o dedicadas, las empresas podrán alcanzar una ultra fiabilidad, mayor seguridad y menor latencia en la comunicación de sus fabricas o centros de comercio.

La explotación de los servicios de telecomunicaciones para el despliegue de redes privadas de 5G que faciliten el IoT, es una puerta que permite su entrada hacia las fábricas inteligentes,  que abre nuevas posibilidades tecnológicas en los de negocios antes imposibles de realizar, tales como la implementación ampliada de robótica para la producción automatizada, la interconexión entre la maquinaria, la optimización en el análisis de información, el empleo de realidad virtual para simular la utilidad de los productos y controlar la calidad en la fabricación de los mismos.

Naturalmente, es necesario repensar la manera en que atribuimos el espectro radioeléctrico que mayoritariamente ha sido comprendido como un recurso natural al servicio de las prestadoras de telecomunicaciones que ofrecen sus servicios al público. La estandarización del 5G y su fusión con el IoT, requiere aprovechar este escaso recurso natural en nuevos modelos de negocios, ya que algunas de estas industrias tendrán interés en adquirir y controlar bandas del espectro privativamente para sus fines mercantiles.

Industrias, como la minera, energética, transporte público y la textil, pudieran ser las operadoras emergentes en el mundo del 5G en nuestro país. Esto no quiere decir que la rentabilidad del servicio B2B prestado por las prestadoras tradicionales, vaya a decaer. Todo lo contrario, las operadoras del sector tendrán un papel estelar en el valor añadido de la economía de sus clientes, pues serán estas quienes servirán de enlace para la digitalización industrial esperada con la puesta a disposición de sus redes y en el mayor de los casos los recursos espectrales que el Estado ya les ha adjudicado.

La nueva red móvil, sin lugar a duda, será un hito trascendental y un catalizador en la competitividad de nuestras industrias. Esto requiere de la autoridad administrativa una participación proactiva, y aunque las bandas doradas del 5G ya se encuentran asignadas, es necesario que la Administración facilite el uso de espectro, hasta ahora no liberado, para que los operadores tradicionales o emergentes puedan aprovecharlo. El futuro no espera, mucho menos se detiene por nadie ni nada, por eso es recomendable encontrar, desde ya, el balance entre las necesidades actuales y las que se avecinan en un sector tan dinámico como el de las telecomunicaciones.