El 20 de mayo del 2012 es la fecha en que el país político dominicano arribará a uno de esos momentos cumbres que en la historia de los pueblos se anotan como trascendentes.

Esto así porque, a pesar del interés de las fuerzas que gobiernan en que la ciudadanía vea las elecciones de ese día simplemente como otra de las contiendas cuatrienales en las que se le hace creer que su voto vale, este acontecimiento sí que marcará un hito en nuestro futuro mediato e inmediato, motivado a que las fuerzas económicas y políticas que compiten por el control del país saben muy bien que se juegan su supervivencia.

Gane quien gane las elecciones ese día, el 21 de mayo nuestro país ya no será el mismo.

Si Hipólito y el PRD  –a pesar de las trampas, zancadillas, quinta columnas, compras de consciencias y represión -actuales y futuras- que el gobierno usa en su contra– logra alzarse con la victoria, veremos a un Presidente mediatizado y maniatado, incapaz de alguna acción de importancia, gracias a la jugada maestra ejecutada por Leonel (y magistralmente expuesta por Melvin Mañón en su columna de esta semana) que le asegura el control casi total del gobierno y la capacidad de arrinconar al Poder Ejecutivo.

Pero  -y este es un gran PERO- está el imponderable de cuál sería la actitud de Hipólito Mejía, si aceptaría ser narigoneado por el PLD o de verdad buscaría reivindicarse históricamente, llevando a los tribunales a todos los criminales del CP PLDista y satisfaciendo el clamor popular que pide acabar con la corrupción y el bandidaje.

O nos unimos AHORA para sacar al PLD del poder mediante el voto popular o más tarde pagaremos un precio más alto y doloroso para librarnos del Mesías de Villa Juana y su pandilla de malhechores

Y la presión sobre Hipólito para que tomase actitudes un tanto radicales sería tremenda, pues las fuerzas que, por la dinámica del bipartidismo y la falta de tiempo para construir otra opción viable, se aglutinarán alrededor de su partido, no se van a conformar con medias tintas.

Todo esto nos llevaría al escenario de un juego político totalmente nuevo, ya que Hipólito se vería obligado a hacer realidad sus bravatas o a confirmar la sospecha de muchos, de que un triunfo del PRD sólo serviría para mediatizar la lucha contra la dictadura en ciernes, posponiendo, por un tiempo, el inevitable encontronazo entre las fuerzas populares y los nuevos césares.

En la lucha por la hegemonía dentro del PLD, Danilo Medina subestimo a Leonel Fernández o fue burlado por éste, dando por resultado su famoso plañido de: "me derrotó el Estado".

Posteriormente comprendió  – o se le hizo $$$ comprender – que debía sacrificar sus aspiraciones personales en aras de un ideal más alto: "Servir al partido para servirse ellos", aceptando, claro, la realidad de que el "líder máximo" es Leonel Fernández.

Subsanada esta peripatética disensión, el campo estuvo libre para poner en marcha los planes de perpetuarse en el poder, por medios "democráticos" o, en su defecto, perpetuarse en el poder.

Y es basado en este objetivo que el PLD concurre a la contienda de este año, utilizando todos los recursos del Estado para asegurarse de "ganar" unas elecciones que son la piedra angular de los planes de consolidación y perpetuación de la dictadura leonelista-trujillista, pues con Hipólito y su grupo ya fuera de juego, la "oposición" al gobierno vendría a ser personificada por Miguel Vargas, quien ha dado muestras más que suficientes de su voluntad y disposición de "acomodar" a Leonel y al PLD.

Si "gana" Danilo, el 21 de Mayo entraríamos, de lleno, a una dictadura desprovista de su ya innecesaria máscara pseudodemocrática, con todas las funestas consecuencias que esta realidad acarrearía.

La historia de los pueblos está jalonada por momentos estelares en los cuales se producen saltos cualitativos que aceleran el avance hacia sociedades más justas. Lamentablemente, en nuestro país, cuando esos momentos han llegado, esos saltos han sido impedidos por la represión brutal o por la desidia de líderes incapaces de crecer hasta la altura de la esperanza, dejándonos enfangados en la permanencia de un injusto statu quo ya a todas luces insostenible.

El principio lógico que determina que entre la verdad y la falsedad no existe una tercera posibilidad, nos enseña que es tiempo de definiciones, de unir la acción a la conciencia y determinar si estamos dispuestos a dejar que sigan imperando los que ven al resto de la población como material gastable, despojada de todo derecho, o empujamos unidos para romper  ¡por fin! los esquemas tiránicos e incorporarnos al creciente número de pueblos que están actuando para reconquistar su inalienable derecho a decidir su propio destino.

Las fuerzas progresistas del país deben entender, siguiendo los ejemplo históricos de Mao, Lenin, Bolívar, Duarte, Washington, Martí y muchos otros libertadores, que hay ciertas coyunturas donde se hace necesario crear movimientos unitarios incluso alrededor de entidades que eventualmente han de ser barridas por la historia y el progreso.

Desde mi visión de persona común y corriente creo que, a despecho de otros imponderables que puedan surgir, como se plantea nuestro dilema es simple:

O nos unimos AHORA para sacar al PLD del poder mediante el voto popular o más tarde pagaremos un precio más alto y doloroso para librarnos del Mesías de Villa Juana y su pandilla de malhechores. Debemos superar el cataclismo político que nos atrasa y la resignación nunca ha sido parte de nuestro carácter como pueblo.

No hay de otra.