Ayer domingo tomó posesión, como Presidente de Egipto, Mohamed Mursi, quien había sido mayoritariamente votado, derrotando al candidato respaldado y promovido por los militares. De esta forma Mursi se ha convertido en el primer  Presidente civil  de ese país.

Hasta  1954, Egipto fue una monarquía, y desde el derrocamiento del Rey Faruk  por los jóvenes militares liderados por GamalAbdelNasser en 1954, hasta el  día de ayer, había sido  gobernado por militares: por Nasser hasta 1970, por Anwar El Sadat desde entonces hasta que fuera victima de un magnicidio en 1981, y por Hosni Mubarak, hasta su derrocamiento en febrero 2011, en medio de una insurrección civil que muchos analistas han calificado de “primavera árabe”, cuando contaba 82 años de edad.

Todos estos gobernantes habían sido militares de alto rango y habían sido designados o al menos contaron con el respaldo directo de la jerarquía de las Fuerzas Armadas. Así que la opción civil asumida en forma mayoritaria por los electores egipcios, viene a ser el primer gobernante civil  que asume la Presidencia, en confrontación con la opción promovida por las Fuerzas Armadas.

Mucho se rumoró sobre la posibilidad de que fuera impedido de asumir, aunque la alta jerarquía militar siempre aseguró que respetaría los resultados electorales y entregaría la Presidencia. Sin embargo, el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, que asumió el gobierno después del derrocamiento de Mubarak,  se ha reservado la potestad de dictar la nueva Constitución Nacional y aprobar los  presupuestos financieros  (el Congreso fue disuelto por los militares en el 2011, antes de las elecciones).

Si bien el régimen de Nasser promovió un movimiento Pan Arabista, laicista y fue fundador, junto con Tito de Yugoslavia y Nehru de la India, del movimiento de países No Alineados, ideas que en varios países del cercano oriente (Siria, Irak. Yemen, entre otros) se expresaron como Partido Baas, Sadatconformó el Partido Nacional Democrático en 1978, y fungió como partido gobernante hasta el derrocamiento de Mubarak, y su disolución por vía judicial en  abril 2011. El PND, fue miembro activo de la Internacional Socialista (social demócrata) desde 1989 hasta 2011.

Mursi, aunque postulado por el Partido Libertad y Justicia, tiene como antecedente importante un fuerte vinculo de prolongada militancia en la Hermandad Musulmana, organización fundada en 1928, de carácter predominantemente islamista ortodoxo, y tradicionalmente confrontado con los militares, desde la época de Nasser, y su vocación predominantemente laica.  La disolución del PND, y la relativa debilidad del PLJ, deja a la Hermandad Musulmana como la organización con mas fuerza, después de las Fuerzas Armadas. Es una organización civil, pero que mayoritariamente adhiere a la tesis de estados islámicos.

El nuevo Presidente podría resultar asediado por las presiones de los sectores mas radicalmente fundamentalistas de la Hermandad Musulmana, para avanzar en la conformación de un Estado islamista. Al mismo tiempo deberá afrontar  las presiones de una Fuerzas Armadas, acostumbradas a ser Gobierno, por 57 años, hasta ahora mayoritariamente opuestas a la conformación de un Estado confesional, cuyo principal líder, Mohamed HusseimTantawi, fue Ministro de Defensa por 20 años durante el depuesto régimen de Mubarak.

De lograr consolidar un fuerte liderazgo personal (cuya carencia muchos señalan justamente como su principal debilidad), Mursi podría tomar un rumbo cercano a la actual experiencia en Turquía, donde desde el 2007 ejerce la Presidencia AbdullahGüll, reconocido discípulo de NecmetinErbakan, fallecido en 2001, a quien se vinculó con la Hermandad Musulmana, cuyo liderazgo religioso y político siempre promovió un Estado islamista.

Gúll ha logrado promover una especie de islamismo laico, respetando la separación entre el Estado y las religiones, así como la diversidad religiosa en Turquía. Así mismo ha tenido éxito en promover la identificación del islamismo con la imagen de prosperidad y modernización, logrando la incorporación de su país a la Unión Europea, y fortaleciendo progresivamente el poder civil frente a los militares. Mursi ha señalado públicamente su interés de lograr una experiencia semejante en Egipto.

Sin embargo, también podría suceder que Mursi termine por hacer importantes concesiones a la cúpula militar, o a los sectores las radicales de la Hermandad Musulmana. En este caso, la agudización de la conflictividad podría incrementarse y es difícil asegurar cual seria la resultante final.

Lo que acontezca en Egipto repercutirá en la situación política en el cercano oriente. Podría ser un factor que contribuya a la estabilización política de la región, favoreciéndose salidas políticas y negociadas a las confrontaciones más agudas, entre ellas el espinoso tema de Palestina y la coexistencia de Israel, y la situación en Siria, pero también podría ser un factor desestabilizante cuya dinámica interna se traduzca en exacerbación de corrientes radicales  fundamentalistas o militaristas, tanto en países árabes, como dentro de Israel.

Lo que acontezca en el cercano oriente nos afectará, de una u otra manera, por sus efectos sobre  la dinámica política internacional y sobre la dinámica de precios de los combustibles derivados del petróleo. Debemos seguir de cerca los acontecimientos en Egipto, hacer votos, y contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, para que prevalezcan la paz y la tolerancia, así como el respetoal derecho del pueblo egipcio a decidir su destino, sin interferencias.