Luego de 20 años de combate, billones invertidos en un conflicto que tomo como punto de partida los ataques del 11 de septiembre del 2001 y que los EE.UU y sus aliados no desean reconocer abiertamente que perdieron. El presidente Biden anhelaba cumplir con la promesa de retornar al país a los cientos de militares que se encuentran en Afganistán.

Pero lo que las administraciones Demócrata y Republicana no esperaban es que los talibanes retomarían el control mucho antes que se hiciera efectiva dicha salida estadounidense. La finalidad de esta guerra era la captura de Saddam Hussein y luego de Bin Laden; pero el conflicto bélico -el más largo de este siglo- demostró que destruir a naciones completas para luego delinear un proceso de paz es una idea absurda.

Bajo la consigna “Libertad duradera” como la principal operación militar, los norteamericanos subestimaron la capacidad de resistencia Al Qaeda-talibana, así como también las consecuencias de este conflicto; que luego de dos décadas ha enviado a casa a miles de militares con serios problemas de estrés post traumáticos (PTSD por sus siglas en ingles), ha destruido a millones de familias, así como el arsenal militar ahora en manos de la milicia talibana convirtiéndolos en el grupo terrorista mejor armado de la actualidad.

China y Rusia están buscando pescar en río revuelto ofreciendo “alternativas” a una nación que le tomara más de 20 años reconstruirse

Además, la actual crisis humanitaria que lleva el mismo tiempo que inicio el conflicto, los cientos de fuerzas especiales que llevan años solicitando visa para salir del país ellos y sus familiares. Y por supuesto, el problema creado por esta nación, con fundamentalistas que se auto definen como los “verdaderos” defensores del Islam, similares al Estado Islámico.

Sin embargo, mientras el congreso norteamericano busca un consenso bipartidista en un área tan fundamental como la infraestructura, la hipocresía entre senadores y diputados es busca redoblar esfuerzos y recursos para justificar la presencia militar en Afganistán; hasta que se obtenga la estabilidad que desafortunadamente no se lograra en mucho tiempo por la crisis humanitaria generada como consecuencia de esta conflicto.

Por desgracia, el equilibrio que EE.UU pretende alcanzar en el país asiático solo ha fortalecido las ansias de sangre de la facción terrorista sembrando el caos y la incertidumbre como por ejemplo el doble atentado suicida de esta semana, donde han muerto decenas y cientos de personas heridas, siendo un revés a la estrategia estadounidense y a la Organización del Tratado del Atlántico del Norte, OTAN.

Pero ni el intento provocado por la administración del expresidente Trump mediante el acuerdo de Doha entre Emirato Islámico Afgano, los Talibanes y este país, por medio del cual se pretendía retirar las tropas militares de la asiática tierra e iniciar un proceso de reconstrucción y de asistencia humanitaria todo esto bajo el ojo observador de la comunidad internacional cayeron al vacío.

Cuando afirmamos que los Estados Unidos es un sistema roto y con fuertes carencias es porque ellos han pretendido diseñar la manera del como las naciones deben construirse; pensando que aún mantienen el control hegemónico sobre el mundo y no reconociendo que no tienen el control ni de los problemas que se generan en su propia tierra.

Luego de la II Guerra Mundial, las naciones no hemos aprendido que las dificultades de los países deben ellos mismos aprender a resolverlos por medio de la articulación de planes hasta solucionarlos. Ahora bien, mientras los norteamericanos salen del Medio Oriente; China y Rusia están buscando pescar en río revuelto ofreciendo “alternativas” a una nación que le tomara más de 20 años reconstruirse, no solo en su infraestructura, también en su moral.

Lo ideal fuera, es ver a un Afganistán que logre reconstruirse sobre la base de cimientos sólidos en términos políticos y económicos produciendo una paz duraderamente solida sobre la base del respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales.