La cultura de la libertad, o el sistema de valores que fundamenta los espacios del disenso inherente a las sociedades abiertas, requiere ser aprendida y cultivada por la ciudadanía para instaurarse y sostenerse. Esto nos lleva al problema de cómo enseñar los valores de una cultura de la libertad.

Una cultura, además de implicar un conjunto de creencias, constituye un sistema de prácticas, por lo que requiere para estabilizarse, además de un sistema de enseñanzas transmitidas explícitamente que pueda articularse en un conjunto articulado de normas, de una tradición de comportamientos y modelos a partir de los cuales puedan gestarse los hábitos, costumbres y comportamientos cotidianos.

Por tanto, a diferencia de lo que ocurre con los saberes teoréticos –la matemática, la lógica, etc.- los sistemas de prácticas no se enseñan explícitamente en un curso, o en un seminario. Esta es la razón por la que podemos aspirar a impartir un curso de matemáticas con el propósito de que el estudiantado aprenda una operación aritmética, pero no podemos impartir un curso sobre como "ser libres" y esperar que, al terminar el mismo, las personas sean realmente más independientes de la cultura autoritaria.

La cultura de la libertad se va forjando paulatinamente en el ejercicio mismo de la construcción de los espacios abiertos, lo que requiere de la habilitación de "los escenarios del disenso", o el conjunto de situaciones y entornos que posibilitan el ejercicio de la crítica, el debate y el empoderamiento ciudadano.

Por consiguiente, si una sociedad dispone de pocos escenarios del disenso, las posibilidades para que la ciudadanía ejerza una cultura de la libertad quedan significativamente restringidas. No importa cuántos marcos formales se diseñen para promover el empoderamiento ciudadano, ni cuánto las autoridades morales de una nación exhorten a la ciudadanía a ejercer la libertad en sus múltiples modalidades, la vida en libertad no se aprende discursivamente, sino, ejercitando paulatina y constantemente el diálogo, la crítica, el debate, las decisiones sopesadas, las direcciones colegiadas y la participación consciente en los procesos de conformación de la democracia.

Por tanto, si bien es necesario  colaborar con el fortalecimiento del sistema educativo dominicano impulsando el desarrollo de las ciencias, no debemos extraviarnos con el supuesto de que los problemas relacionados con la conformación de una sociedad abierta y civilizada se solucionarán si logramos obtener este desarrollo. Se puede ser una sociedad con alto desarrollo científico-tecnológico y ser una sociedad cerrada.

La educación para promover una cultura de la libertad debe partir de un supuesto más general de la educación. Implica entenderla como "formación".

En lo más enraizado de la tradición de Wilhelm von Humboldt, la formación alude a la comprensión de la vida interiorizada en la sensibilidad y el carácter. En este sentido, no se trata de un proceso de transmisión de contenidos cognoscitivos en la escuela, entendido de modo aislado con respecto al resto de los procesos que conforman la sociedad. Por el contrario, se trata de un complejo proceso donde toda la sociedad educa a través de unos patrones de conducta que se van instaurando paulatinamente en el ejercicio mismo de la ciudadanía hasta conformar una tradición.

Al mismo tiempo, la educación para la libertad requiere de la creación de entornos institucionales democráticos y por tanto, deslegitimadores de las prácticas autoritarias. Sin estos entornos, se produce un desfase entre lo dicho y lo hecho, entre lo enseñado y lo practicado, convirtiéndose el ejercicio de la libertad en discurso vacío y en la práctica, en mero capricho, en el ejercicio arbitrario del poder.

En conclusión, la sociedad dominicana requiere de entornos para viabilizar el ejercicio ciudadano de la cultura de la libertad y de una educación cuyo propósito sea propiciar la comprensión de los significados constitutivos de la misma, posibilitando la construcción de espacios abiertos y el desarrollo de los procesos a través de los cuales ella se concretiza.