El arquitecto debe ser un profeta… Un profeta en el verdadero sentido del término… Si no puede ver por lo menos diez años hacia adelante, no lo llamen arquitecto. Frank Lloyd Wright.
El concepto de edificación verde no puede ser más un concepto de futuro, ni tampoco una aspiración remota; como sociedad debemos plantearlo y asumirlo como una realidad actual y urgente. Proyectar, construir y habitar un edificio, no puede hacerse alejado de los objetivos de sostenibilidad y ahorro energético.
Estamos viviendo el tránsito hacia un nuevo paradigma, donde temas como el cambio climático o la escasez de recursos energéticos, nos obligan a modificar nuestros hábitos de vida en todos los aspectos y más allá de una moda pasajera.
Todos en conjunto, debemos hacer los ajustes necesarios para adecuar los niveles de consumo energético a la nueva realidad. El gobierno y el sector privado deben seguir avanzando en la creación y consolidación de un marco normativo que fomente, por un lado, la eficiencia en el uso de los recursos disponibles, (agua, electricidad, etc.); y por otro lado penalice con contundencia la contaminación ambiental. Todo esto respaldado por una campaña educativa para la ciudadanía.
La misión de la sociedad en su conjunto, es conseguir edificios verdes porque su dependencia de la energía sea mínima o porque su consumo sea casi nulo como consecuencia de buenas decisiones de diseño tomadas desde el inicio del proyecto
Por suerte, en este sentido ya existen iniciativas en otros lugares, que nos pueden servir de inspiración. Como buenos ejemplos de compromiso, entre los actores sociales y la sostenibilidad, tenemos las Directivas 2009/28/CE y 2010/31/CE, que obligan a los 27 países miembros de la Unión Europea a asumir el triple objetivo " 20-20-20″ para el año 2020. Este triple objetivo implica:
1) La reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en un 20%; 2) El aumento de la eficiencia energética en un 20%; y 3) Que toda la energía consumida en la Unión, provenga en un 20% de energías renovables.
Estas directivas de carácter vinculante, establecen planes de acción para una serie de tecnologías renovables, entre las que incluye la bioenergía (biocombustibles y biomasa) y las energías solar térmica, fotovoltaica, mini- hidráulica, oceánica y eólica. Cuando se habla del carácter vinculante, se refiere a que estas directivas obligan a que cada estado de la UE haga la adaptación de las mismas a su ordenamiento jurídico nacional.
Con esta iniciativa, se busca reducir el consumo energético del sector de la edificación en la UE, dado que representa en torno al 40% del consumo general de estos países. En este marco, los Estados miembros tienen el deber de desarrollar una metodología de cálculo de la eficiencia energética para los edificios, que incluya las características térmicas, los tipos de aislamientos, la climatización, la iluminación y el confort interno.
Partiendo de esta metodología de cálculo, cada estado debe establecer unos requisitos mínimos, revisables cada cinco años, para alcanzar los objetivos de eficiencia y costes. Al fijar estos requisitos, se hace distinción entre tipologías de edificios (viviendas unifamiliares, viviendas colectivas, edificios terciarios, industriales), y entre edificios nuevos y edificios existentes. En algunos casos se excluyen tipologías específicas como son los de edificios protegidos, los provisionales o efímeros, o los dedicados al culto religioso. En el caso de España estos requisitos se recogen -en parte- en el Documento Básico HE del Código Técnico de la Edificación.
Los edificios nuevos deben cumplir estos requerimientos de sostenibilidad desde el proceso mismo de diseño, que incluyen un estudio de viabilidad para la implementación de energías renovables. Los edificios existentes, cuando son objeto de trabajos de renovación importantes, deben beneficiarse de una mejora de su eficiencia energética de manera que también se puedan cumplir los requisitos mínimos.
En resumen, la consigna – si se puede llamar así- no es solo satisfacer las necesidades de consumo energético de los edificios o sistemas urbanos con equipamiento eficientes o fuentes renovables de energía; ni siquiera es tomar las normativas extranjeras y copiarlas, aunque si se puedan usar como ejemplo.
La misión de la sociedad en su conjunto, es conseguir edificios verdes porque su dependencia de la energía sea mínima o porque su consumo sea casi nulo como consecuencia de buenas decisiones de diseño tomadas desde el inicio del proyecto (arquitectura pasiva); que su vez estén controladas por claras directrices legales y combinadas con una cuota importante de responsabilidad por parte del usuario.
¿Pero es esto posible conociendo el hecho que nuestros edificios hoy en día son devoradores de energía, y que nuestros hábitos y modo de vida son lesivos para el medio ambiente? Sinceramente sí.
La respuesta es tan afirmativa y contundente como la imperiosa necesidad de tener que conseguirlo. Hace falta voluntad política y conciencia ciudadana, no es fácil lo sabemos, pero con la segunda, podemos inducir la primera. Esto solo será el primer paso.