Un edificio sostenible es un sistema constructivo estructurado de forma que sea saludable para sus ocupantes y eficiente en los recursos que utiliza, y que además en consecuencia, minimiza su impacto sobre el medio ambiente. Por tanto, un edificio sostenible se caracteriza por la economía en el consumo de agua, energía y materiales, ofreciendo al mismo tiempo un alto grado de confort y satisfacción para el usuario.

Los edificios sostenibles o verdes, poseen características que no están determinadas al azar; si así fuera no pasarían de ser una aspiración o una declaración de intenciones. Estas características que están claramente definidas por estándares internacionales, van más allá de la colocación de plantas ornamentales o de la implantación de paneles solares en las cubiertas de los nuevos edificios construidos en nuestras ciudades. Ambas cosas pueden ser buenas, pero son solo una parte de la propuesta bioclimática.

Un proyecto eco-eficiente, más que el mero deseo de un cliente, de un dueño o de un proyectista, es una magnitud a la que se le puede asignar distintos valores como resultado de una medición. Debe responder -en sus soluciones constructivas y de diseño- a parámetros que pueden ser cuantificables.

En este proceso, se hace necesario completar una serie de objetivos que lleven al establecimiento de pautas muy concretas a ser cumplidas. Estos estándares permiten medir el grado de eficiencia energética conseguido por el edificio y, si es el caso, alcanzar la certificación correspondiente a ese nivel de sostenibilidad.

Aunque existen en el mundo varios sistemas de certificación como el LEED ( Leadership in Energy & Environmental Design) o el BREAM (Building Research Establishment Environmental Assessment Method),  no siempre someteremos un proyecto a un análisis exhaustivo para que alcance los niveles exigidos por estas certificaciones; de hecho su implementación es aún relativamente reciente en lugares con una tradición bioclimática ya consolidada. Lo que sí sería altamente recomendable es tratar de seguir las directrices establecidas en estos sistemas, como garantía de un buen diseño, que es lo mismo que decir garantía de un buen resultado.

Con el sistema de certificación BREEAM se miden y ponderan los niveles de sostenibilidad de una edificación, tanto en fase de diseño como en fases de construcción y mantenimiento

¿Y cuáles son las pautas o directrices que establecen estos sistemas de certificación? Las que están relacionadas con el objetivo fundamental de proporcionar confort al usuario y a la vez preservar el medio ambiente. No son recetas pre-establecidas, pero sí son las mismas soluciones que la buena arquitectura tradicional trae consigo desde los tiempos de Vitruvio, que se imponen con el sentido común y que ahora se estandarizan en programas normalizados y cuantificables.

En el sistema LEED, las pautas y  metodología de evaluación son las mismas cualquiera que sea el proyecto, aunque adaptándose a la tipología que corresponda y al ámbito de aplicación seleccionado. Según sea el caso, puede ser de aplicación para edificios de nueva planta y grandes remodelaciones, mantenimiento en edificios existentes, remodelaciones de interiores, construcción y estructura, viviendas unifamiliares o desarrollos  urbanísticos.

Se establecen por lo menos siete categorías a ser evaluadas:

1) Emplazamiento sostenible, que tiene que ver con una buena selección del lugar de construcción del proyecto y la orientación del mismo;

2) Ahorro de agua, que se relaciona con el consumo responsable del agua;

3)  Eficiencia energética y energías renovables, que se enfoca a la optimización de los sistemas energéticos que sirven al edificio y la implementación de fuentes alternativas de energía;

4)  Materiales de construcción, que trata sobre la correcta selección de materiales reciclados y/o reciclables y la huella ecológica de los mismos;

5)  Calidad de aire interior,  que toca lo relativo al intercambio de aire adecuado entre el interior y el exterior;

6) Innovación en el proceso de diseño, que evalúa la calidad del diseño y la creatividad en la disposición de los espacios;

y 7) Prioridades regionales, concerniente a los aspectos favorables para una región en materia de desarrollo medioambiental.  Dentro de estos capítulos se incluye una serie de requisitos de cumplimiento obligatorio y otros de cumplimiento voluntario. Al cumplir dichos parámetros se asignan una serie de puntos, en función de los cuales se otorga el grado de la certificación : LEED Certificate, Silver, Gold o Platinum.

Con el LEED, el proceso de certificación más habitual (en edificios de nueva planta) tiene lugar en las fases de proyecto y obra del edificio, obteniéndose la certificación al final de la fase de obra.

Con el sistema de certificación BREEAM se miden y ponderan los niveles de sostenibilidad de una edificación, tanto en fase de diseño como en fases de construcción y mantenimiento. Se toman en cuenta las particularidades propias de cada una de las principales tipologías de uso existentes, ya sean viviendas, edificios de oficinas, edificios industriales, centros de salud, escuelas, entre otros.

BREEAM evalúa diez categorías de impacto:

1) Gestión de recursos, que tiene que ver con las acciones llevadas a cabo en la ejecución de la obra y durante su funcionamiento;

2) Salud y Bienestar, relacionada con el confort de los usuarios;

3) Energía, que mide la eficiencia energética y el uso de renovables;

4) Transporte, con esta categoría – cuando el caso lo amerita- se evalúa el impacto en materia de transporte relacionado con el proyecto;

5) Uso del Agua, tiene que ver con el consumo adecuado de los recursos hídricos;

6) Materiales, esta característica está relacionada con la selección correcta de materiales de construcción y su impacto ecológico;

7) Residuos, evalúa el tratamiento dado a los residuos tanto en el proceso constructivo como en la vida útil del proyecto;

8) Uso ecológico del suelo, se relaciona con la ubicación y  localización del proyecto y su relación con el entorno;

9) Contaminación, se relaciona con el impacto ambiental que puede producir el proyecto durante su construcción y posterior  vida útil;

10) Innovación, toma en consideración los niveles de innovación que presenta el proyecto.

Estos sistemas de evaluación tanto uno como el otro -y sus respectivas categorías-  permiten conseguir la certificación de acuerdo a distintos niveles de sostenibilidad, y sirven a la vez de referencia y guía técnica para una construcción más sostenible. Si esto último puede ser posible, que lo es, estaríamos avanzando en una buena dirección.

Lo cierto es que en países emergentes, hablar de sistemas de certificación energética y sostenibilidad, cuando todavía queda crear conciencia, educar,  conocer más sobre el tema e ir introduciendo una normativa legal al respecto, puede sonar anecdótico.  No podemos pretender dar pasos de gigante cuando aún debemos aprender a caminar, pero la tecnología avanza, y ponerla al servicio de la población es un trabajo urgente de los arquitectos y las autoridades competentes. Asumir usos y costumbres acordes con el ahorro y la conservación de los recursos que tenemos, eso sí es trabajo de todos.