Como ya se indicara en la primera entrega del presente trabajo, el responsable del atentado contra la seguridad de los hijos de Duvalier- con la manfiesta  intención de amedrentar al tirano- lo fue el temible Coronel Clement Barbot, jefe de los “Tonton Macoutes”, quien gozó de sus favores y privilegios, hasta que este descubrió que conspiraba subrepticiamente para derrocarle y que, a tales fines,  estaba en connivencia con Trujillo, quien durante la reunión de Malpasse, ordenò que le fuera entregado, con la debida discreción,  un sobre contentivo de U$ 25, 000.000.00.

Ya en franca desgracia con Duvalier, Barbot decidió buscar refugio en un cañaveral, junto a su hermano, el Doctor Francoise Barbot, quienes durante un tiempo lograron sostenerse, gracias a la ayuda que recibían de colaboradores de íntima confianza.

Esto explica, que sospechando la forma como se sostenía en su escondite quien ahora se habia convertido en su encarnizado enemigo, Duvalier emitiera una orden conforme la cual, aquel que fuera sorprendido prestándole alguna ayuda, sería fusilado en el acto.

En tales circunstancias se produjo la delación contra los hermanos Barbot. Duvalier ordenò prender fuego al cañaveral donde se refugiaban, viéndose precisados los perseguidos a abandonar el escondite, y al ser descubiertos tras intentar la fuga, fueron acribillados a tiros por los agentes duvalieristas que por todos lados le cercaban.

Así, de forma cruenta y atroz, terminó la vida de los hermanos Barbot, pero no las incidencias pesarosas que, alentadas por el régimen duvalierista, elevaron a su máxima intensidad las tensiones diplomáticas entre ambos gobiernos.

En el epicentro de la primera crisis diplomática, como ya se apuntara anteriormente, estaba la sospecha de Duvalier de que, sòlo un campeón de tiros como el Teniente Francois Benoit, podía ser el autor de los certeros disparos que produjeron la muerte de uno de los agentes de su seguridad  y las heridas de  gravedad a los otros dos.

Días antes del atentado, nuestra Embajada en Haitì, al frente de la cual se encontraba entonces el destacado diplomático dominicano embajador Frank Bobadilla Rejincos, había concedido el asilo al teniente Benoit, todo lo cual hizo sospechar a Duvalier que tras la agresión estaba la mano de la complicidad diplomática dominicana, al suponer que a Benoit le fue permitido salir de la sede de la misión, perpetrar los hechos que se le atribuían y retornar a la misma sin ser descubierto.

En sus interesantes memorias “Actor y testigo: episodios de mi vida” (Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2008), el Embajador Frank Bobadilla Rejincos, responsable de nuestra misión en Haiti en aquellos días ominosos, describe con precisos detalles, la fiereza vesánica  con que Duvalier persiguió al Teniente Benoit y su familia, al suponerle autor de los hechos ya enunciados:

Enfurecido en el clímax de su soberbia, dispuso la orden radical irrefragable de ultimar a Benoit y toda su familia. La jauría azuzada acribilló con metralletas la casa solariega de sus padres, regándola luego con gasolina e incendiándola, pereciendo en el acto horrendo la madre, el hijo de año y medio de Benoit y la domèstica criada de la familia.  El padre del teniente había sido Juez de Corte, jubilado, no se encontraba en la casa salvando su vida en el momento, pero pasados unos días fue localizado y victimado también. La esposa del impetrado, maestra en un colegio de monjas, en estado de gravidez con siete meses y medio de gestación, impartiendo docencia salvó la vida y luego pudo ser asilada en la Embajada del Ecuador, donde nació su vástago”. (Pág. 140).

Continúa relatando el Embajador Bobadilla:

Al oir alarmado la noticia en mi oficina me dispuse pasar cerca del escenario de la penosa tragedia, donde sólo se advertían los tocones humeantes que habían sustentado la vivienda. De regreso a la Embajada, vino impaciente y nervioso el Teniente Benoit y deslizándose de rodillas ante mí, me impetró: Embajador, cuál ha sido la suerte de mi familia? Respondiéndole con templanza: Teniente, Usted está enterado de lo sucedido. Igual que ustedes, refiriéndome a los asilados presentes en conjunto, yo también he oído por radio la triste noticia. Se tenía un radio dispuesto para que constantemente los asilados estuvieran enterados de las informaciones nacionales e internacionales del momento.

En todo el ámbito de la Embajada flotaba una tristeza consternada y un silencio profundo de pesar, amargura y de soberbia condenaba la vesania infame del tirano injusto y cruel”. (Págs. 140 y 141).

La saña del sanguinario tirano se orientó a vengar lo que, infundadamente había concebido, como un agravio recibido por parte de nuestra misión diplomática en Haití.

En horas de la tarde del  jueves 25 de abril de 1963, cuando el Embajador Bobadilla retornaba de visitar la Embajada de Brasil, donde había ido a entrevistarse con  su Embajador Milton Riveiro- y donde estaban alojados el General Honorat y el Coronel Delance, tras la fallida conspiración que encabezaran contra Duvalier, encontró que algo irregular estaba ocurriendo en la sede de nuestra misión diplomática, situada en la Avenida Delmas.

Del interior del despacho, vio salir a dos militares haitianos armados de metralleta. En el acto, conforme su descripción: “ordené al chofer parar frente a la entrada pedestre de la Cancillería para cuestionar la presencia de esos militares. La secretaria Katia Mena Pared que estaba sola en el momento, presa de pánico y temblorosa, me gritó: Ay! Embajador, esos guardias lo han registrado todo, yo creía que me iban a matar! Reaccioné temerariamente con destemplanza por la violación al respeto debido a la soberanía conculcada de la representación de la República Dominicana. Ensoberbecido como estaba les grité empujándolos hacia la calle: fuera de aquí! Esta es la República Dominicana que se respeta! La señorita Mena Pared, transida de temor,  me prevenía: No Embajador, lo van a matar! No obstante los amagos de resistencia de los intrusos y su interlocución en creole, los llevé a empujones hasta la calle, señalándole con un índice de carácter, ya estando fuera: este es su territorio haitiano!“. ( Op. Cit, pàg. 142).

No se trataba de una reacción intemperante ni de sobreactuación  de nuestro representante diplomático, por lo demás, dotado de unas calidades personales y profesionales poco comunes!. Se había consumado una grosera violación a los preceptos consagrados en el derecho internacional y diplomático en lo que respecta a la inviolabilidad de domicilio de la sede diplomática, considerada para todos los efectos, como extensión inviolable del territorio del Estado Acreditante en el Estado Receptor.

No era, ni muchos menos la primera vez, empero, que en territorio haitiano se mancillaba la dignidad de una representación diplomática o consular. Según lo refiere Jean Price Mars en el tomo segundo de  su clásica obra “La República de Haití y la Republica Dominicana”, (Tomo II, pág. 234), en el año 1865 Sylvain Salnave se apoderò de Cabo Haitiano en su intento por derrocar al Presidente Geffrard.

Tal intento provocò una enconada disputa entre los insurrectos y la representación diplomática inglesa. En represalia, penetraron en el consulado inglès, tomaron por la fuerza a siete asilados seguidores de Geffrard. Unos fueron fusilados y otros llevados a la cárcel.

Otro episodio de triste recordación da cuenta de que, ante el acoso y la persecución de sus enemigos políticos, en 1915 el Presidente haitiano de entonces Vilbrum Guillaume Sam, sintiendo su vida amenazada, buscò protección en la legación de Francia en Puerto Príncipe.

Hasta allí penetraron las hordas sin respeto alguno a la inviolabilidad del domicilio. De nada sirvieron los pedimentos de contención del representante diplomático francés. El Presidente fue lanzado a las turbas y en cuestión de minutos, como refiriera un destacado historiador al referirse al caso”…quedó transmutado en un sangriento picadillo”.

El parte de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, dado dos días después, el sábado 27 de abril, refería que: “el hecho se produjo la noche del jueves en momento en que no había ningún funcionario en la cancillería de la Embajada”, resaltando, además, que “graves acontecimientos se estaban desarrollando en Puerto Príncipe en relación con el asilo político que la embajada dominicana ha concedido a perseguidos de la tiranía de Duvalier”.

Se indicaba, al propio tiempo, que nuestra Cancillería estaba redactando una enérgica nota de protesta en que “además de responsabilizar al gobierno haitiano por la vida de los asilados, se le exigían seguridades `para el personal de la embajada”.

La referida nota, con fecha del 27 de abril de 1963, rubricada por nuestro entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Don Andrés Freites, fue dirigida a su homólogo haitiano René Chalmers en los siguientes términos:

Excelentísimo Señor

Renè Chalmers

Ministro de Relaciones Exteriores

De la Republica de Haití

Puerto Príncipe.

 Mi gobierno tiene conocimiento de que la Cancillería de la Embajada Dominicana en esa capital fue allanada anteayer por miembros de la fuerza pública haitiana y que miembros de esa fuerza permanecen allí y se han introducido también en la residencia de la Embajada interfiriendo groseramente el libre movimiento de esta última.

Violaciones tan insólitas de normas de Derecho Internacional universalmente consagradas y reconocidas de manera especial por el Sistema Interamericano, han dado lugar al más enérgico repudio de mi Gobierno.

Sin embargo, lamentable es reconocer que estas burdas e incalificables agresiones no son en manera alguna hechos aislados y esporádicos,  sino por el contrario,  que constituyen la culminación de una serie de provocaciones irresponsables con las cuales el Gobierno de Vuestra Excelencia pretende ultrajar la dignidad de la nación dominicana y afrentar su soberanía.

Esa conducta incalificable evidentemente se dirige a provocar el distanciamiento entre el pueblo haitiano y el pueblo y el gobierno dominicanos, pretensión a todas luces inoperante, pues indudablemente, en lo que al Gobierno y al pueblo dominicanos concierne, hay plena conciencia de las diferencias existentes entre el pueblo haitiano, lleno de virtudes y respetos para los demás, y un gobierno que está ignorando los más elementales requisitos de la convivencia internacional.

Tiene razones mi gobierno para no abrigar la menor duda de que realmente el propósito del gobierno haitiano, como lo revela su proceder, se encamina a provocar una crisis entre los dos países con miras a desviar la atención del pueblo haitiano de la aflictiva situación interna de que es solamente culpable su propio gobierno.

Puedo asegurar a Vuestra Excelencia que si mi gobierno se siente descargado, como es obvio, de toda responsabilidad en la crisis interna que actualmente aflije a vuestro país, no puede, sin embargo, tolerar ni siquiera durante un día más que el Gobierno de Haití siga aprovechando esas lamentables circunstancias para inferir a la dignidad y soberanía del pueblo dominicano los vejámenes a que han dado origen la conducta del Gobierno haitiano.

En consecuencia, mi Gobierno exige del de Vuestra Excelencia el retiro inmediato de las fuerzas policiales que están violando la sede de la misión diplomática dominicana en Puerto Príncipe y además hace responsable de la seguridad personal de los miembros de dicha Misión Diplomática así como también de la seguridad personal de quienes se han acogido al Asilo en dicha misión.

Debo advertir a Vuestra Excelencia que si no se pone fin de inmediato a la ultrajante conducta que ha venido observando el Gobierno haitiano, y si no se ofrecen las reparaciones y seguridades que demandan las ofensas y los riesgos a que ha estado sujeta la representación de la Republica Dominicana en Haití, mi Gobierno adoptará con toda decisión, y a cualquier precio, las medidas necesarias para hacer respetar la dignidad y la soberanía de la nación dominicana.

En atención a la gravedad de los hechos y circunstancias denunciados en la presente comunicación, mi Gobierno espera que en un plazo irrevocable de veinticuatro horas después de despachado este mensaje, el Gobierno de Vuestra Excelencia procederá a dar pruebas inequívocas de una rectificación de su conducta hacia la Republica Dominicana.

Válgome de la oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia las seguridades de mi más alta consideración.

Atte.,

Andrés A. Freites

Secretario de Estado de Relaciones Exteriores

Continuará.