Una de las figuras públicas renombradas de la radiodifusión, que batió records de audiencia en la República Dominicana en las décadas de los cuarenta y cincuenta, lo fue don Paco Escribano, el Archipámpano de la Carcajada, Rey del Disparate y Rey de la Alegria, locutor, humorista, actor teatral y peculiar homosexual que se travestía de bailarina cupletera y que gustaba de pregonar su condición, a  quien recuerdo a veces difusamente y en otras nítidamente no sólo porque lo veía a principios de los sesenta por la televisora Rahintel en su programa La Bola de Cristal, sino porque escuchaba su producción La Hora de la Alegría por la HIZ desde la una y 30 de la tarde , como todo el mundo en el mundo urbano capitalino cerrado de la Era de Trujillo.

También lo recuerdo de tú a tú cuando junto a mi madre Morena Estrella Fernández de Collado y mi tía Reina Estrella Fernández de Hernández, madre de 22 hijos, iba o a su casa en la calle María Martínez, hoy Josefa Brea, o a su estación radial en Villa Duarte, cerca del Puente Duarte, la Radio Escribano: La Voz de la Alegría, “la más chiquita de la capital”, como gustaba repetir.

Su nombre real era Rafael Emilio Tavárez Labrador y al momento de morir en julio de 1960 tenía dos hijos adoptivos, uno de 10 anos apodado Totón, y el otro de 12, de nombre Carlos Enríque Tavárez. ¿Estarán vivos? ¿Alguien tiene las grabaciones de todos sus programas? Mi correo electrónico es lipecollado26@gmail. com

Lo recuerdo de edad madura, blanco, de pelo negro graso marcado por hondas rebeldes, casi gordo, alto, sonriente, bonachón, dicharachero, desenvuelto, parloteando en extrema confianza con mi comunicativa tía, más que con mi mamá, y a las que gustaba obsequiarle de los productos comestibles y de otras índoles que les hacían llegar para que a su vez los donara a viejitos y a depauperados que se habían refugiado en la franja de tierra próxima a la orilla oeste del Río Ozama.

Despojado de malicia mariconeril, era un admirador sincero de mi abundante pelo lacio rubio, de hebras muy finas, por lo que a veces me pasaba la mano por la cabeza, principalmente al nosotros llegar y/o al retirarnos, y decía, al tiempo de mirar a mi madre:

-¡Qué buena cabeza tiene este muchacho! Dios se la bendijo.

A Paco Escribano lo recuerdo también en su Fonda El Caballito, después de mediados de los cincuenta, en una de las esquinas de la famosa Cinco Esquinas de San Carlos, adonde acudía junto con mi papá a consumir o mondongo o sopa de pata de Vaca o cualquier otro plato de los elaborados por él y demandados popularmente.

Es un personaje que me seduce en extremo. Su impronta, sus repentismos geniales, su sobrada inteligencia, su exagerada capacidad humorística, su lenguaje callejero, a veces con dejos intelectuales, sus atrevidos chistes de doble sentido y riesgo político, todo lo que pudo condensar y transmitirnos a todos a los que sus intervenciones radiales nos arrobaba, han quedado en mi como una deuda porque ha sido nuestro recordado más olvidado. Sólo nos sirve en los recuerdos, en la nostalgia de un mundo gríseo huido, atrapado en una que otra grabación de sus programas accesibles en internet.

Mucho se ha comentado y poco se ha escrito sobre Paco Escribano, a pesar de que sus programas, principalmente La Hora de la Alegría, a la una y 30 por HIZ, a finales de la década de los cincuenta, constituyeron hitos históricos dignos de ser rescatados y estudiados por su contenido de valor sociológico y político.

Y en eso estoy. De un tiempo a esta parte he acumulado bastante material sobre sus producciones, su accionar artístico y su persona, pero falta mucho, de donde agradecería a todos aquellos que pudieran informarme acerca de sus grabaciones, actuaciones, conexiones artísticas y personales.

Su nombre real era Rafael Emilio Tavárez Labrador y al momento de morir en julio de 1960 tenía dos hijos adoptivos, uno de 10 anos apodado Totón, y el otro de 12, de nombre Carlos Enríque Tavárez. ¿Estarán vivos? ¿Alguien tiene las grabaciones de todos sus programas? Mi correo electrónico es lipecollado26@gmail. com