Coincidieron por unas horas en un aeropuerto alemán, en los tiempos que Juan Bosch redactaba los estatutos de su Partido de Liberación y Murray Rothbard revisaba los del  Partido Libertario. En lucha por sus conceptos de libertad, organizando estructuras para retar grandes partidos tradicionales y blancos de la discriminación de élites políticas e intelectuales, la empatía fue casi automática. El Profesor fue quien rompió el hielo al mencionar, luego de un breve intercambio de saludos, la similitud de su tesis sobre el Pentagonismo con las denuncias al militarismo de un congresista de Estados Unidos.  Le citó, por ejemplo, cómo casi de manera simultánea ambos criticaban el aumento exponencial de los gastos militares y el respaldo que recibía el gobierno por participar o provocar conflictos armados en todo el mundo, especialmente, del apoyo de científicos, intelectuales y medios de comunicación.

Don Juan sonrió satisfecho cuando Murray le explicó que él también, a finales de los años sesenta, escribió en términos similares sobre el complejo industrial-militar, a la vez que exponía a su país como el principal agresor y motor de la Guerra Fría. Bosch dijo que Stalin la condujo de manera magistral. “Al punto de ser patético”, sorprende y añade Rothbard,” el principal  interés del dictador soviético era la consolidación interna y proteger sus fronteras de naciones adversas, que se demuestra en la diferencia como actuó frente a Finlandia y Polonia. Por temor a Estados Unidos, además, Stalin dio la espalda y hasta llegó a sabotear movimientos comunistas en otros países, al mismo tiempo que los americanos suprimían, por todo el mundo, gobiernos o revoluciones que sospechaba de izquierda.” El Profesor aprovecha y apunta “Que en mi caso, señor Murray, fue una triple agresión: el golpe de Estado, la invasión de marines contra la revolución constitucionalista y el abuso de los militares, dominicanos y extranjeros, para impedir un proceso electoral limpio y libre.”

Rothbard manifiesta su solidaridad y expresa que comparte su visión de que la oposición al militarismo fue una idea de los padres fundadores, socavada poco a poco por las guerras, pero difiere con Don Juan en la apreciación sobre su trayectoria histórica y actual relevancia. Mark Twain ofrece la oportunidad de intercambiar pinceladas literarias y a Murray presentar su importancia para la Liga Antiimperialista Americana. Twain presidió por unos años ese movimiento de intelectuales y empresarios, seguidores de la filosofía liberal clásica, que se opuso a la guerra contra España de 1898. También recuerda que en 1941 la extensión de la conscripción pasó por apenas un voto en el congreso, evento que hizo posible la participación de los Estados Unidos en la guerra mundial. Rothbard le contó al Profesor de su afiliación activa en diferentes organizaciones contra el draft y las intervenciones armadas, porque los principios liberales exigen como requisito de los principios de  paz y tolerancia.

De ahí un breve salto al espinoso tema de propiedad de la tierra. Don Juan: “La lucha contra el latifundio la llevé a la Constitución del 1963”. Mr. Murray: “Y nuestros pensadores liberales no investigaron que en América Latina esas tierras pasaron a ser privadas por expropiaciones, robos y privilegios monopólicos, actos de agresión que invalidan la propiedad.  Así perdieron la oportunidad de apoyar movimientos con fundamentos legítimos para recuperarlas, por ejemplo, la de los campesinos zapatistas. “Achtung”, interrumpe Lufthansa con información de vuelo. Concentrados en descifrarla nos sorprende a todos Sofía con un “¡Papi tómate la pastilla de la presión!”, la infantil y tan útil estridencia de mi alarma matutina. (Publicado originalmente en Hoy.)