Sudorosas y erguidas, o acostadas y húmedas, confrontan el destino común de la sobrevivencia económica. Justas y "pecadoras" llevan en el pasaporte una visa para la humillación. No importa el motivo ni sus realidades, en Haití ser dominicana es sinónimo de Magdalena caribeña. De esta indiscutible verdad social se hacen eco publicaciones de principios de siglo como la revista Fémina, que en 1930, reproducía la carta de una lectora residente en Puerto Príncipe. Dicha misiva exponía el desconcierto de aquella señora de buena familia que debía confrontar constantemente el calificativo de prostituta.

Los historiadores haitianos apuntan a la ocupación estadounidense (1915-1934) como origen de la migración sexual dominicana, que inicialmente suplió las "necesidades" de los marines. Hoy ya son una verdadera institución avalada por el placer popular. Por aquellas circularidades del género epistolar, una carta también fue el destello que abrió las compuertas de las trabajadoras sexuales con domicilio en la tierra de Louverture dentro las complejas redes de las relaciones bilaterales.

Dos mujeres enfermas de SIDA se enteraron de que se reunía la Comisión Mixta Bilateral y pusieron por escrito su solicitud de protección. Gracias a esta iniciativa desesperada y a las gestiones realizadas durante dos años por la Dirección General de Promoción de la Mujer, se estableció prontamente una Casa de la Mujer Dominicana en Haití. Esta decisión tomó su tiempo. Pacientemente, afirma la subdirectora de la DGPM, Irma Nicasio, el Comité Técnico Asesor de la Subcomisión de Migración le abrió un espacio dentro la apretada y extenuante agenda a los problemas de las prostitutas. Estudios de casos realizados por el Comité Interinstitucional de Protección a la Mujer de la DGPM, con 159 mujeres en tres lugares de Puerto Príncipe: Carrefour, Delmas y Petión-Ville, revelan que las actividades principales de las mujeres dominicanas se circunscriben a bares, restaurantes, hoteles, salones de belleza y  costura a la medida.

Según los datos estimados, se determinó que existen unas 3,000 mujeres y unos 1,000 dominicanos en edades que oscilan entre los 15 y 35 años, residentes en Haití. El 80 por ciento  de las mujeres se dedican al trabajo sexual y el 20 por ciento restante a las labores de salones de belleza. En ambas actividades no existe la protección en salud y derechos legales ya que la mayoría entró a Haití con visa de turista. Por su parte, los hombres realizan labores a nivel privado en las áreas de mecánica, albañilería, electricidad y artesanía.

En el documento de introducción a las propuestas para los acuerdos migratorios, la DGPM establece: "Deseamos abrir una  relación de proyectos con la participación de las mujeres dentro del marco de la cooperación técnica domínico-haitiana cultural y comercial. Es importante tomar en consideración que el peso migratorio dominicano en Haití es mayormente de mujeres, por lo que dentro de los convenios y/o acuerdos bilaterales es importante resarcir las condiciones económicas, legales y laborales de las dominicanas/os en Haití para respetar sus derechos humanos y su dignidad".

Raúl Recio. Sin Título, de la serie "Yo estoy aquí pero no soy yo" (1986-2000)

PROPUESTAS APROBADAS POR LA SUBCOMISIÓN

Creación de un centro de orientación para la mujer para regularizar su estatus migratorio.

Realización de un censo de las dominicanas/os que residen en el territorio haitiano para mejor conocimiento de su situación legal y laboral.

Capacitación y producción artesanal para las mujeres para la venta al turismo de ambos países.

(Decisiones de consenso tomadas por los siguientes componentes: Secretaría de Relaciones Exteriores, Organización Internacional de Turismo, Lomé IV, Secretaría de Turismo, COIN, ASONAHORES, religiosas Oblatas y Adoratrices y el Comité Interinstitucional de Protección a la Mujer Migrante de la Dirección General de Promoción de la Mujer).

INDICADORES DE LA SITUACIÓN DE LA TRABAJADORA SEXUAL DOMINICANA EN HATÍ

■ Falta de orientación para la prevención de SIDA.

■ Carencia de visado vigente por miedo a la deportación.

■ Deudas Impagables contraídas con los dueños de los prostíbulos.

■ Deterioro del poder adquisitivo por la salida de las fuerzas de ocupación y la dolarización de la economía.