En estos días de Donald Trump, de inicio de una guerra comercial entre EE.UU, Europa y Canadá, de G7 de Kim Jong-Un, asistimos como espectadores al divertido y conmovedor espectáculo político internacional, dado lo aburrido del local, estatizado por la presentación, de los precandidatos presidenciales del PLD a las elecciones del 2020. Amenazando con quedarse donde se encuentran desde 1996, lo que da un matiz reeleccionista y pone al resto de los actores – “oposición” y candidatos PLD- en una especie de falso activismo político.
Desde que surgió el inesperado tratamiento, de cuestionar la gestión política a partir de la corrupción y transparencia, el espectáculo político se torna más novedoso, en otras geografías ,al mostrar que en la puesta en escena de ciertos políticos, los roles se diluyen en la cima de la actuación, es el caso reciente de Mariano Rajoy, en España, que una investigación, comenzada en 2007 sobre un escándalo de corrupción en su partido (Partido Popular) ,termino en una moción de la oposición que lo saco en horas del poder, para colocar a Pedro Sánchez (Partido Socialista) que, salió de su rol de opositor al de jefe de gobierno.
De esta nueva prestación del espectáculo político, cabe retener la rapidez con que algunos individuos han perdido el poder político en varias partes del mundo, gracias a escándalos de corrupción que han logrado llevarse varios actores políticos en Brasil, Argentina, Chile. Ecuador, Perú, Panamá, sacándoles del rol de funcionarios y ex presidentes al de presidiarios, reforzándose el reiterativo discurso de que “hay una nueva escuela de gobierno, la política es distinta, las cosas son más claras, a causa de la rapidez de la información”. Lo que no siempre es así, pues para que estas actuaciones se produzcan se necesita de una justicia independiente, y capaz, con una ciudadanía vigilante. Lo que en sociedades como la nuestra, no logra concretizarse no obstante el superávit de corruptos.
El escenario político local minado por la corrupción, no tiene nada novedoso que ofertarnos,-a no ser la felicidad de los excluidos del caso Odebrecht- entre las figuras que aspiren a ser presidente, el monopolio de la oferta parece tenerlo el partido de gobierno, que Leonel Fernández dice es “una fábrica de presidentes” lo que parece ser cierto dado el número de aspirantes que no cesa de aumentar. Carentes de idoneidad y carisma, sin discursos, ni propuestas, lo que también se da en la oposición rezagada, desfasada, que ha olvidado, cual es el rol de la oposición en la construcción del espectáculo político.
Algo que los italianos parecen haber descubierto manteniendo al Estado al filo de la navaja desde la caída de Mussolini, en un especie de disfuncionalidad –funcional ,que le da cierta originalidad al gobierno y a los nuevos gobernantes tras un voto anti sistema ,el Movimiento 5 Estrellas(populismo puro) aliado con la ultra derecha, ocupan una bicéfala vicepresidencia, lanzados al ruedo político con el entusiasmo que caracteriza ciertos actores, manteniendo la ciudadanía en una algarabía del “susto político”. Del cual los norteamericanos tienen algo que decir ,desde que llego Trump con ese estilo tan personal, del reality shows aplicado a la gestión gubernamental, deleitándoles con sus improvisaciones, adelantándose a cualquier evento que intente sancionarle , ya que dice “tener el derecho de auto indultarse” en caso de que se le juzgue para sacarle del rol de presidente.
Algunos gobiernos en Latinoamérica tienen otras causales que los tienen al borde de cambiar de rol, como la democracia de Nicaragua ahora dictadura del Daniel Ortega, descubierta tardíamente, tras una medida inoportuna, que lanzo al pueblo a las calles pidiendo,- que se vayan-, usando la represión como respuesta ,cientos de muertos desde que comenzaron las manifestaciones.
El caso de Venezuela, donde lo peor está por verse, con Nicolás Maduro en los finales de su rol de sustituto de Chávez. Su ultima puesta escena dirigida a liberal presos, que han sobrevivido a las torturas, sin que aun salga alguno de los 1.300 presos políticos emblemáticos del régimen, no obstante sus golpes mediáticos estratégicos, no alcanzan a encubrir, que se agoto el personaje de dictador y, se desliza hacia el rol de tirano a ser juzgado por el Tribunal Internacional de la Haya.
El escenario es realmente interesante y sabiamente aleccionador ,porque permite observar como la impermanencia de las cosas, se manifiesta inesperadamente en la vida de los actores políticos, demasiados identificados con sus papeles de gobernantes, al punto de pretender no poder desempeñar ningún otro rol en la vida que no sea el de presidente, apegándose de por vida, al desempeño del papel de dirigir un país, como si la política y la vida fueran estáticas, olvidando que el rol de político es solo uno de los tantos que la gente puede desempeñar en el transcurso de la vida, donde todos los roles son posibles y pasajeros.