Aquí y ahora

Dimitir o no dimitir, es el asunto..

Por Amanda Castillo

Mientras en nuestro país ningún político ha dimitido, tras ser denunciado o involucrado en actos poco éticos, a nivel internacional observamos, como   exitosos  políticos  se ven en la necesidad de dejar las posiciones cuando se presume que están involucrados en actos y actividades reñidas con la ética.

Esto va desde el famoso affaire Profumo en la Inglaterra de los años 60 a los recientes   casos  de  políticos   alemanes, de la tolda de la  canciller  Angela Merkel, como Christian Wulff, presidente federal de Alemania, que dimite en el 2012 por verse involucrado en  escándalo de corrupción  y casi dos años después   es juzgado, presumiblemente, por recibir soborno por un importe de 720 euros.

Siendo frecuente en Alemania, que los políticos involucrados en actos pocos éticos, como plagiar tesis, algo también presente en nuestra realidad, hayan tenido que renunciar como han sido los casos del Ministro Norbert Lammert, Presidente de la Cámara Baja Alemana y Annette Schavan ex Ministra de Educación y Ciencia, ambos   despojados de sus títulos  doctorales.

La dimisión es el primer acto, que hace el agraviado, para intentar desagraviar la sociedad de la falta cometida, manifestándose un cierto “pudor” tras ser puesto  en  evidencia el hecho de  haber  faltado.  La demisión es aceptar, que no se merece la confianza, ni  el status, que  le asigno  la sociedad al que comete la falta.

Aquí nadie dimite ,los  que faltan  a las reglas éticas y morales   del desempeño del rol de político, más bien se sienten agredido por las denuncias, insultados por aquellos, que han osado ponerlos al descubierto. Siendo significativamente  frecuente, ver  que tras las denuncias, los   inculpados se dediquen a ser caso omiso de las acusaciones en su contra, y pasan a atacar ante la ley, por difamación e injuria,  a  los denunciantes, sobre todo en casos de corrupción, donde los procesos suelen ser largos como lo muestran la lucha que llevan  a cabo los brasileños, con el caso Mensalao ,el cual, tras 8 años y 42 mil páginas de sumario, apenas esta semana, el 15 de noviembre fueron condenados  y  presos 11 de los 25 inculpados por corrupción,  entre ellos el Ministro de Estado  José Dirceo, el ex presidente de Partido de los Trabajadores ,el diputado federal José Genuino y Katia Rabelo ex presidente y propietaria del Banco Rural

Contra demandar, puede resultar un mecanismo de presión, a los denunciantes, o una forma de limpiar el nombre. Es algo que está por verse, siendo  el caso más destacado el del senador   Félix Bautista contra el escritor  André L. Mateo,el abogado José Alejandro  Ayuso y el economista  Jaime Aristy Escuder, autor  del libro El Lado oscuro de la Sun Land.  Mientras  otros han hecho ya demandas contra periodistas como  Nuria Piera, Marino Zapete o  Juan Taveras Hernández, (Juan TH), éste último también demandado por  Félix Bautista.

No dimitir parece tener una estrecha relación con el descaro, basta con ver el alcalde de Toronto, Canadá,  Rob Ford, el cual tras  admitir haber cometido una serie de actos, censurables que hablan  de su errática  conducta, documentada , se  niega  a abandonar el cargo para continuar en su posición . Pues parece que cuanto mayor es la falta, mayor es el descaro que presentan los políticos.

Algo palpable en nuestro país, donde se pueden colocar ejemplos de escándalos pasados y recientes, donde  personalidades políticas,   aparecen relacionadas con cuestionadas figuras del crimen organizado  y /o involucrados en casos de corrupción, violencia y nepotismo.  Sin que se registren renuncias.

La ausencia de demisión es la constante, quedando demostrado que  en Republica Dominicana, donde la sanción social es inexistente y la corrupción, es considerada como un mal endémico, que pone en peligro la democracia. No se pierde la posición, ni el status por verse relacionado  en   escándalos diversos. Como es frecuente en otras sociedades.  Muy por el contrario pareciera que la afrenta es “lavada”, mientras  aumenta el prestigio de las personas que logran librarse de los hilos de la justicia, exhibiendo con descaro el fruto de sus hazañas y las riquezas mal habidas.

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